Reseña originalmente publicada en catalán en El Rock-Òdrom
Preámbulo:
Hacerse cargo de la reseña de “En estado puro”, el nuevo disco de Saratoga, cuando eres seguidor del grupo desde hace un puñado de años, puede convertirse en una tarea difícil. Sobre todo, si la banda y alguno de sus discos actúan como un faro emocional que te transporta a épocas pasadas y momentos olvidados cada vez que los escuchas. Cuando esto ocurre -es decir, cuando estas canciones cobran un significado y un valor que va más allá del de un conjunto de pistas de audio grabadas en un CD, y la formación se gana automáticamente una estima y una lealtad que perduran en el tiempo-, la opinión sobre cualquier lanzamiento reciente corre el riesgo de ser sesgada. Por tanto, la sinceridad y el equilibrio entre la sensatez y el arrebato serán nuestros mejores aliados para frasear esta recensión.
Contextualización:
Si bien el cuarteto no ha parado de trabajar desde la aparición a finales de 2018 de “Aeternus” (desde entonces han regrabado varias canciones de su discografía en “XXX” (2021) con motivo del aniversario de su creación, han dejado testimonio de esta exitosa gira en “22/10/22… La historia continúa”, han celebrado los discos “El clan de la lucha” y “Tierra de lobos” con la ronda de conciertos “El Clan de los lobos” (2024) y han hecho un buen número de actuaciones no solamente por el Estado español, sino también por Ecuador, Uruguay, Bolivia, Chile, Argentina y México), “En estado puro” es la primera grabación con piezas nuevas en casi ocho años. Un largo período de tiempo que ha dado lugar a varias altas y bajas en las filas de la agrupación, como la salida del batería Dani Pérez, la entrada de Jorge Garrido, aka El Estepario Siberiano, y el posterior ingreso de Arnau Martí, el actual instrumentista, que ocupó la vacante dejada por el conocido creador de contenido.
Pero si la realización de “En estado puro” ha venido marcada por algún hecho, este ha sido el inesperado adiós de Jero Ramiro a principios del mes de octubre de 2025. Como acostumbra a ser cada vez más habitual en estos casos, su partida comportó un intercambio de comunicados entre la banda (que afirmaba que el guitarrista les había expresado que quería dejar Saratoga y no participar en el próximo trabajo) y el propio músico (que, después de la publicación de este anuncio, aclaraba que dejaba al grupo por obligación y de forma forzada, no por voluntad propia).
Para enrarecer un poco más la situación, mientras unos hacían saber que empezaban a grabar un futuro álbum con un nuevo guitarrista (Charlie Parra del Riego, el músico peruano que les acompañaba en las giras por América Latina desde 2022 y que se convertía así en miembro oficial de la formación), se daba la extraña circunstancia de que todavía faltaban un par de fechas de la gira “El clan de los lobos” por España con Ramiro, lo que implicaba que el cofundador de la banda tuviera que actuar por contrato en un grupo que ya le había buscado un suplente. “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”, que dice el dicho, y así el fin de la gira en Madrid a principios de este 2026 significó la despedida de Jero en una actuación histórica donde compartió escenario con Tete, Leo, Niko y Arnau.
Pese a los cambios de componentes que ha sufrido la formación desde el inicio de su carrera, la nave capitaneada por el bajista Niko del Hierro (el único miembro que nunca ha abandonado el barco) no ha naufragado, al contrario, Saratoga ha resurgido con renovada determinación y sin alterar significativamente su rumbo estilístico. Desde la entrada de Leo Jiménez y Dani Pérez a finales de la década de los noventa, las agujas de la brújula han apuntado siempre en dirección al Heavy Metal clásico con viradas hacia el Power de raíces europeas que, en esta nueva etapa, crece y se perfila como “un metal actualizado, rebelde y en estado puro”.
Ficha técnica:
“En estado puro” se grabó durante el otoño del año pasado en los New Life Studios, donde la tríada formada por Daniel Sabugal, José Garrido y la banda al completo se encargó de la producción, mientras que el primero se ocupó también de la mezcla final. Por su parte, la masterización se realizó en los Crossfade Mastering bajo el control de Enrique Soriano.
A principios de febrero de 2026 apareció el primer adelanto, “Inteligencia artificial (IA)”, y un mes antes de la publicación del larga duración, se lanzó “A toda velocidad”, el segundo single. Ambos sencillos estuvieron acompañados de sus correspondientes videoclips.
La imagen que ilustra la portada, obra de Gustavo Sazes, nos presenta un samurái de semblante diabólico con la iguana forjada en su kabuto y a punto de ejecutar un kenjutsu. Y sí, ¡recuerda “ligeramente” la carátula de “Setjutsu” de Iron Maiden!
Respecto a la composición de los diez temas que integran el álbum, Niko se ha encargado de la mitad de ellos (“Silencio”, “Alma perdida”, “Basta ya de horror”, “Todo terminó” y “Te vistes de león”), Tete firma tres (“Inteligencia Artificial (IA)”, “Alma de Cristal” y “Somos Fuego”) y Charlie un par (“A toda velocidad” y “Vientos de libertad”).
La duración de “En estado puro” puede parecer excesivamente breve si se compara con el minutaje que se ha generalizado en las producciones en compact disc, ya que no llega a los cuarenta minutos, pero el cuarteto lo justifica explicando que lo ha hecho para no tener que omitir ningún tema en la edición en vinilo, resultando ambos soportes, junto con las descargas y las escuchas a través de las plataformas digitales, los formatos físicos en los que se puede adquirir la obra.
Las canciones una a una:
El disco arranca de forma inmejorable con las dos piezas que nos sirvieron como aperitivo previo a su salida. Un par de temas directos, rápidos y melódicos de aquellos que te entran a la primera.
“Inteligencia artificial (IA)” sería capaz de dinamitar los malos presagios que despierta este ámbito de la informática con una estructura en la que se alternan diferentes niveles de intensidad y con la excelsa batería de Arnau Martí en el explosivo estribillo.
“A toda velocidad” se convierte en la carta de presentación estelar de Charlie Parra a través de un riff vertiginoso y una acelerada guitarra rítmica empujada por una inconmensurable percusión, mientras Tete Novoa clama con su voz afilada por recuperar lo que creemos perdido sin gastar la pólvora en salvas. La pista hace evidente que el músico sudamericano se ha incorporado con el ánimo de aportar y dejar su impronta en esta nueva etapa de Saratoga.
“Silencio” canta a una amistad rota a causa de la indiferencia y el desprecio de una de las partes. Pese a los aguerridos coros del bajista en el estribillo, resulta bastante apagada y no se acerca a la intensidad fulgurante de los dos primeros títulos.
“Alma de cristal” es la conmovedora balada del disco en el que Tete habla de los padecimientos a los que se enfrentan unos progenitores cuando su criatura nace con alguna afección permanente y del orgullo que sienten cuando a medida que crece, y pese a las adversidades, consigue abrirse camino a la vida. La canción, aunque pese a seguir al dedillo los cánones previsibles de una power ballad, es preciosa, con unos sutiles teclados, un emotivo solo de guitarra muy bien empastado y una épica cantata final con las voces entrecruzadas de Novoa y Erik Cruz que, junto con el guitarrista Yerai López, colabora en este destacado tema del disco.
La atmósfera oscura, el agresivo riffage y la infranqueable batería iniciales no logran que “Vientos de libertad” despegue de resultas de unos arreglos cargantes que no la dejan salir airosa.
“Alma perdida” es una intensa pieza con una cadencia acelerada y galopante que aborda con crudeza el trastorno depresivo y la ideación suicida de alguien que ha agotado sus ganas de vivir, pero a quien su instinto de supervivencia le hace buscar cualquier brizna de esperanza para reengancharse.
“Basta ya de horror” trata el mal endémico que ha acompañado a las sociedades desde que el mundo es mundo. Cualquier acción es poca para refutar, oponerse y denunciar las guerras, y Saratoga se hacen suyo este compromiso a través de un bienintencionado batiburrillo lleno de verdades que interpelan a todo el mundo, pero que en conjunto pincha y queda en nada.
“Todo terminó” alterna perspicazmente una sección pausada y apesadumbrada con otra airada y furiosa, trazando un claro paralelismo con los estados anímicos de perplejidad y resentimiento por los que pasa todo el mundo que ha sido traicionado por amor.
“Te vistes de león” es la rara avis del larga duración. Un tema cantado íntegramente por Niko del Hierro que mucha gente ha interpretado como un dardo envenenado lanzado por el bajista a su excompañero Jero Ramiro. Estamos ante un corte rabioso, urgente y sin florituras que seguramente habría funcionado muy bien como bonus track, pero que en el contexto concreto de un trabajo con solamente diez canciones y poco más de treinta minutos de duración, resulta difícil de encajar.
“Somos fuego” baja el telón con una encantadora melodía -que por momentos parece recrearse en la de “Maniac”, el clásico de la música disco de Michael Sembello- y una arrolladora cadencia que converge con la pureza de un amor redentor que llega por sorpresa y lo cambia todo.
Conclusión:
El resultado final de “En estado puro” me ha dejado una ligera sensación de vacío, incluso me atrevería a decir que de cierta decepción. Después de tantos años sin publicar nuevo disco, esperaba mucho más. No sé decir lo que es, pero me falta algo, ese acorde mágico que te deje marca en la memoria.
Con todo, ni mucho menos estamos ante un mal disco. Esta nueva referencia es superior a su predecesora “Aeternus”, casi la mitad de las canciones rozan el notable alto y no sería extraño que alguna se acabara convirtiendo en una fija de sus repertorios, pero las altas expectativas depositadas me han jugado una mala pasada.
A pesar de este mal sabor de boca, hay algo que no debemos olvidar: nunca haremos lo suficiente para reconocer a bandas como Saratoga que, pese a las embestidas de la vida y el desprestigio endémico que arrastra el género, siguen publicando álbumes y enarbolando con una honestidad y un orgullo la bandera del heavy metal con una fe y una ilusión inquebrantables que los alientan a desafiar nuevos hitos.
Marc Milà Hernández

