Cuando alguien se plantea hacer un disco en directo el objetivo es plasmar lo que es la esencia del grupo en forma de recopilación de canciones con un cierto éxito y además hacerlo delante del público, recogiendo (en la medida de las posibilidades del propio invento del disco) lo que ocurre en una de sus actuaciones en directo y poniendo los dientes largos para que el que no estuviera allí corra a verlos en la próxima ocasión que se presente.
El por qué hay tantos discos en directo que con el paso de los años se han convertido en clásicos imprescindibles tiene, desde mi punto de vista, una respuesta más o menos genérica, y es que para conseguir los objetivos expuestos antes se necesita echarle ganas, que salga una actuación en la que se combine el buen hacer del staff técnico con el de los propios músicos, una cierta connivencia con el público y una pizca de suerte. Esto es lo que diferencia unos directos de otros, aparte de los apaños que se hagan en el estudio para retocar alguna carencia. Pero, por ejemplo, discos en directo desafortunados también los hay y cada uno por una causa distinta. Supongo que habrá opiniones en contra, pero para mí ejemplos de discos en directo que nunca debieron existir tal y como los conocemos podrían ser el “Beast from the east” de Dokken (1988) o el “Live and loud” de Ozzy Osbourne (1993), entre otras cosas porque ni el track-list, ni el sonido, ni la propia actuación del grupo en cuestión es como para dejarlo impreso en soporte magnético y sacarlo a la venta. En el caso de Ozzy, los recordings son descaradísimos.
Pero volviendo al disco que nos ocupa, decir que se grabó en el Hammersmith Odeon de Londres en riguroso directo algún día de 1981, excepto “Iron Horse” que fue en el mismo sitio pero en 1980. La formación que lo grabó fueron Ian Kilminster “Lemmy” con su eterno bajo Rickenbaker y su voz aguardentosa y cascada, Eddie “Fast” Clarke a la Strato y Phil “Animal” Taylor aporreando parches de aceite, y nunca mejor dicho, durante la gira de promoción del “Ace of Spades” (Bronze-1980).
Es difícil describir lo que suena aquí dentro porque desde el principio hasta el final es caña bruta a toda pastilla, energía pura sin exquisiteces, con líricas y sonidos más cercanos al punk que al heavy de la NWOBHM aunque coincidieran en el tiempo y en las relaciones con los grupos clásicos de este movimiento, especialmente con Saxon (compartían hasta batería en la persona de Pete Gill) y con Girlschool (aquí había de todo). Se podría decir que es el sonido más thrash de la época y referente obligado para grupos posteriores de este género.
Aunque el LP en estudio más próximo era el “Ace of Spades”, como he dicho antes, solo tocan tres temas de él en este caso, el propio “Ace of spades” con el que abren el disco y que no han parado de tocar en directo desde que lo compusieron, “(we are) The road crew” precedida de una introducción a grito pelao de Lemmy que deja en silencio a todo el Hammersmith (pobre garganta), y la veloz “The hammer”.
El grueso del repertorio se centra en el “Overkill” (Bronze-1979), con “Stay clean” y su solo de bajo (muy al estilo de la etapa de Lemmy con Hawkwind), “Metrópolis” que es de las más “tranquilas” del disco junto con “Capricorn” (“…this song is a slow one…” presenta Lemmy), “No class” o la brutal “Overkill” con una batería aplastante (no es cliché fácil, es que escuchar esto a todo volumen es una sensación indescriptible) y una sucesión de solos de guitarra con efecto wha-wha (muy utilizado por Eddie Clarke) con varios cortes en el desarrollo del tema que son retomados inmediatamente a ritmo de doble bombo. Joer qué caña.
La actuación (y el LP) termina con “Bomber” del disco de mismo título de 1979 y con “Motorhead” del primero. En este punto es cuando el famoso avión de luces (se supone que un bombardero con el motor en la parte delantera) que preside el evento sobre los músicos, desciende hasta el escenario y se convierte en protagonista. El bajo totalmente distorsionado (en todo el disco tiene un overdrive más que evidente, pero aquí se sale) deja paso a sonidos de avión sobrevolando las cabezas de los presentes y una sirena que anuncia el final del supuesto “ataque”.
En el vinilo que tengo delante aparece una pegatina que asegura que fue “Nº 1 en Inglaterra”, y es cierto. La versión en CD está remasterizada, con nuevas fotos en el interior que no aparecen ni en vinilo ni mucho menos en cassette (575 pelas me costó la cinta cuando salió, por aquí la tengo todavía) y con tres bonus-tracks: “Over de top” (en directo), la versión en estudio con nuevas mezclas de “Capricorn” y “Train kept a rollin’” (también en directo).
Obra cumbre de un grupo al que -afortunadamente- les llegó el reconocimiento y que han mantenido un nivel más que aceptable con discos posteriores, aunque como en todo grupo de extensa discografía haya sus altibajos.
Born to lose, live to win.
Alvar de Flack
