Los que dudábamos del incierto futuro de los Hypocrisy del pluriempleado Peter Tägtgren estamos de enhorabuena, y además por partida doble: no sólo están aquí de nuevo, sino que lo hacen con un discazo bajo el brazo.
Para los que se sintieron un tanto defraudados con la experimental última época del grupo (“Catch 22”, 2002) señalar que “The Arrival” retoma con acierto la más clásica de éste, la de mediados de la década pasada, hecho corroborable tanto en la música, con ese conglomerado death melódico/atmosférico de sonido grueso y compacto cortesía de los Abyss Studios de nuestro insigne músico y productor (que vendría a ser algo así como el Phil Spector del death metal), como en la temática de las letras, con ese contenido más propio de la serie ‘X Files’ que de cualquier banda de su generación.
Pero los cambios no se quedan en eso, y si el grandullón baterista de Lars Szöke se venía debatiendo últimamente entre el ‘me voy, me quedo’, finalmente ha dejado el taburete a mr. Reidar Horghagen, más conocido como Horgh, que ya demostrara su valía tanto en los recientemente desaparecidos Immortal como en el proyecto paralelo de Peter, Pain, aunque a la llegada de éste el trabajo ya estaba hecho. Estamos deseando verlo en directo. Completa la formación, cómo no, el fiel Mikael Hedlund al bajo, que se vuelve a quedar en trío.
En total “The Arrival” lo componen nueve temas, pero nunca estuvo mejor dicho eso de que ‘lo bueno, si es breve…”, porque desde luego ninguno tiene desperdicio, y haber metido alguno más con calzador sólo habría hecho que empañar el buen sabor del resto. Es más, Peter Tägtgren, que a estas alturas de tonto no tiene un pelo (dicen que sabe más el diablo por viejo que por diablo, y si existe uno ese es Peter), ha conseguido tanto recuperar sus señas clásicas de identidad, como decía al principio, como incorporar otras externas, y ello sin que parezca rentista por un lado ni plagio por otro, lo cual ya es de por sí todo un logro.
El riff principal de la descomunal “Born Dead Buried Alive” me recuerda horrores al de aquel “Battery” de los de la Bay Area, aunque queda rápidamente absorbido por esas atmósferas tan características del grupo. El medio tiempo de “Eraser” suena tal y como lo recuerdo de su pasada visita a tierras hispanas junto a Dimmu Borgir, en la que nos lo ofrecían como anticipo, y el apoteósico “Stillborn” ya ha pasado a ser de mis favoritos, con ese comienzo a lo Fear Factory y ese estribillo inflémico tan quedón, sin duda de lo mejor del redondo. “Slave To The Parasites”, al igual que el citado “Eraser”, es otro de esos medios tiempos que podrían servir perfectamente de single, de nuevo con un tufillo a los de Goteborg más que notable (¿reprise de “Only For The Weak”, quizá?) y algún que otro guiño a los Paradise Lost de Holmes y Mackintosh.
“New World” y “War Within” nos recuerdan que aunque melódico esto es death metal, la primera con estruendo frenético de caja, la segunda con guiño al Carmina Burana en las guitarras incluido. “The Abyss” es el corte doom por excelencia, de cadencia lenta pero densa y de voz hipergutural, mientras que “Dead Sky Dawning” y “The Departure” prosiguen en esa línea sweadish death new school tan característica, aunque en esta última el estigma ‘hipócrita’ predomina por encima del resto (esos himnos!)
“The Arrival” es, en definitiva, un leve enderezamiento de volante antes de salirse de la autopista, pero con la elegancia suficiente para no parecer un volantazo. Los amantes del metal extremo pueden darse por satisfechos, no todos los días se recupera a un clásico con tanto éxito.
Bubba
