La vida de Dokken (el grupo) ha estado llena de idas, venidas, altos y bajos, guitarristas que entran y salen (George Lynch, Reb Beach, John Norum), bajistas que se realquilan en otros grupos (Jeff Pilson), discos buenos, aceptables y mediocres, disputas por ser el centro del universo… En fin, que no es precisamente un ejemplo de estabilidad, ni física, ni emocional, ni artística.
Pero parece que en este momento se encuentran en uno de esos picos altos de creatividad y buen rollo, porque “Hell to pay” es un gran disco. Recuperan muchos sonidos de los que les hicieron grandes en los ochenta (“Don’t bring me down”), prueban con otros mucho más actualizados (“The last goodbye”), coquetean con armonías casi grunge (“Escape”) y se acercan a sonidos que en principio podrían parecer alejados, caso de “Better off before” que recuerda a Conception tanto en la forma de cantar como en la evolución del tema, además de tener un muy buen solo de guitarra.
Esta vez acompañan a Don Dokken el batería de toda la vida, Mick Brown, el bajista Barry Sparks y el guitarrista ex-Warlock John Levin, quien hace un magnífico trabajo de guitarra, como ya viene siendo habitual en un grupo por el que han pasado grandes instrumentistas como George Lynch (en la formación original y en “Dysfunctional” del 95), Reb Beach (“Erase the slate” del 99) o John Norum (“Long way home” de 2002).
Don Dokken sigue con la misma poca voz de siempre, pero apenas se nota en un disco que es muy variado, con un buenísimo sonido (me encanta la profundidad del bajo) y que debería devolver a Dokken a la primera división del rock mundial, pero vista la competencia se antoja empresa difícil.
Alvar de Flack
