Ozzy Osbourne nos ha dejado. Y haciendo honor a lo que fue su vida, lo ha hecho a lo grande. Incluso más de lo que hubiéramos imaginado.
El mes de julio que acaba de terminar será siempre recordado con la figura de Ozzy en nuestras mentes. Primero, por el extraordinario concierto de despedida celebrado el 5 de julio en el estadio Villa Park de Birmingham, su ciudad natal, en el que se contó con la formación original de Black Sabbath y con una pléyade de artistas de renombre, en un evento de 10 horas de duración y que ya está en el pódium de los acontecimientos más importantes de la historia del Rock.
El concierto, bautizado como “Back to the Beginning”, fue retransmitido por streaming a todo el mundo, tuvo una audiencia de 45.000 personas de forma presencial y 6 millones de espectadores vía internet. Los 140 millones de libras de recaudación (162 millones de euros) fueron donados íntegramente a fines benéficos, concretamente el Birmingham Children’s Hospital, el Acorn Children’s Hospice y Cure Parkinson’s. Una iniciativa muy loable en pos de avanzar en la cura de esta enfermedad que se ha llevado a Ozzy y que diariamente lo hace con miles de personas anónimas.
La participación de Ozzy Osbourne en el concierto fue memorable. Su precario estado físico no le permitía mantenerse en pie, así que apareció en un trono especialmente diseñado para la ocasión, del que no pudo levantarse en todo el show. Visiblemente cansado y lastrado por la enfermedad, sus ganas de darlo todo en el escenario estaban intactas. Por supuesto, su voz flaqueaba, pero no es algo relevante dado el carácter del concierto y, sobre todo, una vez conocidos los sacrificios efectuados por Ozzy las semanas anteriores al concierto para poderse presentar al público en las mejores condiciones posibles. Eso incluyó la supresión de todos los calmantes que le mantenían adormecido, así que no me imagino el dolor que tuvo que soportar como sacrificio por y para sus fans.
Ya se ha anunciado la edición de un documental sobre el concierto, que en el momento de escribir este editorial aún no está claro si se estrenará en cines comerciales o lo hará en las habituales plataformas de televisión a la carta.
Exactamente 17 después del impresionante concierto nos sacudió la noticia: Ozzy Osbourne había fallecido. Todos los que estamos metidos en el mundo del Rock de una forma u otra, sabíamos que ese momento iba a llegar pronto. Incluso nos llamaba la atención que no hubiera sucedido ya hace años, dado lo precario de su salud.
Pero no. Ozzy lo tenía que hacer a lo grande y se fue con la sensación de haberse despedido no sólo de los escenarios, sino de la vida, como el enorme personaje que siempre fue.
Ozzy Osbourne no era un buen cantante. No tenía una voz potente ni afinaba de forma correcta. Tampoco tenía movimientos excelsos en el escenario. De forma objetiva podríamos encontrar muchos mejores cantantes que él, incluso sin salir de la historia de Black Sabbath, una banda que ha contado en sus filas con vocalistas de la talla de Ronnie James Dio, Glenn Hughes, Ray Gillen, Tony Martin, Ian Gillan… e incluso Rob Halford, aunque no llegara a grabar ningún disco con la banda de Tony Iommi.
¿Entonces? ¿Qué tenía Ozzy Osburne? Carisma, sinceridad, autenticidad y una conexión con sus fans que se identificaban con él hasta el máximo. Por eso Ozzy era tan querido. Por eso Ozzy ES tan querido.
Su muerte generó multitud de homenajes de sus compañeros de profesión, incluso de algunos de estilos lejanos al Rock. Su figura traspasaba estilos, era… simplemente Ozzy. Las redes están llenas ejemplos de grupos y cantantes que le recordaron sobre el escenario las semanas posteriores a su fallecimiento. El viejo Ozzy deberá estar satisfecho.
Su funeral, entierro y cortejo fúnebre por las calles de Birmingham ha tenido mimbres de sepelio de un jefe de estado. Pocas veces se ha visto cómo la población se ha volcado de esta manera para decir adiós a un artista. Mucho menos de un cantante de Rock. De nuevo imagino a Ozzy con su sonrisa eterna, allá donde esté, rodeado de aquellos otros artistas ya fallecidos. A partir de ahora, su figura será eterna y su nombre ya es leyenda, junto con el resto de músicos que cruzaron esta puerta antes que él y que nos han alegrado nuestras vidas con su música, dando forma a lo que somos hoy cada uno de los rockeros que pululamos por el mundo.
Ozzy Osbourne se ha ido y sentimos su pérdida en lo personal, como si le hubiéramos conocido. Esa es la magia de la música. Es parte de nosotros, nos ha acompañado desde la adolescencia y, en cierto modo, ha ayudado a formar lo que somos hoy en día.
“Goodbye to romance”, Ozzy. Ya eres eterno. Ya eres leyenda. Gracias por tu legado.
Santi Fernández “Shan Tee”

