Tremendas ganas teníamos los foreros que acudimos (Metalian, Fridden, Little y el que suscribe) a la sala Caracol a disfrutar por primera vez (Opeth acudían en condición de novatos a Madrid debido a la cancelación de última hora de su actuación la gira anterior) del directo de una de las bandas más interesantes y originales que se pueden escuchar hoy en día, presentando su magnífico último disco “Deliverance”.
Aunque me habían comentado la perfección de esta banda en directo, tenía reservas debido a ciertos factores: la posible omisión de la multitud de detalles que adornan sus discos (sin los cuales su música se quedaría en cierta manera desnuda de tantísimo encanto), la longitud de sus temas más la multitud de partes lento-melancólicas son un aliciente en casa, pero en directo no sabía cómo iba a resultar finalmente. Todas estas dudas quedarían extintas, pero no adelantemos acontecimientos.
Con la sala Caracol casi llena (reventaría ya con Opeth) salieron a escena MADDER MORTEM, grupo del cual no conocía absolutamente nada y que me dejó una sensación de grave aburrimiento. Su propuesta puede parecer atractiva al intentar definirla: me recordaron a una mezcla entre los The Gathering primerizos, pero más metálicos en ciertas partes, con unos Lacuna Coil un poco más modernos.
Ausencia de solos de guitarra y ritmos cadentes más típicos del Doom escuela My Dying Bride (sin llegar a recordarme a éstos). Hasta aquí bien, pero las canciones en sí me aburrieron hasta decir basta; les presté bastante atención en un principio, pero mi mente se iba inexorablemente a otro lugar lejos de su concierto, llegando a provocarme literalmente sueño.
Su cantante (fémina, por cierto) tampoco ayudaba al asunto, intentando dar melancolía y/o agonía a los temas, pero soltando algún que otro gallo que le restaba una pretendida tensión a los temas. En definitiva, no me gustaron nada, aunque no deja de ser una opinión ya que a otros foreros no les parecieron tan aburridos como a mí. A su favor puedo decir que un par de temas me sonaron originales, aunque esto no baste para que su propuesta me resulte atractiva.

Pero lo grandioso estaba por llegar. Como decía, con la sala Caracol a reventar salían a descargar los suecos OPETH, con Mikael Akerfeldt en el centro a las voces y guitarra, Peter Lindgren a la izquierda en la otra guitarra, Martin Mendez a la derecha al bajo y, finalmente, Martin Lopez a la batería en un segundo plano.
Agonías que es uno, en un principio temblé al comprobar que el comienzo con “The Leper Affinity” (perteneciente a su álbum más conocido, “BlackWater Park”) sonaba bastante embarullado, ocultando los preciados detalles que completan una propuesta musical sencillamente perfecta. Es cierto que, debido a la caña del tema en cuestión y de estar aún comenzando el concierto, era previsible que el sonido no llegara a las cotas de calidad deseadas. No obstante, cuando pasaron los primeros 5 minutos de la canción y entrando ya las partes más pausadas con las voces limpias, aquello mejoró cualitativamente, llegando, ya por fin, a disipar cualquier duda sobre la por mi temida posibilidad de eclipsar mis pretensiones.
Recién terminado el primer tema, atacaron con “Advent”, de su segundo disco, “Morningrise”, y primer momento realmente álgido de la noche: es impresionante la precisión técnica del grupo, pero más impresionante aún es comprobar en vivo cómo puede sonar exactamente igual pero más potente, hasta el más mínimo slap de bajo (quien haya escuchado el tema sabe a qué momento entre los más de 13 minutos que dura el corte me refiero). No me repetiré más sobre lo que me maravilló este último detalle ( “y ahora viene.. ´tlín´ ”, no sé si me explico) pero es algo que no he escuchado con tanta nitidez en concierto a ningún grupo.
El siguiente tema sería “Deliverance”, tema-título de su último disco, siguiendo con la tónica de sonido + ejecución perfecta (o al menos lo que mis ojos lograron apreciar), llegando hasta el punto culminante en el último trozo de la canción dónde se repite de manera realmente hipnótica durante un par de minutos la misma parte, introduciendo ligeras variaciones en el disco y haciendo lo propio en directo respecto a éste.
Como curiosidad, me gustaría comentar que ha sido el primer concierto en el que he estado donde no ha habido ni un solo empujón en toda la sala; de hecho, prácticamente ni un salto. Era verdaderamente curioso lo parados que estábamos contemplando cómo se desarrollaban los temas; es la única vez en que unas butacas no me parece que hubieran desentonado (por increíble que parezca al escuchar las partes más brutas de la música de Opeth), pero éste era un concierto para contemplar y disfrutar. Me recordó al de Dream Theater en junio esta cuestión (no en vano, ambos grupos son progresivos, aunque muy diferentes entre si), pero llevándola un poco mas allá.
El concierto seguía maravillándonos con todos los detalles que he comentado y si a la repetida ecuación perfecto sonido + perfecta ejecución unimos las características de los temas de Opeth – que mantienen un esquema prácticamente invariable marca de la casa: partes duras, lentas, acústicas, eléctricas, voces limpias, guturales… que se da en casi todas sus composiciones pero combinados en todas ellas de diferente forma, logrando tener la facultad de ser sonar todos diferentes – tenemos como resultado la inutilidad de ahondar más en la descripción uno por uno de los temas ya que todos los comentarios los escribiría muy similares (lo cual si no he escatimado en elogios precisamente, pone de manifiesto lo que me transmitió este concierto).
De esta manera y viviendo momentos realmente mágicos especialmente en las partes acústicas, cayeron por este orden: “The Drapery Falls” (enésimo momento álgido del concierto), «Godhead’s Lament» (otro, y van… sobre todo en la parte del tema donde doblan melódicas guitarras con susurros de fondo; lamentablemente, único tema que tocaron del álbum “Still life”), “Credence” (único tema enteramente acústico, del álbum “My arms, your hearse”), “Bleak” (de “BlackWater Park”), “A Fair Judgement” (el otro tema que tocaron de su último disco, “Deliverance”), retirándose momentáneamente y regresando para acabar, como no podía ser de otra manera, con su mítico “Demon Of The Fall”, perteneciente también a “My arms, your hearse”.
En definitiva, yo salí con la sensación de haber asistido a algo realmente grande: un concierto especial muy diferente a todo lo que había visto. Es muy posible que esta reseña esté plagada de subjetivismo, me ha sido imposible ser únicamente descriptivo, pero…¿no te anima a escuchar algo de este grupazo?
Texto: Ricardo Arias “Sinner”
