Cuan agradecidos son los retornos de nombres emblemáticos, sobre todo si lo hacen a lo grande. Tal es el caso de los de San Francisco, co-propietarios de la etiqueta ‘Thrash Metal’, que salvo el paréntesis del directo “Another Lesson In Violence” del 97, fatídicamente el legado póstumo de Paul Baloff, llevaban sin meterse en estudio la friolera de doce años (“Force Of Habit”, 1992).
Y decimos a lo grande porque así es, tanto por la compañía que los avala, Nuclear Blast, como por el excelente trabajo que nos presentan, a lo que hay que añadir el furioso directo que todavía conservan, tal y como pudimos comprobar este pasado año en nuestras propias carnes.
Lo primero que salta a la vista es una cachonda y cuidada portada, sin duda la mejor de su carrera, y sobre todo uno de esos logos que a simple vista ya hablan por sí solos. Lo segundo y más importante, una vez en marcha el reproductor, comprobamos que el ex-Sabbat Andy Sneap, que de metal extremo en general y de Thrash en particular sabe un rato, ha hecho excelentemente su trabajo -tal y como hiciera con los ‘rejuvenecidos’ Kreator- y ha conseguido un perfecto equilibrio entre sonido añejo y producción actual. Chapeau.
La banda por su parte está como siempre (y como nunca), con los hachas Gary Holt y Rick Hunolt repartiendo riffs a diestro y siniestro y reinventándose a sí mismos de manera envidiable, la base rítmica conformada por Tom Hunting (batería) y el más nuevo Jack Gibson (bajo) sacudiendo de lo lindo y en su sitio (ese bajo a lo D.D. Verni!), muy bien parados en la mezcla, y un Steve “Zetro” Souza que parece el fruto de un matrimonio gay entre Brian Johnson y Bobby “Blitz” Elsworth. Una fiera.
“Scar Spangled Banner” es un comienzo tan brutal como irónico (¿la réplica a Jon Schaffer?), mientras que “War Is My Shepherd” parece la versión madura de “Fabulous Disaster”. “Blacklist” es tan sencillo como chocante, con un riff que se repite hasta la extenuación, pero con una base tan sólida y efectiva que respaldado por la guitarra solista consigue un resultado formidable. “Shroud Of Urine”, “Culling The Herd” o “Throwing Down” demuestran que Holt y Hunolt no son precisamente unos aprendices de su instrumento (vaya melodías!), y el mítico “Impaler” retoma la era Hammett de manera descomunal. Y para los poseedores de la edición digi-pack otra revisión de postre, ni más ni menos que del “Dirty Deeds Done Dirt Cheap” de los australianos por excelencia, AC/DC, que ya versionearan en su día y que de nuevo ha quedado de lujo.
Poco más que añadir, únicamente que si Baloff levantara la cabeza -a quien va dedicado el plástico, editado el mismo día de su muerte- estaría orgulloso de sus chicos.
Y pensaréis, ¿a quién puede interesar un disco como éste de una banda como ésta en unos tiempos como éstos? Esa es fácil: a cualquiera que siga apreciando la caña bien hecha, simple y llanamente. El resto puede seguir perdiendo el tiempo con el quincuagésimo nieto de Bathory y demás dudosas propuestas musicales. Y es que estas modas…
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Bubba
