De todos los festivales que organizan en España, éste Rock in Madrisss es el que más me atraía. El cartel, inconmensurable, y con el añadido de tenerlo al lado de casa. En contra, el sofocante calor que soportamos en Madrid en esas fechas, y el recinto, la Plaza de Toros cubierta de Vistalegre, conocida por su mala sonorización y que, para colmo, en estas fechas se transforma en un horno en el que todos los presentes nos íbamos a cocer vivos.
La fecha no era buena, ya que Madrid se suele vaciar en período vacacional, dato que sin duda restó poder de convocatoria al evento. Al menos, el acceso al laberinto de calles en el que está incrustado el pabellón fue mucho más liviano que en otras ocasiones. Por ese motivo llegamos muy pronto, aparcamos en la puerta y tras un tropezón en el Museo del Jamón nos pusimos en la cola, bajo un sol de justicia. Afortunadamente, las puertas abrieron pronto y no tardamos en acceder al recinto. Pronto pudimos comprobar que dentro hacía aún más calor que fuera.
Elegimos una buena ubicación, y a esperar…

Son una de nuestras debilidades. Su rock setentero y directo nos ha encandilado en más de una ocasión, así que estábamos deseando ver cómo se desenvolvían abriendo para el resto de estrellas del festival. Salieron pronto, con menos de medio aforo aún en el Palacio, y con un calor digno de una sauna finlandesa. Pero a estos chicos les da igual un gran Pabellón que un pub de 50 personas, se comen lo que haga falta.
Con el trocito de escenario que les dejaron y sin grandes aspavientos, arrancaron con “Another Swindle From The Box”, y desde el primer acorde demostraron que habían salido a por todas. El sonido no era muy bueno, pero teniendo en cuenta su posición de teloneros y las limitaciones de la sala, tampoco era deplorable. Siguieron con “Long Time Coming”, y para entonces ya habían captado la atención de todos los presentes, aprovechando su oportunidad de darse a conocer ante una audiencia muy superior en número a la habitual en sus actuaciones. Su forma de entender el rock, además, es muy compatible con el resto de formaciones del cartel, lo que ayudó a que los comentarios que se oían por las gradas fueran totalmente positivos hacia la banda de los hermanos Muñoz.
Un pletórico “You Shoot ‘Em Down” terminó por enganchar a aquellos que no les conocían, aunque quizás por la sorpresa o por desconocimiento, no consiguieron una entrega del público como la que consiguen habitualmente. Inasequibles al desaliento, su concierto iba subiendo en intensidad, continuando con uno de sus mejores temas, “Anything You Want”.
Habiendo captado la atención del público, Jorge Muñoz presenta el siguiente tema, “Stone Cold Fever”, versión de Humble Pie incluida en su último disco “Underdogs & Outsiders” sobre el cual basaron su actuación. Jorge dedicó el tema a Greg Ridley, bajista de los propios Humble Pie, que colaboró en la grabación de la canción para este disco de Tea. Haciendo honor a sus influencias setenteras, el tema es alargado con dos extensos pasajes guitarreros a cargo tanto de Jorge como de su hermano Enrique.
Desgraciadamente, debido a su posición de teloneros debieron recortar su habitual set-list hasta los 30 minutos, finalizando su show con la rocanrolera “Moving Round”, con la que nos dejaron un grandísimo sabor de boca.
Los comentarios sobre su concierto fueron unánimes, al menos en el área en el que yo me movía: Pedazo de grupo y pedazo de actuación. También coincidíamos todos en que en directo dan un rendimiento mucho mayor que en disco. Esperamos volver a tomar pronto otra taza de Tea.
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En Estados Unidos son grandes, pero Europa es su asignatura pendiente. Y si su popularidad más allá de los Pirineos es de Suspenso, en la piel de toro es de Muy Deficiente. Salvo honrosas excepciones, su nombre baila entre no les conozco y creo que he oído algo de ellos, pero a pesar de ello se intuía en el ambiente ganas de ver por qué los yankees les tienen en tanto aprecio.
Y no defraudaron, aunque tuvieron que lidiar con un sonido aún peor que el de Tea, quizás el peor de la noche. Pero les sobran carisma y tablas para no pasar desapercibidos.
Abrieron con “Hello There”, y de salida ya sorprendieron con una de las famosas guitarras de Rick Nielsen, con forma de persona. Demostraron tener un sonido en directo más rockero que en sus discos, asemejándose en gran medida a Slade, lo que no supuso mucha ruptura con el anterior concierto de Tea. Continuaron con “Big Eyes”, no sin antes cambiar las guitarras, algo que se convirtió casi en una constante en su actuación.
En el tercer tema, “I Want You To Want Me”, ya se tenían ganado al público, que había ido entrando durante la actuación de Tea y el intermedio, hasta completar ¾ del aforo. El tema, muy rocanrolero, levantó los ánimos (y las palmas) del público muy por encima de mis expectativas antes del concierto. Los temas se sucedían: “Dream Police”, “Ain´t That A Shame” (versión de “Fats” Domino), “My Obsession”, “The Flame”… estamos ante un grupazo, y muchos lo estaban descubriendo ese día.
“If You Want My Love” tuvo una aceptación especial, con un estribillo muy logrado que es coreado por gran parte del público. El grupo se muestra encantado por el recibimiento madrileño, y muestra una simpatía y cercanía con la gente cuando menos sorprendente en una banda casi desconocida en nuestros lares. Rick Nielsen incluso saca una cámara de fotos y empieza a hacer instantáneas del público, antes de empezar a tirar púas a puñados entre las primeras filas. Después desaparece entre bastidores y vuelve con una guitarra… de 5 mástiles!! Lo nunca visto!. Con ella interpretan “Surrender”, uno de sus clásicos, y en ella Rick Nielsen se preocupa, además de soportar el gran peso que debe tener semejante monstruo, de tocar con cada uno de los mástiles para demostrarnos que no eran de pega. Todo un espectáculo.
Como no podía ser de otra forma, cierran con “Goodnight” y nos dejan un muy grato sabor de boca, tras 40 minutos que no dejaron impasible a nadie.

He perdido la cuenta de las veces que he disfrutado de Status Quo en directo. Y siempre he salido totalmente satisfecho, así que me he hartado de recomendarlos a todo bicho viviente. Estaba convencido de que iban a ser los triunfadores de la noche, y no me equivoqué.
Se apagaron las luces, y un sonido grave introductorio sirvió para que Francis Rossi, Rick Parfitt, Andrew Bown, John “Rhino” Edwards y Matt Letley tomaran posiciones. Si hay algo seguro en un concierto de Status Quo, es que el tema que abre el show es… “Caroline”, y efectivamente así sucede. Todo Vistalegre lo recibimos con un clamor, y un segundo después todos estamos saltando y botando, tanto en la “arena” como en las gradas, y así sin pausa hasta el final del concierto. Vamos, como siempre.
La calidad de sonido había cambiado diametralmente, y afortunadamente ahora era mucho mejor, sin duda el mejor de la noche.
Lo de Status Quo en directo es así, y el que aún no lo haya probado debería hacerlo. Mis compañeros de concierto (Starbreaker, Ramiro “Motorhead”, Israel y Clara “Kikyblack”), neófitos en esto de ver a Quo en directo, me miraban cómplices de vez en cuando diciendo “pues tenías razón” por toda mi insistencia sobre el grupo en cuestión.
Y sobre el escenario, lo estaban bordando. No sólo el sonido había mejorado notablemente, sino que el juego de luces estaba a pleno rendimiento, con numerosas vari-lights perfectamente coordinadas.
Para aquellos que nunca hayan visto a la banda en directo, decir que son muy dados a hacer medley con varias canciones, impidiendo que el ánimo decaiga en ningún momento. Así cayó un impresionante “Something ´Bout You Baby I Like”, “Break The Rules”, “Forty-five Hundred Times”, “Rain”…
Al grupo se le nota a gusto, y yo me empiezo a preocupar por los cimientos de la Plaza de Toros, ya que no es habitual ver a todo el graderío de pie sin parar de botar y dar palmas durante una hora seguida.
Si aún había alguna duda del triunfo total de Status Quo en aquella calurosa noche, “Hold You Back” terminó de disiparla, con una brillantísima interpretación a cargo de 5 músicos y un coro de miles de personas, que continuó con un no menos aclamado “Rolling Home”.
El toque exótico llegó cuando Andrew Brown abandonó sus teclados, John “Rhino” Edwards su bajo, y empuñaron sendas guitarras para, junto a Francis Rossi y Rick Parfitt, interpretar un curioso “Gerdundula” a cuatro guitarras, que nos dio un breve respiro para apretar el acelerador para un final de concierto de quitar el hipo. Debería estar prohibido terminar un concierto con “Roll Over Lay Down”, “Down Down”, “Whatever You Want” y “Rockin´ All Over The World”. Alguien podría padecer del corazón y lamentarlo. Y más con ese calor… No recuerdo a la gente tan volcada, desde el primero que se apretujaba contra las vallas hasta la última fila de asientos de las gradas, todo el mundo volcado al 100%. Un momento, sí recuerdo una situación similar. ¡Fue en el anterior concierto de Status Quo!
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No es fácil salir a tocar después del huracán que había supuesto Status Quo, y Deep Purple lo terminaron pagando. Además, se unieron una serie de circunstancias en contra del grupo básico en la historia del Hard Rock.
Para empezar, el sonido fue peor, algo inconcebible cuando pensamos en que Purple eran las estrellas del festival. La batería de Ian Paice se oía ahogada, la guitarra de Steve Morse tenía volumen, pero no definición, y el sonido no terminó de estar “redondo” en toda la actuación, no así el juego de luces, realmente impresionante.
Y para colmo, al grupo se le ve agotado. Es la segunda vez en esta gira que teníamos oportunidad de verles, y la buena sensación que sacamos aquella noche de Leganés junto a Obús y Amset se diluyó por completo. Han pasado muchos meses, y esta larga gira les ha hecho mella. A quien más se le nota es a Ian Gillan, evidentemente, pero el resto del grupo no le anda a la zaga.
Bajo un espectacular juego de luces, la banda toma posiciones en el escenario y, como siempre, me llama la atención el atuendo de Gillan, que en esta ocasión cambió su anterior camisa de flores por una especie de pijama blanco. Eso sí, se mantiene descalzo, que para eso estuvieron pasando los roadies la aspiradora sobre la moqueta antes de que el grupo saliera a escena (¡verídico!)
El escenario estaba decorado con paneles con bananas por todas partes, y me sorprendió el hecho de que el espacio para moverse era más reducido que el que tuvieron Status Quo. Y les sobró.
El set-list y el show en si apenas varió en relación a su última visita, por lo que ni nos sorprendieron ni yo me voy a extender más de lo necesario.
Como aquella vez, abrieron con “Silver Tongue”, alargada con respecto a su versión en disco, y el resto de temas caían sin demasiado calado en el respetable: “Woman From Tokyo”, “I Got Your Number”, un “Strange Kind Of Woman” en el que se demuestran por completo las carencias de Ian Gillan, y que nos hacen dar por vencedor por K.O. a Status Quo cuando aún no había pasado ni la mitad del concierto.
“Bananas” supuso un incremento de nivel, gracias al excepcional trabajo de Steve Morse a la guitarra. Tal y como vimos en el anterior concierto en Leganés, son los hombros de las dos últimas incorporaciones, Morse y Airey, sobre los que se sostiene Deep Purple en la actualidad.
Le siguió un siempre emotivo “Knocking At Your Back Door”, tras el cual Gillan se sienta en el suelo para explicar que iba a dedicar “Demon’s Eye” (la única variación en el repertorio con respecto a la última ocasión) al sufrido pueblo de Colombia.
Gillan se va a descansar un rato (falta le hacía) y el resto del grupo interpreta la instrumental “The Well Dressed Guitar”, con un trabajo fantástico de Steve Morse, que al final del tema se queda solo, únicamente apoyado por Don Airey, en un solo en el que demuestra lo grandísimo guitarrista que es, aunque a mi particularmente se me hizo un poco pesado, hasta que se va uniendo el resto de la banda, haciendo cómplice al público, que despierta un poco del letargo acompañando con palmas el final del tema.
Llega el turno del lucimiento de Don Airey, uno de los mejores teclistas de la historia del Rock, y su solo fue ameno y divertido, aunque demasiado parecido al que ya conocíamos, intercalando pasajes del Concierto de Aranjuez (¿no se saben otra?), un pasodoble (y olé) y el consabido trozo de Star Wars. Sigue tocando… y eso es la conocidísima intro de “Perfect Strangers”, en el que nos obsequiaron con el mejor juego de luces de la noche.
Es el momento de uno de los clásicos más recordados de la historia: “Highway Star”, con su inigualable in-crescendo inicial, pero que se ve lastrado por los continuos problemas vocales de Gillan.
En ese momento me fijo, y lamentablemente me doy cuenta de que bastante gente ha abandonado el aforo. El concierto se estaba haciendo demasiado largo, algo que nunca es bueno, y la sensación de estar todo el pescao vendido planeaba sobre todos nosotros.
Ni siquiera la excepcional “Lazy” nos sacó de ese letargo, a pesar de ser uno de los mejores temas de la banda que siempre funciona en directo, y el solo de Ian Paice final para cumplir el compromiso estaba muy lejos de las grandes actuaciones que he visto del simpático batería.
El concierto estaba llegando a su fin, con un “When A Blind Man Cries” que no sonó mal, pero lamentablemente “Space Trucking” nos devolvió a la realidad, con Gillan dando bastante pena. Para finalizar el concierto, cómo no, “Smoke On The Water”, algo que siempre funciona. Terminaré odiando esa canción…
Tras los consabidos coros del público, el grupo se despide levemente para volver con nuestra propina habitual. Gillan nos cuenta que aquí están en el 2004, tocando un tema de 1968, y se arrancan con un siempre bonito “Hush”, que da paso a un mano a mano entre Ian Paice y Roger Glover que desemboca en “Hit The Road Jack”, el cual no completan, para terminar definitivamente con un extensísimo “Black Night”, en el cual Sterve Morse toma todo el protagonismo, pidiendo colaboración al público, despidiéndose definitivamente de todos nosotros.
Espero y deseo que esta actuación de Deep Purple haya sido únicamente un borrón debido a la agotadora gira que están terminando. Es un grupo que ha sido dado por muerto y enterrado en más de una ocasión, y estoy seguro que volverán a entusiasmarnos en alguna futura ocasión.
Y terminado el concierto, pa casita. Eso sí, antes de llegar, nos “tropezamos” de nuevo con el Mesón del Jamón, de rebote caímos en el Kaos y sin saber cómo acabamos en la Urbe… es que Madrid es muy grande y uno se pierde, ¿sabéis?
Texto: Santi Fernández «Shan Tee»
