Voy a ser sincero. Hoy me enfrento a la hoja en blanco que se convertirá en el editorial de este mes sin muchas ganas de hablar de música. Los incendios que están asolando España y el Sur de Francia han destruido, entre otras muchas zonas, un paraje del que estoy enamorado desde niño. He una suerte milagrosa y mi propiedad en ese municipio ha salido indemne, pero ver otras muchas que han sido devordas por las llamas y comprobar con horror que todo el campo en el que me crié se ha convertido en un cenicero me tiene jodido, no lo voy a negar.
Aún así, siento la obligación autoimpuesta de mantener esta ventana con los lectores de la web con la honestidad que siempre he pretendido tener. Al fin y al cabo, la música siempre ha servido para canalizar las emociones, sean buenas o malas. Amplifica los buenos momentos y es consuelo en los malos, así que me voy a refugiar en las sensaciones que esta pasión que me acompaña desde la adolescencia me ha producido en el mes de julio que acaba de terminar. Este mes se ha llevado a Bonnie Tyler, quien nos ha dejado algunas canciones eternas. También he descubierto a una excepcional guitarrista y cantante de blues norteamericana (Jackie Venson), en un concierto inolvidable al que llegué casi por casualidad. Y, sobre todo, este mes lo recordaré por un reencuentro con mi yo de hace 40 años, gracias al documental “Ahora o nunca: la verdadera historia de Niágara”.
En uno de mis programas de radio de este mes de julio invité a Sergio Guillén (co-director del documental), Juanmi Rodríguez (compositor de la banda sonora del documental) y Enrique Castañeda (quien fue teclista de Niágara) para una agradable charla en la que hablar del documental. Y además de ello, durante un buen rato estuvimos compartiendo sensaciones sobre lo que ha cambiado el Rock y su relación con músicos y seguidores en estos 40 años. Durante un buen rato me sentí en familia, compartiendo vivencias, experiencias y opiniones que eran tan comunes que alguien externo hubiera pensado que venían de un grupo de personas que habían crecido juntas, cuando no era así. De hecho, incluso a Juanmi Rodríguez le conocí personalmente ese mismo día. De vuelta a casa sentí esa sensación familiar de haber viajado en el mismo barco durante toda mi vida con un montón de personas que han sentido lo mismo que yo. Algunos en camarotes tan lejanos que no habíamos cruzado palabra en todo este tiempo, pero con los que tarde o temprano te encuentras y congenias a la primera.
Quizás por haber cruzado la barrera de los 60, últimamente miro mucho atrás. Y siento que buena parte de aquel adolescente que descubrió el Rock y se enganchó a él, sigue en mi interior. Mi buen amigo Pedro Giner siempre dice que dentro de cada rockero hay una parte que nunca pasará de los 17 años. Qué razón tiene. Y siento también que el mundo del Rock me ha dado mucho y ha ayudado a formarme como persona. En él he encontrado a gente maravillosa y también algún que otro indeseable, como ocurre en todos los ámbitos de la vida. Pero el sentimiento de pertenencia a algo común, aquella “tribu urbana” como lo llamaban hace décadas, hace sentirme no sé si orgulloso, pero sí afortunado de haber encontrado este camino.
Afronto este mes de agosto con ganas de desconexión. Bastante duro va a ser enfrentarme a los devastadores efectos de este incendio, así que necesito desconectar. Así que aviso que en este mes de agosto la web va a estar prácticamente parada. También el programa de radio. Espero volver en septiembre con ímpetus renovados y con las pilas cargadas para seguir en la brecha, como llevo haciendo ya 26 años. Y que tú, que estás leyendo mis desvaríos, sigas honrándome con tus visitas.
Mientras termino de volcar mis sentimientos en este editorial estoy escuchando “Heaven & Hell”, de Black Sabbath. Quizás como homenaje a la tierra quemada que ha pasado de Cielo a Infierno en menos de una semana o, quizás, por la necesidad incosciente de ponerle banda sonora a cada acontecimiento de mi vida. El caso es que la voz de Dio me sigue impresionando cuando me canta al oído eso de “So it’s on and on and on… It’s Heaven and Hell”.
Santi Fernández “Shan Tee”


