Lo prometido es deuda y, aunque con un año de retraso, el bueno de Bob al final se acercó por estas tierras cordobesas. Lo que no pudo mantenerse fue el recinto y se cambió la plaza de toros por las instalaciones deportivas del Fontanar. Qué triste es que los músicos vayan mendigando lugares donde ejercer su profesión. Quizás el señor Chávez, presidente de la Junta de Andalucía y presente en el evento, haya tomado nota aunque creo que va a ser que no. De todos modos lo importante es que, sea donde sea, se ha demostrado que este tipo de acontecimientos son interesantes para la ciudad (mas de 6.000 almas) y que no debería ser algo aislado. La presencia de Dylan en el prestigioso festival de la guitarra de Córdoba, hay que verlo como algo positivo y como un camino a seguir para futuras ediciones.
Antes de hablar de Bob Dylan me gustaría hacer un par de apuntes. El primero sobre el público. En mi vida he visto un público peor. Gente más preparada para la ópera que para un concierto de Rock. Un público parado, ignorante y protestón, incapaz de disfrutar con el tremendo espectáculo que se le ofrecía y que deslució bastante el buen concierto del americano. ¿Para eso no es mejor quedarse en casa con el “deuvedé”?. Gente pidiendo a gritos que Dylan tocase la guitarra o que te miraban mal si bailabas un poco. ¡Alucinante!
El otro apunte es la elección del ¿grupo? telonero. No seré yo el que le discuta a la señorita Amaral sus aptitudes como vocalista, pero con Bob Dylan no pegaba ni con cola. Además la lesión de su compañero hizo que diera un show acústico que, visto la avalancha sónica que vino después, fue como echar un vaso de agua en el océano. Sinceramente, para abrir este concierto se me ocurren un millón de bandas antes que la petarda de Amaral. Supongo que el comercio obliga.
Pero dejémonos de tonterías y vayamos al grano. Un grano de más de dos horas del mejor Rock And Roll que pueda verse en estos tiempos. Puntual como un reloj suizo, a las diez de la noche salía el de Minnesota, totalmente de negro, con su sombrero de cowboy y esa cara de enterrador esculpida con un martillo pilón. En una esquinita le esperaba su teclado del que no se separaría ni un minuto en todo el concierto y que fue, como hemos dicho, motivo de protestas de algún que otro individuo. Acompañado por una banda de tres pares de cojones, que para mí fue lo mejor de la noche, formada por el bajista Tony Garnier, el batería George Receli y los estupendos guitarristas Larry Campbell y Stu Kimball, Zimmerman fue fiel a sus ideas y repasó su extensa carrera con excentricidad y buen gusto. Si la gente le pedía clásicos él respondía con coplas menos conocidas o, sencillamente, cambiaba las canciones de manera que las dejaba irreconocibles. “I Shall Be Release”, “Lady Lay” o el bis con “All Along The Watchtower” sonaron distintas pero deliciosas. Paseándose por el Country, el Hard Rock setentero, el Blues o la música de raíces americana poco queda del Dylan esquelético con su guitarra acústica al hombro que el público demandaba. ¿Acaso esperaban al Dylan de 1968?. Impagables los momentos con la armónica, el uso del steel guitar o poder oír la insuperable voz rasgada de Dylan. Un placer para los oídos. Sinceramente hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto de un concierto.
Dylan es un caso clínico de antipatía y supongo que el escueto “gracias” que nos dedicó antes de los bises hay que tomárselo como un gesto inaudito, aunque éramos nosotros lo que teníamos motivos más que suficientes para estarle agradecido por la soberana lección de Rock que sobre el escenario habían dado él y su banda.
Desgraciadamente todo tiene su fin y a las dos horas el viejo Bob se fue para no volver. A mí no me importó, yo no fui de aquellos que sólo fueron a “analizar” todos los detalles y a quejarse como viejas desdentadas, yo fui a disfrutar y os puedo jurar que disfruté como un enano. El camino de vuelta a casa lo hice con una sonrisa de oreja a oreja, y con la sensación de que lo que había visto no iba a olvidárseme jamás.
Texto: Pedro Salinas “Pears”
Fotos: Concierto de Motril (Granada) por Merche S. Calle (IndyRock)
