KING CRIMSON “In the Court of the Crimson King” (1969)

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kingcrimson_inthecourtofthecrimsonkingFinales de los sesenta. Una época de pop art, de pantalones acampanados, de televisores, de heroína, de moda hippie, de huellas en la luna y de tensión nuclear. Un ambiente turbio, ácido, de cambio, con una juventud combativa y baños de sangre en el este asiático, que propició una de las épocas de mayor creatividad cultural junto con el establecimiento de unas pautas que durarían hasta hoy en día. En el plano musical, esta afirmación queda plenamente ilustrada con los lanzamientos de ese año: la ópera rock “Tommy” de The Who, “Abbey Road” de los Beatles, los dos primeros discos de Led Zeppelin, “Space Oddity” de David Bowie, “Bayou Country” de la Creedence y un largo etcétera. Fue también el año en el que Deep Purple experimentó con la música clásica, en que Pink Floyd sacó su controvertido “Ummagumma” y en el que, en definitiva, los artistas de todas las ramas abrían nuevas sendas, fusionaban estilos, hacían “el más difícil todavía” y, en una palabra, experimentaban.

“In the Court of the Crimson King” es un testimonio de primera mano del revuelo de su época. El debut discográfico de Robert Fripp y compañía supuso, por un lado, marcar la hoja de ruta del rock progresivo posterior y, por el otro, demostrar que el rock no estaba encadenado a los esquemas blueseros anteriores, sino que cualquier incorporación ajena (de la música clásica, del jazz…) era aceptable y bienvenida. Hablamos de un álbum autoproducido, con incorporaciones constantes de instrumentos de viento y del mellotron (sigo sin saber cómo se escribe correctamente en castellano), que rehúye las etiquetas y que apuesta, excepto en el primer tema, por un sonido casi ambiental, sacro y envolvente. El disco está lleno de misterio, empezando por la enigmática portada, y de pasajes transportadores y ácidos que no gustaron demasiado a la crítica de la época. Pero “In the Court of the Crimson King”, rico en arreglos, en detalles, en pequeñas improvisaciones, acaba resultando en una obra tan extraña como profética.

“21st Century Schizoid Man”, el tema más pesado del disco, fusiona la contundencia de las guitarras con un saxo al más puro estilo John Coltrane mientras la distorsionada voz de Greg Lake nos habla de las atrocidades del Vietnam, en un tema desestructurado y muy jazzístico. La pausada “I Talk To The Wind” le sirve de perfecto contrapunto, uno de esos temas sugerentes y evocadores tan del gusto de la psicodelia inglesa. La balada “Epitaph”, himno imperecedero, nos retrata las dudas existenciales de la sociedad del siglo XX en un tono dramático pero sobrio. En “Moonchild” florece por completo la experimentación, una canción desconcertante en la que la banda elabora un ambiente pausado. Finalmente, los casi diez minutos de “The Court Of The Crimson King” nos regalan un tema potente, con unos in crescendo de antología y unos coros de catedral ortodoxa que erizan los pelos a cualquiera.

El debut de King Crimson fue seguido por álbumes absolutamente geniales como “In the wake of Poseidon” (1970) o “Lark’s Tongues in Aspic” (1973), que bien podrían figurar en esta sección como miembros de pleno derecho. Sin embargo, el halo misterioso de “In the Court of the Crimson King” supone el primer paso hacia el camino que seguiría buena parte del rock posterior. Una génesis inmejorable que ha hecho y hará las delicias de cualquier melómano.

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Jaume “Mr. Bison”