Cuando a uno le cuelgan un San Benito del tamaño de una hormigonera, ya no hay Dios que te lo quite por mucho empeño que se le ponga. Esto es lo que le pasó a una buena banda germano/americana a mediados de los ochenta, que tuvo la “desgracia” de parecerse demasiado a Led Zeppelin y eso arruinó su carrera. El linchamiento al que fueron sometidos (incluso Gary Moore llegó a burlarse públicamente de ellos) nos privó de un grupo que mereció mejor suerte y que aportaba mucho más que la mayoría de sus compañeros de laca o cintos de balas.
Kingdom Come asaltaron los giradiscos de medio mundo con un potente debut en 1988, año mágico para el Hard Rock de peluquería. Llegaron a participar en la gira del Monsters of Rock americano junto a Van Halen, Scorpions, Metallica y Dokken, ¡casi ná!. Pero a pesar del éxito de crítica y público, el rumor de que eran una burda imitación de Led Zeppelin (llegaron a llamarlos “Kingdom Clone”) acabó minando la credibilidad de la banda hasta el punto de que su popularidad se disolvió como un azucarillo en un café, y no volvió a levantar cabeza ¿Y tanto se parecían al grupo de Page y Plant? Pues mire usted, sí pero ¿y qué? Era evidente que el cantante y alma mater Lenny Wolf no ocultaba su pasión por los británicos pero también es verdad que en 1988 había centenas de bandas intentando copiar a Metallica y no pasó nada.
Ya pasada la sorpresa inicial, en 1989 sacaron su segundo disco, llamado “In Yor Face”. A Lenny Wolf le acompañaban de nuevo Johnny B. Frank al bajo, Danny Stag y Rick Steier a las guitarras y James Kottak a la batería y permanecía el bueno de Keith Olsen detrás de los controles. El fantasma de Zeppelin esta presente a lo largo y ancho del disco pero también multitud de influencias, sobretodo del Rock americano de principios de los 80 y puede que coplas como la inmensa “The Wind” sonaran a los Zeppelin del “Physical Graffiti” pero el disco tenía la suficiente personalidad para haber dejado satisfechos a todos.
Y así llegamos a los años 90 y con ellos a toda la revolución musical que se dio a principio de aquella década (que yo agradezco cada noche a todos los dioses). En menos de tres años Kingdom Come han pasado de ser portada de muchas revistas y vender miles de discos al más absoluto anonimato o ¿desprecio?. La banda se deshace y se queda sólo Lenny Wolf al mando de todo. Pero cuando lo más fácil es desistir y rendirte, Kingdom Come sacan la que, para mí, es su obra maestra, “Hands Of Time”. Permitidme que empiece por el final. Por un buen medio tiempo con estribillo maravilloso, que da título al disco. Y sí es verdad que la influencia de los Zeps es más que palpable pero también es verdad que Page/Plant hubieran pagado millones por esta copla. Sin duda una de esas canciones que ya vale por si mismas un disco entero. Hard Rock épico en el más amplio sentido de la palabra.
No es un secreto que la voz, siempre genial de este hombre, a caballo entre Plant y un inspirado Meine, es la absoluta protagonista del disco y que las guitarras, a cargo de Bert Meulendijk, Marco Moir, Blues Saraceno y él mismo, están metidas con gran maestría, sobretodo las acústicas como en la Beatleriana “You´ll Never Know” o en la preciosa balada “You´re Not The Only I Know”, pero sin llegar a saturar como muchos discos de la época que más bien eran demostraciones de “mira-como-toco”. Y es que lo mejor del disco es, parodiando a cualquier comentarista deportivo, que cuando hay que defender defendemos todos y cuando hay que atacar atacamos todos. Cuando hay que rockear duro, caso de “Stay” o “Can´t Deny” que por cierto lleva unos estupendos teclados, se rockea y cuando hay que sacar la vena épica o sentimental se saca con suficiencia y sin caer en la babosería de muchos de sus coetáneos. No obstante lo que predomina son los medios tiempos donde Lenny se explaya con la voz. Medios tiempos con fuerza que podrían haber competido con “Kashmir”, como el ya comentado “Hands Of Time” o el tema de apertura, “I´ve Trying” que cuenta con unos arpegios y unos arreglos de antología. Y es que “Hands Of Time” es de esos discos a los que no les sobra ni les falta nada. De esos que le vas sacando el juguillo poco a poco y que a cada escucha le encuentras nuevos matices, nuevos detalles.
En definitiva un gran disco de un gran grupo que todavía anda sacando discos y dando conciertos. Puede que sean una copia o incluso un plagio de Led Zeppelin pero ya te digo que Plant/Page hubieran pagado buenas sumas por algunas de sus canciones y, además, si aceptamos que alguien copie hasta la basura de Helloween ¿por qué no hacerlo cuando es con Led Zeppelin y se tiene un portento como Lenny Wolf?
Perico Salinas «Pears»
