Hay un puñado de grupos que ya son parte de la historia del Rock y su nombre será siempre incluido en cualquier libro que sobre el Rock en general, y el Heavy Metal en particular, se edite en cualquier parte del mundo. Iron Maiden son, por derecho propio, uno de ellos. Desde que sorprendieran al mundo liderando la N.W.O.B.H.M., han escrito su propia historia a base de grandísimos discos y conciertos multitudinarios por todo el Globo. Por ello, aunque el extraordinario nivel que ofrecieron en los ’80 haya decaído en décadas posteriores, su honestidad y voluntad por contentar a sus fans nunca se ha puesto en duda.
“The Final Frontier” es, por ahora, el último capítulo de esta larga historia. Con toda la trayectoria tras sus espaldas, el grupo comandado por Steve Harris se puede permitir el lujo de hacer lo que les apetece. Y lo que les ha apetecido en este 2010 es hacer un disco complicado, de temas muy extensos y que podrá espantar a los amantes de las canciones directas y contundentes de otros tiempos.
El disco cuenta con 10 extensos temas, en los cuales no se han cortado a la hora de plasmar sus ideas más complejas. Quizás muchos fans del grupo no sean capaces de digerir siquiera los 4 minutos y medio de la introducción llamada “Satellite 15” antes de empezar con el primer tema, “The Final Frontier”, o no tengan la paciencia suficiente para asimilar lo que este disco puede ofrecer, porque la primera impresión al escuchar el disco del tirón es que estamos ante un ladrillo de considerables dimensiones.
Pero son Iron Maiden y se merecen el beneficio de la duda. Y al insistir sobre el disco, van apareciendo elementos muy interesantes, que se vuelven más intensos a medida de que la sorpresa por la complejidad va desapareciendo y apreciamos en su justa medida la calidad que atesoran estos temas.
Decir que Steve Harris sobresale en el disco no es ninguna novedad, pero la sorpresa viene al descubrir la excepcional labor de Nicko McBrain, batería infravalorado por muchos pero que en este disco demuestra (una vez más, diría yo…) que es un pilar básico en el sonido de la banda. Está inconmensurable en todo momento. Del resto de músicos, me ha gustado mucho la forma de cantar de Bruce Dickinson, en la línea de los últimos discos, ampliando más si cabe la amplitud de su registro. Y otra sorpresa agradable ha sido ver el trabajo de las guitarras. No debe ser nada fácil para un grupo con tres guitarristas solistas, que su trabajo quede perfectamente empastado y no haya un duelo para ver quién destaca más. “The Final Frontier” es el mejor ejemplo de que esto es posible, y Adrian Smith, Dave Murray y Janick Gers se esmeran en sumar sus fuerzas para llevar estos complicados temas a buen puerto.
Una vez desgranado el disco con la paciencia suficiente, me quedo con dos grandes temas, que sobresalen sobre el resto: “Isle Of Avalon”, con un amplio desarrollo donde la banda juega a placer con la intensidad y “Coming Home”, de tempo más contenido, donde Bruce Dickinson hace toda una exhibición de la amplitud de su registro antes comentada. En todo el disco, además, se descubren elementos de los Iron Maiden de siempre, bajo la primera capa en la cual la complejidad de los temas puede llegar a ocultar las clásicas líneas de bajo de Steve Harris, marca de la casa, o cualquiera de los elementos que dan continuidad al trabajo de una de las mejores bandas de Rock de todos los tiempos.
El resto del disco nos ofrece también la oportunidad de disfrutar de Iron Maiden en todas sus vertientes. Desde temas directos como “The Alchemist” a otros en los cuales llevan el desarrollo del tema tan lejos como les es posible. Entre estos últimos, “When The Wild Wind Blows” se lleva la palma, con sus 11 minutos de largo desarrollo en los cuales podemos disfrutar de los Maiden más complejos, sin que por ello caigamos en el aburrimiento.
Ya sabes, los tiempos de “The Number Of The Beast” están muy lejos y no volverán, pero “The Final Frontier” es un trabajo más que digno de este histórico grupo.
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Shan Tee
