FITO & FITIPALDIS – Viernes 23 de enero de 2004, sala Aqualung (Madrid)

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“Hay poco Rock and Roll”

Quien me conoce, o ha leído las reseñas de los discos de Fito en esta página, sabe que tengo (o tenía, no sé) especial debilidad por este personaje y su grupo, pero tras contemplar lo de anoche se me han venido abajo los palos del sombrajo. Se agotaron las localidades varios días antes, aunque la mía podría haberla revendido sin ningún problema, porque pagar 18 euros por asistir a la birria de concierto que soporté anoche, no vuelvo a hacerlo en la vida.

Aparte de la actuación, que me pareció flojísima y ahora relataré por encima, la conclusión que saqué de lo que ví es que este público, en general, tiene un nivel de exigencia mínimo. Me resultó patético ver como la gente se conformaba con el pobre espectáculo musical que se ofrecía desde el escenario. Media de edad en torno a los 20-22 años, sin el más mínimo sentido crítico. Parecía cualquier actuación de El Canto del Loco o uno de esos, para que os hagáis una idea, y esa fue la primera bofetada de la noche. Hubo un momento en el que me planteé qué coño pintaba allí, lo juro (en “Rojitas las orejas”, para ser exactos). Yo había ido a ver otra cosa.

La actuación me pareció pobre. Los músicos estuvieron correctos, sin más, con muchos fallos (normales, aunque quizá hubo más de lo que sería aconsejable en un grupo que cobra 18 euros por la actuación). Hubo poca improvisación y pocos arreglos para el directo, o al menos yo esperaba algo más, aunque sí hubo algunos momentos brillantes en este sentido, como la inserción del estribillo de “Todo a cien” de La Cabra Mecánica en una de las instrumentales, o la magnífica ejecución de “Alegría” otra instrumental para los bises.

El resto de repertorio incluyó temas de sus tres discos, con especial presencia del último, como es lógico, pero con algunas ausencias notables de éste, como “Feo” (pedido por el público en varias ocasiones), o “Corazón oxidado”. Los temas quedaron, en general, sosos, sin feeling, como si fuera un grupo de canciones más que una banda de rock and roll/blues-rock o como él quiera llamarlo. Eso sí, las criaturas que abarrotaban el recinto (yo debería ser el más viejo, fijo) llegaron al éxtasis cuando tocaron “Soldadito marinero”, con varios llantos de emoción a mi alrededor (más producto de la graduación alcohólica que de lo bien que lo hicieron). Alguien me dijo en ese momento que era la canción que ponían en los 40… será por eso entonces.

Tampoco metieron ninguna de Platero, ni siquiera un mísero riff. Y no es que diga yo que tuvieran que hacerlo, es que también se pidió con insistencia en determinados momentos. Claro, que era un grupillo de unos 10 o 12 que andaban por allí, a quienes los demás miraban como preguntando qué era eso que gritaban. Curiosa estampa. Como curioso fue también que terminaran la primera parte y el público no les llamara para que volvieran a salir, vamos, que salieron porque lo exigía el guión, porque la gente estaba prácticamente en silencio.

De sonido anduvo la cosa también bastante desigual. La caja de la batería solo se escuchó en los bises, los niveles de las guitarras se descompensaban en cuanto Batiz saturaba la suya, y cuando sonaban las dos limpias aquello era un batiburrillo típico de los peores momentos de la historia de Los Secretos. El bajo no se escuchó en el mini-set acústico que se montaron, y la voz (sobre todo al principio) estuvo también bastante tapada. Y en cuestiones luminotécnicas… mejor ni hablamos. Paupérrimo.

En fin, que está bien eso de salir en los 40, no digo yo que no, vender muchos discos y ser carne de la masa amorfa da dinero, y si además sabes que vas a llenar y pones las entradas (sin telonero, por hora y media) a ese precio, me da a mí que el negociete está empezando a hacer mella en el alma rockera del de la gorra.

Fito, lo dicho, algo más de Rock and Roll hubiera estado bien para subir la calidad del evento, aunque quizá hubiera ‘espantao’ al acné juvenil, y quizá (solo quizá) esa sea la clave. Sinceramente, me esperaba bastante más.

Grupo: 2/5

Público: 0/5

Texto: Alvar de Flack