Mediados de 1968: Los Yardbirds acababan de pasar a mejor vida. Atlantic, su discográfica, le dio crédito casi ilimitado a Jimmy Page para montar un grupo con el que desarrollar todo su potencial como músico, tanto en la faceta de guitarrista, como en la de compositor o productor. Esa era la confianza que la empresa tenía en él. No tardó mucho en hacerse con los servicios de John Paul Jones, un músico de sesión multi-instrumentista, y dos ex-miembros de los Band of Joy, el cantante Robert Plant y su amigo el batería John Bonham.
La idea de montar una nueva banda bajo la sombra de los Yardbirds y el auspicio de Peter Grant, capitoste del “negocio” por aquella época, no les hizo mucha gracia a sus contemporáneos. Keith Moon, batería de los Who, dijo que caerían en picado como un Lead Balloon (“Globo de plomo”), pero el bajista John Entwistle corrigió (y aumentó) a su compañero añadiendo que sería más bien como un Lead Zeppelin. Fue el propio Peter Grant quien modificó la frase dejándolo en Led, para que no hubiera errores de pronunciación, y convirtió el adjetivo en el nombre definitivo de la banda.
La calidad como músicos era tal que les bastó poco más de un mes de funcionar como grupo, incluida una pequeña gira de unos diez días por Escandinavia todavía como “The New Yardbirds”, para meterse en los estudios Olympic, al sur de Londres, y registrar su primer disco a modo de tarjeta de presentación. Era octubre de aquel año, revolución social, Woodstock, paz, amor y flores en el pelo.
“Led Zeppelin” se grabó al estilo de la época (todos los músicos tocando a la vez) con el objetivo de registrar lo que eran capaces de dar en directo. La grabación costó algo más de 1.700 libras esterlinas, y se utilizaron quince horas repartidas entre nueve días para registrar otras tantas canciones, más otras quince horas para las mezclas. Fue producido por el propio Jimmy Page, quien consiguió un resultado muy vivo, muy dinámico, como si las canciones estuvieran tocadas en la propia habitación en la que suena el disco que tienes puesto, y esa inmediatez en el sonido fue realmente original en la época.
El disco contiene algunos de los temas clásicos del grupo como “Good Times, Bad Times” que abría el disco para dejar claro por donde irían los tiros. Temas cortos y
directos como ese o incluso de ritmo más frenético, caso de “Communication Breakdown” o, contrastando, largos e intensos como “Babe I’m Gonna Leave You”, y de regusto bluesy al estilo de las jam-sessions tan usuales en la época como “You Shook Me”, basado en el mismo tema de Willie Dixon. Por cierto, del mismo autor es “I Can’t Quit You Baby”, blues en versión revisada e intensificada.
En este sentido de intensidad, y dando pie a Jimmy Page a que se explayara a gusto en los directos, ninguno mejor que “Dazed And Confused”, una especie de paranoia psicodélica con cambios bruscos que hacen pasar al tema de la meditación al desenfreno sin transición posible. Otro de sus grandes clásicos.
También quedaron patentes en este disco dos características que lo serían en el futuro del sonido del grupo, los temas largos y complejos rítmicamente, como “How Many More Times”, y los temas acústicos y relajados, caso de “Your Time Is Gonna Come” y, especialmente, “Black Mountain Side”, una de las perlas de reminiscencias folk de su discografía.
Las grabaciones de estudio de los grupos de Rock hasta entonces sonaban algo flojas o, al menos, no reflejaban lo que los grupos podían dar de sí en directo. Led Zeppelin tuvieron claro desde el principio que eran un grupo de Rock, con un batería contundente, un cantante de amplios registros, un guitarrista genial (a su modo) y un músico más que competente en la parte técnica, y esas eran las características que querían explotar. “Led Zeppelin”, el disco, captó perfectamente aquella situación y consiguió atraer la atención del mundo del Rock. En gran parte también contribuyó a ello una portada que causó cierto impacto y que también era reflejo de lo que había en su interior. Es un dibujo que reproduce una fotografía del accidente del dirigible Hindenburg en 1937, que también causó un shock importante como noticia de aquel año.
Fue el principio de una carrera brillante, intensa pero demasiado corta. Luego vendrían discos que mejorarían la propuesta en cuanto a sonido y otros aspectos, pero es difícil encontrar un disco-debut con tanta trascendencia como este. Simplemente genial.
Alvar de Flack
