La última vez que vi a Overkill -en el pasado Metalmania, para más señas- me prometí a mí mismo que cuando girasen en solitario como cabezas de su propio show me acercaría a verlos, y llegada la hora así hice. Lo curioso del caso es que en principio estaba programado ver a la banda de los irreductibles Bobby “Blitz” Ellsworth y D.D. Verni en la murciana sala Gamma, pero paradojas de la vida la gira nos pilló de viaje ‘catalino’, y allí que matamos al pájaro de un tiro. Bueno, en realidad fueron dos (así cuadra mejor el dicho, ¿no?), porque de paso tuvimos ocasión de presenciar la actuación de los power-metaleros Seven Witches, que vienen acompañándoles en esta última gira.
Y digo dos porque, si bien el paquete se completaba con unos terceros EVOLUTION, cuando hicimos acto de presencia en la mediana de las salas Razzmatazz (muy acogedora, por cierto) éstos estaban finiquitando su actuación con un correcto “Sad But True” (sí, la de esos), y una versión tampoco da para emitir un juicio válido. Lo que sí puedo afirmar es que el sonido no era del todo malo, aunque la asistencia a esas horas todavía dejaba mucho que desear. Un poco de barra fija, precios leoninos y a ver qué tal estos Seven Witches.
Y bueno… lo de SEVEN WITCHES es algo curioso. Tienen en sus filas a un guitarrista competente como es Jack Frost (Savatage, Metallium y demás fauna), actualmente el único miembro original de la formación, una voz privilegiada como la de James Rivera (Helstar), un bajista del carisma de Joey Vera (Armored Saint), que debido a sus tareas paralelas como productor ha tenido que ser sustituido por Dennis Hayes, y un batería contundente en la persona de Brian Craig, que me recordó muy mucho a aquel Rhino que suplió -y barrió- al mazacote de Scott Columbus en la época de “Triumph Of Steel”, pero aun así la cosa no acaba de cuajar. ¿Qué pasa, pues? Pues simple y llanamente que el power metal ‘painkilleriano’ que practican (no confundir con el épico-cansino) se hace demasiado lineal y aburrido, y a pesar de que individualmente se note la valía, las composiciones dejan bastante que desear (un poco de amor de madre no les vendría mal).
Como ya digo, James Rivera estuvo impecable a la voz, con ese timbre 80’s tan característico suyo (me recordó bastante al Mike Vescera de la era Obsession), y Jack Frost no paró ni un instante de incitar al respetable, pero según iban cayendo temas como “Metal Tyrant” o “Betrayed” me iba percatando de que lo que no me convencía eran los mismos, y contra eso… Al final la cosa se fue animando, y entre un más acertado “Mental Messiah” y algún que otro jueguecito con el respetable (que si amago con el “Run To The Hills” por aquí, que si jugueteo con el “Rock You Like A Hurricane” por allá…) acabaron con un aplauso generalizado en agradecimiento más por la entrega y la buena ejecución llevadas a cabo que por otra cosa. Tienen ya cuatro discos en el mercado, pero, y que me perdonen los fanáticos del grupo, por mi parte y hasta nueva orden van a seguir en la tienda.
Y llegados a este punto de la reseña me vais a permitir un… ¡¡¡DIOSES!!! Ejem, ejem… bien, vaya esto por delante para descargar un poco la euforia y para transmitiros que a partir de aquí voy a ser más subjetivo si cabe (positivamente hablando, claro), aunque dudo que hubiera algún alma que después de la actuación de los neoyorkinos OVERKILL saliera de la sala mínimamente defraudado (en ese caso sería eso, algún ‘desalmado’). Y es que, ¿cuándo se ha visto que ya en el segundo tema de una actuación se vitoree el nombre del grupo como si fueran los bises? Pues así fue, señoras y señores. El mastodóntico Tim Mallare ametrallando su kit como de costumbre (suena a eso, a metralla pura), el fortachón Dave Linsk cumpliendo como única guitarra solista, sin alardes visibles pero ejecutando los temas como son, y D.D. “Stallone” Verni y Bobby “Blitz” dando la cara y llevando en volandas al grupo, como viene siendo habitual desde los tiempos de “Feel The Fire” (qué tiempos).
El repertorio sensiblemente más largo a lo que vienen ofreciendo en festivales, pero con la misma intensidad y con la conexión que propicia una sala de estas características con el público. De lo más reciente no faltaron “The Battle”, el ya himno de nuevo cuño “Necroshine” o el nuevo “Killbox 13”, y de lo añejo fue empezar y no parar: “still we’re rotten to the core!”, dijo un Bobby Ellsworth que a la que te descuidabas tenía un cigarro en la boca -hasta que le vuelva a dar el jamacuco- y que no paró de corretear por el escenario, y la peña a cabecear, como si fuera una orden; “Powersurge” (!!!), el hímnico “In Union We Stand”, con agradecimiento expreso a los fans y puños al viento de éstos en respuesta, “Hello From The Gutter” (hello from all in hell!), los siempre descomunales “Elimination” –con mr. Ellsworth ametrallándonos imaginariamente- y “E.vil N.ever D.ies”, que nos dejaron literalmente en “Coma” (el pequeño problema de D.D. con su bajo en la intro arpegiada no empañó para nada un resultado brutal), “Infectious” -rescatada para la ocasión-, “Bastard Nation”, mini discurso incluido, un “Hammerhead” brutal a golpe de flash, iluminando las adrenalínicas poses del torbellino “Blitz” y cegándonos temporalmente y algún que otro que seguro se me escapa.
¿Más? Por supuesto. Bobby presenta a la banda en forma de despedida, y al llegar el turno de su eterno compañero de fatigas al bajo le presenta con un “mr. Fuck You, D.D. Verni”, con el consiguiente descojono del susodicho, que a la postre se arranca con el tema en cuestión y organiza un pogo en la parte opuesta en el que acabamos todos. En el interludio, y como viene siendo habitual, el mítico “War Pigs” de Black Sabbath, para rematar de nuevo con “Fuck You”, con todo el personal mostrando orgulloso el dedo corazón y Bobby Ellsworth sobrevolándonos las cabezas. Casi ná.
No me canso de decirlo, Overkill (u Over Kill, como gustéis) es a día de hoy de las pocas formaciones que pueden presumir tanto de juventud –flaming youth, como dirían aquellos- como de veteranía, y ver uno de sus shows es todas y cada una de las veces una baza segura, y pese a que tampoco puede decirse que sus trabajos sigan gozando de la brillantez de antaño, asistir a uno de sus conciertos se me antoja casi como tarea obligada, tanto para fans –pero, ¿queda alguno todavía?- como para el público general que quiera ver tablas, entrega y grandes dosis de adrenalina, todo al precio de uno. Pero claro, siempre habrá unos Helloween o unos Rage a los que ver preferiblemente (el día anterior en la grande de las Razzmatazz, para más señas), aunque los tengamos por aquí cada dos por tres. Allá cada cual.
Y así, con una sonrisa de oreja a oreja y con alguna que otra foto de recuerdo nos vamos a seguir descubriendo la noche barcelonesa como el que no quiere la cosa. Y es que Barcelona es bona… si la tralla sona!
Texto y fotos: Bubba

