A la hora de hablar de grupos malditos o de esos mal llamados “de segunda fila” no hay duda de que Riot pueden encasillarse muy agusto dentro de éstos. Y ello no deja de ser curioso, ya que si la mayoría de los eternos aspirantes a la fama suelen arrojar la toalla tarde o temprano, estos norteamericanos pueden presumir de llevar la friolera de un cuarto de siglo editando discos (desde el ya lejano “Rock City”, 1977), si bien el bueno de Mark Reale (guitarra) es el único superviviente de aquella primigénea formación.
Tras un paréntesis de cuatro años, comprendidos entre 1984 (año de edición de “Born In America”) y 1988, Reale reestructuró la banda, bien secundado por Tony Moore (voz), Don Van Stavern (bajo) y el actual baqueteador de Halford Bobby Jarzombek (batería), y juntos parieron lo que es todo un clásico y eterna fuente de inspiración de una incontable legión de speed/power-metaleros al uso que hoy por hoy reinan en el panorama heavy.
Y es que “Thundersteel” es a Riot algo así como “Painkiller” a los Judas, es decir, la esencia del grupo pasada por el filtro y elevada al cubo en lo que a revoluciones se refiere. No en vano sólo hace falta escuchar el inicio con el homónimo del disco, todo un trallazo hiperacelerado, de raspados vertiginosos sobre las cuerdas, doble bombo atronador y agudos por doquier (todo un clásico destroza-cogotes en las discos heavies de turno). “Fight Or Fall”, aunque de poderosos riffs, era algo más dinámico, decelerando en el estribillo y demostrando que en el power/speed metal también se puede jugar con la voz y resultar atractivo. De lujo.
“Sign Of The Crimson Storm” hacía las veces de medio tiempo, con un Tony Moore que nos demuestra su registro real por momentos y que sube tonos en el chorus como mandan los cánones. Y vuelta a la caña con “Flight Of The Warrior”, donde Bobby Jarzombek juega con los pedales que da gusto, Mark Reale se saca de la manga unas rítmicas y un solo difíciles de olvidar y mr. Moore te pone el vello bien de punta (perfecto, vamos). Después de esto es cuando, en líneas generales, viene el bajón. Pues no es este el caso. “On Wings Of Eagles” está diseñada y estudiada para que te dejes las cuerdas vocales intentando emular los alaridos estallacristales de Moore (yo lo he hecho -sin resultado, claro-). Y a continuación otra de mis favoritas (¿quién dijo relleno?), “Johnny’s Back”, de riff cabalgo-destripante a cargo de mr. Reale y con otro de esos estribillos para cantar en compañía.
Como descanso auditivo tenemos “Bloodstreets”, con comienzo de acústicas, que rápidamente rompe un riff eléctrico aunque controlado a cargo de Mark, de tempo lento y recreándose en la melodía vocal. Otro temazo, vaya. “Run For Your Life” retoma la caña del comienzo, con un Tony Moore esta vez más agresivo que chillón y otro de esos solos marca “reale”. Y la traca se cierra con “Buried Alive (Tell Tale Heart)”, algo más ambicioso que el resto (más extenso y detallista) y que, curiosamente, al igual que sucede con el inicio me recuerda al cierre del legado de Halford en Judas, “One Shot At Glory”, en plan colofón final (y digo ‘curiosamente’ porque “Painkiller” estaba por llegar).
A los degustadores de la banda en general y del disco en particular supongo que les habrá agradado ver esto por aquí, y a los desconocedores del producto en cuestión animarles a que se hagan con él sin pensárselo dos veces, puede que después miren con otros ojos ‘lo de ahora’. ¡Ánimo!
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David Fernández “Bubba”
