Julio Castejón es un tipo en absoluto estrella del rock. Gente sencilla, tranquilo, todo sensibilidad, capaz de tomarse un café con dos desconocidos al calor de la charla y una estufa de butano en medio del diluvio. De los músicos que disfrutan hablando de música. Si Julio Castejón no existiera habría que inventarlo.
Es cierto que tiene un pasado. También lo es que su nombre va unido al de Asfalto, de quien se siente orgulloso. Pero no lo es menos el hecho de que en 2004 su momento musical y personal está junto a Los Trípodes, cuarteto de amigos y Músicos de esos con M mayúscula, con quienes ha grabado ya dos discos: “¿Hay alguien ahí?” (AZ-2000) y este “El corazón de la manzana” (Borderdreams-2004).
Julio ha levantado la cabeza, ha echado un vistazo a su alrededor y ha visto cosas que no le gustan. Pero ha sido capaz de inventar historias maravillosas y situarlas dentro de las miserias cotidianas que inundan los telediarios. 12 de esas historias también tienen música, y después de darles forma las ha plasmado en un disco de esos que ya no estábamos acostumbrados a escuchar.
Historias de pateras, recuerdos de Chernobyl, de Vietnam, gritos contra la masacre de Irak… Puede parecer demasiado manido, o excesivamente tópico, pero es que no se queda ahí. El título del disco lo explica todo, y la frase que preside el digipack también: “El corazón de la manzana es un canto a la más hermosa de todas las bellezas: la interior”.
Que nadie se equivoque, esto es puro Rock, o mejor dicho, Rock Puro. Musicalmente lo veo muy cerca de los Asfalto de la etapa “Déjalo así”, incluso con guiños líricos al mismo (Adiós al sol, déjalo así…). Bien flanqueado por un buen grupo, formado por el batería de la caja ‘nerviosa’, Antonio Sánchez, quien goza de un buenísimo sonido (Aldo Gilardi ha rozado la perfección), Eduardo Kinderman en el bajo haciendo un trabajo sobresaliente, Paco Benítez a la guitarra, bien tocada pero algo opaca en la mezcla, y Carlos Parra en los teclados, recordando a veces al bueno de Jorge W. García Banegas.
Detrás de una sugerente portada de tonos pastel que invitan al relax, hay un gran disco que no voy a destripar, no puedo. Necesitaría bastante espacio para explicar con palabras que hay en cada canción. Todas y cada una son magníficas piezas de un todo, cada una distinta y todas con algo en común. No es una obra conceptual, pero casi. No es Asfalto, pero casi.
Buen trabajo el realizado en los estudios “El jardín paramétrico” por Julio y Jesús Yanes (dueño de los estudios y tipo de quien tengo pésimo recuerdo desde hace 10 años, pero eso es algo personal e intransferible). Son 62 minutos, 12 canciones y una sorpresa final. Buena presentación, buen diseño interior y buen gusto en general.
Julio, que es gente noble, ha sido capaz de hacer un disco que ennoblece eso que llamamos ‘canción’. Rezuma honestidad.
Alvar de Flack
