SÔBER – Viernes 22 de noviembre de 2002, Sala La Rivera (Madrid)

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Era una de mis asignaturas pendientes desde que sacaron el “Morfología” en el año 2000. Disco que, por cierto, me parece exquisito. No había podido ir a verles hasta esta fecha y la verdad, anímicamente, no era un buen día y se me habían quitado todas las ganas de ir… Pero bueno, me aventuré hacia el Metro, pues había quedado con los coleguillas de RockTotal (súper fanáticos de Sober, por cierto…;-)). Bajo una lluvia de mil demonios nos dirigimos a la entrada de la Riviera, la cual contaba con una cola considerable. Así que allí, mojándonos y pelándonos de frío, esperamos con unos litros de cali y cerveza en la mano…

Al entrar, la sala esta completamente abarrotada de gente. Nunca pensé que iba a ser un concierto tan esperado. y la verdad, me alegré. Público de todo tipo, desde heavies hasta pijos, pasando por los modernillos de pantalones anchos, piercings y pelos de colores. A las 10 en punto, entre toda aquella expectación, comenzó a sonar la intro. Antonio, Jorge y Carlos ya se encontraban sobre el escenario, de espaldas al público, luciendo ropa negra y cabezas blancas… Alberto ya estaba también en posición, sobre la enorme tarima, baquetas en mano y comenzaron a sonar los primeros acortes de “La prisión del placer”. Todos, músicos y público, comenzaron a botar. La voz al principio no se oía bien, pero se solucionó eficientemente. Continuaron en seguida con “Animal”, con un comienzo de batería realmente impresionante. El juego de luces era perfecto, acompañando adecuadamente la música con los focos. “Despídete” sonaba después. Las características guitarras entrecortadas de la banda cobraban en directo una fuerza excepcional. Tras estas tres descargas, saludaron al público muy amablemente, aunque, en mi opinión, Carlos estaba un poco frío. Aun así, el siguiente tema lo dedicaron a todos los allí congregados: “Diez años”. Evidentemente, por ser uno de los temas más escuchados de su último disco, os podéis imaginar cómo se levantó el respetable. Creo que se les oía más que a la banda! Mientras les observaba detenidamente, no pude evitar acordarme de Metallica. Su puesta en escena es muy similar a la de los americanos (me refiero, claro está, a la época del Cunning Stunts).

Retrocedíamos ahora a su anterior disco, “Synthesys”, para hacer sonar “Vacío”, un tema que sonó muy intimista, con una voz preciosa y un estribillo envuelto en cálidas luces rojas. Siguieron con “Lejos”. Me dio la impresión de que sonaba un poco sucio, aunque el contraste con esa voz tan clara y tan limpia era genial. Presentaron ahora un tema del “Morfología” que “nos haría botar a todos”“Cubos”. Me dio la impresión de que no la conocía mucha gente, pero no me importó. Yo estaba disfrutando como una enana… No me gustaba, sin embargo, la actitud de los guitarras. Demasiado sosos. Tras “Sin embargo” y una pequeña parada, llegaba una sorpresilla: “Hemoglobina”. Y era sorpresilla porque no la habían tocado aún en directo. La verdad es que no me gustó mucho. La tocaron en acústica, sólo con las guitarras, así que sonaba un poco vacía, un poco seca (claro, yo esperaba los violines y todo…). eso sí, la voz sonaba increíble. Yo no sé qué tendrá este chico, pero cada vez que oigo su voz, me estremezco… Aun así, a la gente pareció gustarle mucho, pues no paraban de aplaudir y de gritar. Llegaba ahora uno de los momentos más aclamados y aplaudidos de toda la noche: “Arrepentido”. ¡¡Aquí sí que se oía más al público que a Sober!! Me encantó esa entrada potente de las sucias guitarras. Después “Versus”, que en la parte lenta, quizás, sonaba demasiado el bajo y la cañera “Si me marcho”. Otra cosa que tengo que decir que no me gustó era que paraban siempre entre canción y canción. No hubo ningún encadenado de dos temas y eso, quizás, cortaba un poco el ritmo.

Y con una entrada triunfal de la batería sonaba la desgarradora “Oxígeno” para descargar después la que yo creía toda su energía con “Mis cenizas”. Al comenzar éste, una explosión de fuegos anaranjados surgió al pie del escenario. La tocaron más rápida que en el disco y ganó muchísima presencia.

Con lo que vino después me quedé alucinada. Comenzó a sonar una tormenta, a la que se le empezaron a sumar los instrumentos poco a poco. La batería, un tanto tribal, sonaba demasiado alta junto al bajo, dejando los solos de guitarra, quizás, un poco bajos. Y para no perder el rollo, continuaron con la psicodélica “Eternidad”, entre las ovaciones y coros del respetable. Tanto gustó esta parte del concierto, que comenzaron a gritar el nombre de la banda sin dejarles apenas continuar. Tenía que ser un momento muy especial para ellos. Toda la Riviera gritando su nombre al unísono.

Y, desgraciadamente, la recta final. “Paradysso” y “Caída libre” sonaron impresionantes. El público estaba entregadísimo, la banda metió mucha caña y el sonido era excepcional. ¡¡Ahora sí que sonaban bien las guitarras!! Y ya, tras hora y media de concierto, el final: “Loco”. Las llamas rojas escondieron por un momento a los músicos y el juego de luces hizo que esta despedida fuese más apoteósica si cabe. Una explosión de confeti a lo In Flames acompañó a la aceleración total de aquel tema que llegaba a su fin. Al acabar, sin bises ni nada, la distorsión quedó estremeciéndonos los oídos (como Motorhead, pero sin dejarnos sordos).

Había sido un concierto excepcional. Quizá un poco fríos, pero desde luego, completamente correctos en ejecución, intensidad y fuerza. Mañana mismo iría a otro concierto de Sober…

Texto: Clara González Lobo (Kiky)