Tenía que caer, era inevitable. Una de las formaciones con más “solera” del panorama rockero estatal y uno de los discos que sin duda marcó un antes y un después tanto en su carrera como en el rock hecho en este país.
Grupo clásico donde los haya, los Medina supieron sobrevivir al apogeo y posterior declive de aquel movimiento conocido como “Rock Andaluz”, encabezado en su día por los que se pueden considerar un tanto padres del estilo, Triana, y a los que inmediatamente siguieron formaciones como Mezquita o la que nos ocupa.
Si bien en trabajos como el homónimo del grupo o los siguientes “La esquina del viento” y “Andalucía” el estigma trianero brillaba con luz propia, ya con “Caravana española” (en el que se atrevían con el mismísimo “Spanish Caravan” de The Doors, a la andaluza, claro) o “…en Al-Hakim” supieron cuajar un sonido mayormente rockero y con un sello ya bastante definido.
Pero fue sin duda tras “En directo” y con Paco Ventura (guitarra) ya en la banda cuando se abría una nueva era en la trayectoria de Medina Azahara, la más heavy (y curiosamente comercial) del grupo.
En estos momentos Medina Azahara lo componían Manuel Martínez (voz), Pablo Rabadán (teclados), el citado Francisco Ventura (guitarras), Manuel Reyes (batería, como nueva incorporación) y José Fernández (bajo).
El disco se abría con “Niños”, un tema tan reivindicativo como lleno de feeling, donde ya se daba buena muestra de que el rock de aires andaluces había dejado paso a su hermanito el de “zumosol”, o sea, el heavy metal. De aire muy similiar, tanto por su clara temática antibélica como por la fuerza impresa en él, le seguía “Hijos del amor y de la guerra”, otro de los temas más potentes del plástico (donde Paco ya empezaba a demostrar quién manda).
“Solo y sin ti” era una tierna balada donde Manuel Martínez hacía gala de esos “dejes” tan característicos suyos, y “Junto a Lucía” llevaba una onda más macarrilla, con un riff muy marcado y una base de ritmo contundente (que sí, que esto ya era Rock Duro).
La cara B del plástico se abría con un clásico de Los Módulos, “Todo tiene su fin”, que los Medina adaptaron a galope tendido (más tarde vendrían otros “covers” del citado grupo como “No quiero pensar en ese amor” o “Adiós al ayer”, si mal no recuerdo), el cual hicieron suyo por derecho propio. “Sin tiempo ni sitio” llevaba un aire bluesero-progresivo en plan desgarrado que tiraba de espaldas (peazo tema), con un correcto Pablo Rabadán y un mejor Paco Ventura.
“Algo nuevo” rezumaba heavy ochentero por doquier, donde Manuel Reyes demostraba su buena pegada y Paco Ventura se hacía un solo de esos de antología, mientras que “Necesito respirar” ponía el broche de oro al disco y se convertía ya de entrada en uno de los clásicos en potencia de la banda, tanto por su letra como por su música (lo que habremos disfrutado con este tema, ¿eh?).
Me consta que mucha de la gente degustadora del Hard Rock y el Heavy Metal tienen a Medina Azahara en un segundo plano, quizá por la temática de sus letras (demasiado melosa) o por su aire andaluz; yo les recomendaría encarecidamente que les diesen una segunda oportunidad, ya sea con este trabajo o con otros como “¿Dónde está la luz?” o “Árabe” (por citar alguno), seguro que finalmente encuentran alguna buena razón por la que escucharles.
David Fernández “Bubba”
