Lunes por la mañana, me voy a trabajar. Con toda la semana por delante, con un sueño encima considerable, alguna legaña y un poco de mal humor, me subo al coche. Voy tarde. Saco un cigarrillo, el primero del día, y me doy cuenta de que me he dejado el mechero en el comedor. Maldigo en voz baja. «Menudo día me espera», me digo, y empiezo a buscar el viejo Zippo de mi padre por el coche, a ver si hay suerte. Nada de nada, hasta que se me ocurre abrir la guantera. Entonces veo algo que no me esperaba: un disco. ¡La hostia! y eso que pensaba que lo había perdido, pero ahí seguía, olvidado. Tres, quizás cuatro años llevaba ahí dentro. Lo meto en el reproductor, y mientras salgo del garaje con “Shin Kicker” de fondo, aparece el sol y me pongo a sonreír de oreja a oreja. “Well, it’s a shin-kick morning / Gotta kickstart the day / Wind up my machine and I’ll be on my way…”
Elegir el mejor disco de Rory Gallagher es una tarea más que ardua. “Photo-Finish” es un disco bueno, muy bueno, pero “Rory Gallagher” (1971), “Tattoo” (1973), o cualquiera de sus insuperables directos le pisan los talones. Quizás éste no tenga la energía o el renombre de otros títulos de su discografía, pero los temas son excepcionales y muy variados. En mi opinión es un muy buen disco para empezar a escuchar a este genio de la guitarra, y constituye una significativa muestra de lo que es capaz.
Irlandés de toda la vida, el Sr. Gallagher no tuvo nunca ningún problema para empaparse de la música tradicional americana, del mismo modo que lo hicieron otros vecinos suyos, como el ínclito Phil Lynott. Guitarrista de rock con un ojo puesto en el blues, sus temas oscilan entre estos dos géneros y, muy importante, pone por delante a las canciones antes que a él. Con esto quiero decir que no os esperéis virguerías guitarreras al estilo Vai o Malmsteen (vade retro!)… Gallagher es “la música por la música”: los temas están pensados para que sean buenos, no para su lucimiento personal.
Y hablando de temas, este disco tiene unos cuantos bastante interesantes. Desde el rock and roll más fiestero de “Shin Kicker”, el blues sublime de “Brute Force And Ignorance”, la divertida “Cruise On Out” (parece sacada del tercero de Zeppelin, ¿a que sí?), el riffazo de “The Last Of The Independents”, el solo de “Fuel To The Fire”… y bueno, no hace falta ni decir que con “Shadow Play” el bueno de Rory acaricia el mismísimo cielo.
El disco está grabado en Alemania con Chrysalis Records, compañía británica bastante popular en la época y con mucho olfato. La correcta producción cede el protagonismo al trío formado por Gerry McAvoy (bajo), Ted McKenna (batería) y el bueno de Rory, que se ocupa de la guitarra, la voz, la harmónica y ¡la mandolina!. “Juke Box Annie”, el último tema, es un buen ejemplo de cómo usar este instrumento en el rock de forma discreta y correctísima.
Aparco el coche. Feliz como una perdiz, salgo, cierro y me dirijo al estanco, donde mi jefe me mira un poco sorprendido. No me dice nada por llegar tarde, creo que le he contagiado mi felicidad. Luego todo el día con “Cruise On Out” en la cabeza, tarareando, diciendo «buenos días» y dando conversación a los clientes. La mañana se me pasa volando, y cuando cerramos para ir a comer, mi jefe me vuelve a mirar con cara de estar alucinando.
– ¿Qué pasa? -pregunto.
– No sé si te has dado cuenta, pero no has fumado en toda la mañana… -me dice, y me doy cuenta de que lleva razón.
Ahora el que alucina soy yo. Le digo con socarronería que ya le contaré mi secreto, y mientras voy andando hacia el coche no paro de repetirme una frase: «este disco se merece una reseña».
Jaume «MrBison»
