La historia del Rock Sureño es parecida a la de cualquier otro género mixto: llena de buenos músicos, buenos discos, mucho talento y buen gusto, pero pocos recursos y contados éxitos. Y es que a pesar de ser un tipo de música susceptible por su calidad de tener un gran público y mucho renombre, nunca llegó a despegar más allá de sus fronteras del modo que lo hicieron el Jazz o el Rock and Roll. Estos géneros, entre otros de misma procedencia, gozan de numerosos artistas fuera de Estados Unidos. Sin embargo, es francamente difícil encontrar un grupo de Rock Sureño fuera de América que haya triunfado.
Fue en medio de esta marginalidad y aparente indiferencia de las grandes discográficas que nació este género. Básicamente consiste en electrizar una música ancestral, que podemos remontar a los campos de algodón y a las bandas de hillbilly (violín, banjo, guitarra acústica y poco más). Todo ello, evidentemente, está profundamente teñido de blues, de country, de soul y de gospel, y en general de toda la música negra. La variedad de instrumentos es notable, dando gran importancia a la melodía y con preferencia por los medios tiempos.
Dentro de un género tan abigarrado y profundamente enraizado en la tradición más genuina, las variantes abundan y las preferencias por un estilo u otro son constantes. He elegido este disco para reseñar principalmente porque es una obra maestra, pero la cantidad de artistas y bandas representativas del género nos ofrecen un cuadro mucho más completo de lo imaginable a priori. Como iré detallando, los Marshall Tuckers se basan sobretodo en el gospel y el hillbilly, pero dentro de la eclosión del género podemos encontrar a grupos más blueseros (The Allman Brothers), otros más azucarados (38 Special), y otros más duros (Black Oak Arkansas). No puedo dejar de recomendar las reseñas en esta misma web de los dos primeros grupos que he nombrado.
Pues bien, si nos ceñimos a los Marshall Tuckers y al disco que nos ocupa, el primero, nos encontramos frente a una música muy suave, melódica, sobretodo acústica pero muy ecléctica. El disco ofrece momentos para todo, desde la emotiva “Can’t You See” (puro gospel adornado con piano), la dulce “See You Later, I’m Gone” (no sé por qué, este tema siempre me ha recordado una puesta de sol, mira tú), o la bluesera “Ramblin”’, hasta “Hillbilly Band”, que sobrepasa la etiqueta de homenaje para convertirse en un auténtico himno, todo un desafío si quieres mantener los pies quietos. “Take the Highway”, el tema que abre, es quizás el mejor del disco, muy rockero y con unos desarrollos instrumentales dignos de admirar.
Los hermanos Caldwell se encargaron de las composiciones, del bajo y de las guitarras, mientras que Doug Gray era la voz principal. George McCorkle era el segundo guitarra; Paul Riddle se ocupaba de la percusión, y el polivalente Jerry Eubanks tocaba los instrumentos menos rockeros del disco, es decir, los de viento. La muerte de Tommy Caldwell en 1980, y el abandono de su hermano poco después, propiciaron un cierto bajón en la calidad de la banda al desprenderse de sus raíces más íntimas. Sin embargo, cualquiera de los discos de los ‘70 es digno de ser escuchado atentamente.
La influencia de todos los estilos que he numerado es notable, y la voz de Gray (excepcional en todo el plástico) destila un acento muy típico de la zona. La producción, a cargo de Capricorn, ya desaparecida, es limpísima en todo momento y harmoniza todos los instrumentos.
Aquí en España el disco no pasó desapercibido del todo. Algunos fanzines y revistas se hicieron eco de este y de los demás lanzamientos del género en su momento, pero, como ya he dicho, esta música nunca llegó a calar hondo por estas tierras -de hecho, ni siquiera en Europa, a excepción de un par de éxitos de los Lynyrd Skynyrd.
Una pequeña reflexión para terminar. Siempre me ha resultado sorprendente que, en medio de los años setenta, surgiera un género que, adoptando las nuevas técnicas y estilos de hacer música, se empapara de toda la tradición autóctona y la actualizara. Y cuando digo tradición autóctona me refiero a la música más remota, más originaria de esas tierras: música de los inmigrantes negros, de los campesinos, de los vaqueros, etc. Hoy en día sería realmente complicado encontrar músicos de éxito que se esforzaran por conectar con su pasado más auténtico. Quizás por eso a buena parte de la música actual le falte un poco de soul… ya me entendéis.
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Jaume «MrBison»
