W.A.S.P. + DRAGONFORCE + DYECREST – Jueves 10 de junio de 2004, sala Industrial Copera (Granada)

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Ya han sucedido bastantes cosas en el mundo de la música desde que las huestes de Blackie Lawless se asomaran por nuestro territorio por primera vez. Fue en los primeros días de diciembre de 1986, presentando su tercer disco, “Inside the electric circus” (1986), abriendo para Iron Maiden en Barcelona (día 1) y en Madrid (días 2 y 3). Incluso aparecieron tocando en el programa televisivo “Tocata” (si no recuerdo mal, tres temas). Las posteriores venidas de los americanos fueron en la gira de los discos “The crimson idol” (1992), “Kill, fuck, die” (1997), y “Helldorado” (1999). Así que había expectación por ver de nuevo a la banda que ha escandalizado a muchos/as puritanos/as norteamericanos/as.

En esta ocasión venían acompañados por dos jóvenes formaciones europeas pertenecientes a su sello discográfico, Sanctuary Records. Grupos de los que no había tenido la oportunidad de escuchar anteriormente ningún tema.

Al presentar tu entrada en la puerta del recinto te hacían entrega de un obsequio, una camiseta del pasado festival Atarfe Vega Rock, ¿liquidación de existencias?. Todo un detalle por parte de los organizadores, la promotora BR Music. Yo, como tenía el pase libre (gracias a los promotores), no pillé zamarra. Aunque al final del concierto Beatriz y Nico me regalaron una de las suyas. ¡Muchas gracias, pareja!

Cuando los fineses power metaleros DYECREST salían al escenario a las 21.30 h., el recinto estaba ocupado, más o menos, en un tercio de su aforo. El sexteto que grabó y editó su primer disco, “The way of pain”, a principios de año por Noise Records, fue uno de los tres ganadores del concurso “Young Metal Gods” para bandas sin contrato discográfico, organizado por el sello alemán. Y lógicamente, los seis temas que tocaron (en menos de 30 minutos) pertenecían a dicha grabación. Como hecho llamativo, decir que en el grupo hay tres guitarras (Henri Arola, Pirkka Ohlis y Matti Pasanen) y la batería de Niko Takala era electrónica.

El apoyo en voces era hecho por dos de los guitarristas, en ocasiones haciendo los coros con voces guturales. Después del primer tema y un “¡Gracies!” del rechoncho Janen Oksanen (que utilizó la tarima, donde luego incrustarían el pie de micro de Blackie Lawless, para posicionarse, al igual que en algunas ocasiones los guitarras para hacer sus solos), se sucedió el primer corte del disco, “For All The Weak”, seguido de “Lost Faith”“The Game” (con Oksanen dando palmas al comienzo, para que la gente lo siguiera y abandonando el escenario por un instante en los guitarreos de sus compañeros).

El vocalista, para animar al respetable, preguntaba si queríamos más, para pasar a hacer “Last Man Standing”, tema que destacaría, para mi, de su actuación. Se despidieron con otro tema de su debut discográfico del que no pude pillar el título y en la que el guitarrista del pañuelo en la cabeza se subió a la tarima, haciéndonos creer que haría un solo, pero fue simplemente para marcarse una posturilla para la concurrencia.

Los finlandeses me parecieron otro grupo más de Power Metal de los muchísimos que abundan. Tocan bien y se entregan, pero con poco más que destacar, y eso hoy en día no te lleva a ninguna parte. Si siguen por esa línea no creo que dejen su huella en la música y será difícil volverlos a ver por este país.

Tan sólo veinte minutos de espera (cerca de las 22.15 h. y ya con bastante más público en la sala) empezó a sonar una intro con voz en off para presentar a los ingleses DRAGONFORCE.

La pareja de guitarristas formada por Herman Li (nacido en Hong Kong) y Sam Totman fueron un ciclón durante toda su actuación, tanto en su forma de tocar (a velocidad de vértigo), como moviéndose por el escenario, ocupando repetidas veces la tarima para ejecutar sus speedicos solos, acompañados por la veloz base rítmica de Adrian Lambert (bajo con seis cuerdas) y el baterista David Mackintosh (ex Bal Sagoth).

Basaron su repertorio en temas de sus dos únicos discos, “Valley of the damned” (2003) y “Sonic firestorm” (2004), cayendo después de la primera “Black Winter Night” (pidiendo palmas, como en la anterior, el vocalista ZP Theart). El seis cuerdas de rasgos orientales y larguísima cabellera se ocupaba también de los coros. El cantante desde la tarima hacía la presentación en castellano: “¡Granada, somos Dragonforce desde Londres!”, para dar paso a “My Spirit Will Go On”.

Las teclas de Vadim Pruzhanov por fin se escuchaban (no sé muchas veces para qué llevar teclados si luego en directo apenas se oyen), y daban comienzo (y descanso auditivo ante las “tropecientas” millones de notas por segundo de sus canciones) a la balada “Starfire”, aprovechando el baterista para abandonar su kit electrónico (el mismo que Dyecrest) durante un momento. Cuando el vocalista estaba agachado cantando y Herman Li se acercó con su guitarra a él, enredó el rizado pelo de aquel con el mástil de la guitarra, solucionando el problema rápidamente.

ZP comenzaba a cantar el típico “oeee, ,oeee, oeee…”, haciéndose acompañar por el público y ser el preámbulo de la última de su actuación, “Valley Of The Damned”. Acabando los dos guitarristas agarrando y tocando el mástil de su compañero. El frontman terminaba diciendo: “¡Muchas gracias, somos Dragonforce!, ¡hasta pronto!”

A tenor de la respuesta de la gente gustaron bastante. A mi me parecieron horribles. Excepto la balada, todas las canciones eran muy parecidas, Power Metal actual tocado a todo trapo. Mucha técnica, sobre todo de los guitarristas, pero de qué sirve tanta técnica y tanto chorro de notas si suenan mecánicamente, con nada de sentimiento. En los primeros temas estuve por las primeras filas sacando fotos, y salí con la cabeza embotada del sonido de las guitarras, llegándolas a asemejar con una caja llena de miles de grillos sonando a la vez. Si esta es una de las bandas del futuro del Heavy Metal en Europa… por favor, que no cuenten conmigo para seguirlas.

Después de los “masturbamástiles” ingleses era una delicia para mis oídos escuchar la música de Rush que sonaba durante la espera para los cabezas de cartel. La sala ya hasta los topes, siendo complicado acercarse a primeras filas, ya que apenas había hueco por donde pasar entre la gente. No obstante, logré colocarme en las primeras filas de la izquierda del escenario, según se miraba. Destacando en las tablas el espectacular pie de micro y dos paneles con la portada del último disco a ambos lados de la batería. Mención especial a los pequeños carteles que había colgados en determinadas partes de la sala pidiendo a la gente que no fumara en la actuación de W.A.S.P., petición que no todo el mundo cumplió, y es que en España no es habitual ver eso. No estaría nada mal que se tomara como norma.

Transcurridos alrededor de cuarenta minutos, desde el final de los anteriores, se cortó la música de ambiente y comenzó a sonar (grabado) “Overture”, como así comienza “The Neon God – Part One: The rise”. Mientras sonaba la introducción salieron los cuatro americanos, poniéndose los tres cuerdas mirando hacia la batería de Stet Howland (ligado a la banda, en mayor o menor medida, desde el disco de 1992) y girándose cuando era el momento de tocar en vivo el comienzo, con un medley (o popurrí – palabra más fea) de temas clásicos de la banda, como vienen haciendo habitualmentedesde hace años: “On Your Knees”“Inside The Electric Circus”“Hellion” y “Chainsaw Charlie (Murders In The New Morgue)”.

La gente como loca cantando los estribillos, especialmente en la última. Lawless meneando el gran pie de micro como un junco (¿aguantaría?). Haciendo los coros Howland (con pequeño micrófono inalámbrico enganchado a su cabeza), el bajista Mike Duda (a la izquierda) y el guitarrista Darrell Roberts (derecha), estos dos con mucha movilidad, especialmente Duda, encaramándose a la baranda de la izquierda, y cambiando posiciones con el ex Tuff/Alcoholica.

El líder indiscutible de la formación se dirigía por primera vez a nosotros (apenas lo hizo a lo largo del concierto) y nos pregunta cómo estábamos, comentando que iban a patear nuestros culos. Los años pasan por todo el mundo, y para Lawless (de nombre verdadero Steven Duren) no es una excepción, cara hinchada y enseñando “michelín” por la camiseta del grupo que llevaba puesta, pero llena el escenario con sus poses, cuando señala, cuando mira, cuando se arrasca la cabeza por atrás… todo carisma e historia del Heavy Metal. “L.O.V.E. machine” nos hacía disfrutar de nuevo cantando, especialmente el estribillo, y a los que vivieron la época de su primer disco acordarnos también del vídeo que pasaron en el programa musical de televisión “Tocata”.

El salvaje, polémico y sexual “Animal (Fuck Like A Beast)” fue acompañado por palmas en su comienzo y Duda girando como una peonza con su bajo durante un instante. Desde donde me encontraba situado el sonido en toda la actuación no fue muy nítido, luego me comentaron que tampoco en otros lugares de la sala.

Seguían a lo seguro, con sus temas más conocidos, en este caso el turno le tocó a “Wild Child”, con Lawless asido a las empuñaduras del pie de micro balanceándolo al final.

Nos presentaban el nuevo disco con dos temas, “What I´ll Never Find” y “Sister Sadie (And Her Black Habits)”, y ni punto de comparación con las respuestas que tuvieron los viejos temas. En la primera, hay protagonismo para Darrell Roberts (en el grupo desde la gira del “Unholy terror”), quedándose solo en el escenario para hacer un correcto solo. Luego salen y Blackie da las gracias y lanza un beso, nombrando después al guitarrista. En la segunda percibo los coros con muchas voces, nítidos y perfectos, ¿grabados?. Al final del tema Howland de pie (como en otras ocasiones) y Lawless de espaldas al público.

Llegamos, quizás, al momento más inolvidable del concierto con la emotiva “My Tortured Eyes”, del “K.F.D.” (1997), disco incomprendido y atacado injustamente por muchos por salirse del típico sonido del grupo.

El vocalista se despojó de su guitarra con el logo de los Raiders y comenzó a cantar, meneando el artefacto y subiéndose a él, con las luces apagadas y untándose crema fluorescente por los brazos y cara, creando un efecto alucinante, cantando con su piel de color verdoso en todo lo alto, balanceándose, llegando a embadurnar también la calavera. Se bajó e iba arrastrándose de rodillas en la tarima, pareciendo un auténtico demonio. De nuevo en todo lo alto, para seguir con sus brazos el batir de la batería y aferrándose a la calavera. Fenomenal espectáculo sin gastar mucho dinero, exceptuando lo que cueste el armatoste calavérico, claro.

Ya con más luces, Blackie sin guitarra y sin apenas respiro, enlazaron con la versión de The Who, “The Real Me”. Tema que me gusta como lo interpretan, pero yo hubiese preferido que hubiesen hecho uno de los suyos del “Headless children” (por ejemplo el tema título, “Mean man”… ). Para finalizar el apabullante “I Wanna Be Somebody”, lanzando el frontman agua hacia la gente y una toalla blanca que previamente había utilizado para secarse brazos y cara. Ya a estas alturas lo noté justo de voz, aunque era bien apoyado por todo el público. Howland acabando de pie mirando hacia el techo. Abandonaban sobre las 00.30 h. con un “Good night!” del alto cantante.

Con la puerta de los camerinos cerrada temí que no volvieran, días antes habían suspendido un concierto por enfermedad de Lawless. Menos mal que a los cuatro minutos salían de nuevo ante la insistencia de la gente y tocaban la gamberra “Blind In Texas”.

¿Y el medley acústico de temas del “The crimson idol” y “Sleeping (in the fire)” que venían haciendo en la gira?, nada, iluso de mi, pensé que lo mismo habían cambiado el orden, pero nada, nos quedamos con el set list recortado. Bueno, volviendo al último y único tema del bis, decir que hicieron un paroncillo, con sonrisa pícara del vocalista. Roberts había cambiado de guitarra. La gente entregada vociferando, de nuevo Blackie en lo alto del pie de micro y el bajista lanzando agua por su boca cual fuente. Así que cerca de las 00. 45 h. nos daba de nuevo las buenas noches y que nos veríamos pronto.

Era la primera vez que tenía oportunidad de ver a W.A.S.P. y disfruté pudiendo ver y escuchar los temas clásicos, así como al gran Lawless (que cumplió a la perfección) y a sus buenos acompañantes. Lo malo fue la duración del concierto, por el precio que tenía se podían haber explayado con unos cuantos temas más y haber tocado el set acústico. Apenas arriesgaron con temas recientes, sin recordar nada de últimos discos (“Unholy terror” – 2001 y “Dying for the world” – 2002). Concluyendo, buen concierto, pero escaso en su duración, y eso que los norteamericanos no son noveles y tienen suficiente material para tocar.

P.D.: Agradecer una vez más la inestimable ayuda de la promotora BR Music por acreditarnos. Esperemos que sigan con su buena labor de traer por el Sur grupos de Rock y Heavy Metal.

Texto y fotos: Starbreaker