Hablar de Ozzy Osbourne en el mundo del Heavy Metal es simple y llanamente hablar de los orígenes de éste. Supongo que a estas alturas huelga decir que fue el loco de Ozzy quien, junto a Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward, asentó los cimientos de lo que hoy en día conocemos por Heavy Metal, y fue él mismo quien, ya con su carrera en solitario, contribuiría con su aportación a darle forma.
Tanto en su carrera con Black Sabbath (obligatoria para cualquier heavy que se precie la escucha de, como mínimo, los primeros 6 trabajos de la banda, desde aquel “Black Sabbath” que sorprendió a medio mundo hasta el apoteósico “Sabotage”) como en solitario (cualquiera de sus trabajos demuestra que siempre fue por delante del resto del rebaño, marcando los pasos a seguir), Mr. Osbourne ha dejado una huella imborrable en el mundo no sólo del Hard Rock o el Heavy Metal, sino en el de la música en general. Si ya con “Blizzard Of Ozz” sacudió la escena metálica de aquel entonces, para mi gusto este “Diary…” superó si cabe a su predecesor y consagró a nuestro personaje como uno de los máximos contribuyentes al género.
Desde el primer redoble de batería de Tommy Aldridge en “Over The Mountain”, la cual arrancaba de forma frenética el plástico, hasta la catarsis final con “Diary Of A Madman”, en el más puro estilo Carmina Burana, cada una de las piezas del disco son auténticas joyas en bruto. Mientras temas como “Flying High Again” (que no ha faltado desde entonces en su repertorio), el hímnico “You Can’t Kill Rock And Roll” o la excelente balada “Tonight” se presentaban como clásicos de entrada, otros como “Believer”, “Little Dolls” o el potente “S.A.T.O.” no desmerecen en absoluto el resultado final, y forman en conjunto una obra redonda y básica para conocer y entender el Heavy Metal de los 80. Y cómo olvidarnos de Randy Rhoads, un joven guitarrista en el que Ozzy confió desde un principio, y que de no ser por el fatídico accidente que le costó la vida seguro que hoy sería uno de los grandes de las seis cuerdas (sólo hay que ver el trabajo realizado en su corta trayectoria con Ozzy para darse cuenta de hasta dónde podría haber llegado, todo un talento).
Puede que este no sea el mejor trabajo de la doble O más famosa del heavy, ya que joyas como “Blizzard Of Ozz”, “Bark At The Moon”, “The Ultimate Sin” o “No More Tears” son de un nivel muy alto, pero lo que está claro es que siempre hay un disco al que guardas especial cariño (puede que sea porque fue el primero que me agencié), y este sin duda para mí es uno de ellos. Gracias por todo, Ozzy.
David Fernández “Bubba”
