En 2001 Alex Skolnick (Testament) decide abandonar la bahía de San Francisco y su ambiente thrash, y trasladarse a Nueva York en busca de sonidos más relajados, técnicos y profesionales, y sobre todo para adentrarse de lleno en el fascinante mundo del jazz a través de varias escuelas del estilo. En ellas conoce a un prometedor batería llamado Matt Zebroski quien, por cierto, había sido un fan empedernido de Testament.
Prueban con diferentes bajistas y se quedan con John Davis, con quien prueban, por enredar más bien, con versiones de grupos como Scorpions, Kiss o Aerosmith, sustituyendo las guitarras distorsionadas y los acordes en quinta, por guitarras limpias y armonías más complejas para rebozarlas en el más puro jazz-rock que podían sacar de sus instrumentos.
En 2003 John Davis se harta de la historia y entra en el grupo un nuevo bajista, Nathan Peck, procedente de grupos de jazz de la zona. Comienzan entonces las grabaciones de discos, el primero fue “Goodbye To Romance: Standards For A New Generation” (2002/2004), que fue un compendio de sus mejores versiones jazzísticas de temas clásicos de hard rock y heavy metal, como “No One Like You” de Scorpions o “War Pigs” de Black Sabbath, entre otras. En su segundo disco “Transformation” (2004) fueron incluyendo algunas composiciones propias, pero seguían tocando versiones, como “Money” de Pink Floyd, entre otras. Todas ellas irreconocibles para el público no rockero y, si me apuras, incluso también para algún rockero que otro podrían pasar desapercibidas.
En 2007 graban su tercer y, hasta la fecha, último disco, este “Last Day In Paradise”, que incluye 7 temas propios y otras 3 versiones, “Revelation (Mother Earth)” de Ozzy Osbourne, “Tom Sawyer” de Rush y “Practica lo que predicas” (“Practice What You Preach”) de Testament, esta última con aires latinos de bossa nova que hacen que el título aparezca en castellano.
Esto es jazz, jazz-rock si me apuras, así es que va a ser difícil que entre en oídos poco acostumbrados a sonidos menos agresivos de lo que solemos comentar por esta web, pero es altamente recomendable si os gusta el género, si sois melómanos de verdad o si os pica la curiosidad de ver la transformación de un virtuoso guitarrista de heavy metal en otro exquisito de jazz. Disco tranquilo que solo pierde los nervios en el último tema, “Western Sabbath Stomp”, más rockero, que pone la guinda a un disco brillante.
Alvar de Flack
