“Si Mahoma no va a la montaña, …” Seguro que esto fue lo que pensamos muchos fans españoles de Rush al ver publicada y confirmada la gira europea de los canadienses. No vendrían a tocar a nuestro país. No son aquí ellos un grupo que arrastre las masas como pasa en su país natal, en U.S.A. y en parte del territorio de la U.E., así que si queríamos verlos, había que cruzar los Pirineos, y como sabido es que la fe mueve montañas, me consta que muchos fuimos en peregrinación por el viejo continente en busca de Geddy, Alex y Neil.

El primer concierto de la gira era en el Wembley Arena de Londres, así que ese era el lugar donde iría a encontrarme con un grupo que hace unos veinte años me había presentado un buen amigo. El disco tenía en la portada un círculo rojo con una estrella de cinco puntas en medio, y un hombre desnudo de pie alzaba su brazo para defenderse de ella. Muy interesante, pero las fotos de los miembros del grupo eran algo desalentadoras. Tres tipos vestidos de blanco y con sombreros de paja. Ein? Tras las risas por las pintas horteras – esperaba una estética más black metal, tipo Venom, que surgían entonces – mi colega puso el disco y me descubrió una canción y un grupo que ha sido un vértice en mi particular trinidad musical. Desde la primera escucha, y más tarde saber de lo que iba la letra, los casi 17 minutos de “2112” fueron, para mí, la llave a una banda que conjuga el gusto por la música y la literatura hasta unos extremos exquisitos, opinión creo compartida por mucha gente visto el llenazo del pabellón, y que tendría su continuidad al día siguiente con una segunda fecha en el mismo recinto.
Prolegómenos típicos de conciertos: montones de gentes con camisetas de diferentes épocas y giras de la banda agolpándose en la zona del merchandising (excesivamente caro, 30 € por una camiseta de manga corta es pasarse aquí, en Londres y en Pekín), en las barras de bar y en los servicios.
Pillo un programa del concierto y alucino con la calidad del libreto: excelentes fotos de la banda desde sus comienzos, una discografía detallada y textos de los tres músicos describiendo el material técnico que usan. Seguro que los aficionados y profesionales de los instrumentos disfrutaron con su lectura.
Me apalanco en el asiento y comienzo a observar el decorado del escenario. Amplio y muy simple. En el suelo hay una R elevada a la 30ª potencia, el logo del trigésimo aniversario que están celebrando. A la derecha de la inmensa batería de Neil hay dos secadoras de ropa y una máquina de vender muñequitos como las que venden bolsas de patatas fritas y demás chucherías.
A las 19:45 se apagan las luces y se enciende una pantalla tras el escenario donde aparece un vídeo de dibujos animados con las diferentes portadas de los discos. Al finalizar aparece un viejo con una camiseta del grupo durmiendo en una butaca. Despierta y nos pregunta que si esperamos ver a la banda.
Tras el griterío de afirmación nos dice que les llamemos, y entre el clamor del público aparecen vestidos de negro y atacando con “Finding My Way”. Llegado el momento de cantar, Geddy no lo hace y siguen tocando la canción hasta que la unen con los acordes iniciales de “Anthem”, que tocan durante un rato y después empalman con “Bastille Day”y más tarde con “A Passage To Bangkok”, recibido cada uno de los cambios con aclamación general. Están recorriendo brevemente su discografía desde los inicios en detalles instrumentales. Le siguen “Cygnus X-1”, “Hemispheres” y “The Spirit Of Radio”, en la que ya sí Geddy se acerca al micro para recibirnos con su genial inicio: “Begin the day with a friendly voice …”. ¡Qué maravilla! Hay sueños que se hacen realidad, lo puedo asegurar.
El sonido es perfecto, así como las ejecuciones de Alex, la voz y el modo de tocar el bajo de Geddy, y el maestro Neil tras los timbales, y el público se muestra entregado con cada uno de los temas que comienzan a desgranar de su extenso repertorio: “Force Ten”, “Animate” o “Subdivisions”, en la que aparece en la pantalla un estampado que al ser ampliado descubre calles y filas de casas en perfecta simetría, una sociedad perfectamente subdividida y organizada. Tras ésta, Geddy nos saluda y nos da la gracias por haber venido a apoyarles y celebrar con ellos su 30º cumpleaños – ¡y que dure! Pide perdón también por no haber venido por estas tierras durante muchísimo tiempo (desde la gira del “Roll the Bones” en el 92), y dice que tendrán que remediarlo tocando un extenso repertorio, presentando “Earthshine”, durante la cual la pantalla, y los ojos de muchos, se llenan de estrellas.
Ha sido “Vapor Trails” un regreso tan deseado como triunfal para la banda, de manera colectiva e individual, y para sus fans, que nos regocijamos en sus nuevas composiciones del mismo modo que en las antiguas. “Red Barchetta” es cantado por el público acallando al propio Geddy, mientras que en la pantalla aparece una carretera que vuela bajo nuestros pies, montados en un maravilloso automóvil.
Vuelta al reciente pasado del grupo con “Roll the Bones”, con el rap del esqueleto, y su compañera de álbum “Bravado”, que contiene alguno de los acordes más sugerentes de sus canciones, así como un maravilloso sólo de Alex, que fue acompañado por imágenes de unas nubes y un cielo al que nos habían elevado. No es de extrañar que en más de una ocasión hayan dicho que es una de sus canciones preferidas.
Y de las preferidas del público, sin duda, es “YYZ”, introducida por esos toquecitos tipo cencerro, y que resultan ser y-y-z, el código del aeropuerto Pearson en su ciudad natal de Toronto en clave Morse. Es que están en todo estos muchachos. Durante el éxtasis instrumental que supone, un técnico se acerca a las secadoras para ver si la ropa ya está lista, les echa unas monedas y siguen funcionando. Le colocan a Alex una guitarra acústica en un pie y comienza a desgranar “The Trees”, para delirio de los presentes. Alex tuvo un detallito final al incluir unos acordes del “Daytripper” de los Beatles, y que en tierra inglesa fue más que bien recibido.
Para esta gira del trigésimo aniversario han lanzado “Feedback”, un álbum de versiones de clásicos con los que empezaron, y son Rush un grupo que gusta de no abandonar el presente y regocijarse en viejos laureles a la hora de escoger su repertorio: La versión del “The Seeker” de The Who hizo las delicias de más de uno que ve como agradecer las influencias no está reñido con la calidad. Empieza uno a estar un poco harto de ver discos tributos porque sí y sin mucho fuste ni gusto por parte de los tributantes.
Después aparece Nebbish, el dragón mascota de Río, en la pantalla; se enciende un puro y lanza una inmensa llamarada al escenario para que ellos den paso a “One Little Victory”. Es la canción una gran victoria, con ese magistral inicio de Neil que nos lo devolvió al maravilloso mundo de la música.
Llegan así a un intermedio de 20 minutos durante el que pude ver a alguno entre el público con una camiseta de un equipo de fútbol español. ¿Otro peregrino? Al apagarse las luces de nuevo aparece un paisaje en el desierto y se oyen grillos y gruñidos de dragón. Aparece entonces Nebbish comiendo palomitas y viendo la tele: “Darn That Dragon” es el programa que escoge, una historia de ciencia ficción donde tres muñequitos – representando a los tres músicos – fulminan a un dragón estilo Godzilla que destruye las ciudades y el merchandising del grupo. Al terminar la peli comienzan con “Tom Sawyer”. Delirio y regreso a la nube. Durante la canción en la pantalla los tres muñequitos mueven la cabeza al compás de la canción celebrando su éxito, o sea, como todo el pabellón. Continúan con su repaso con “Dreamline”, “Secret Touch” y una rareza en sus conciertos, “Between The Wheels”, llenando el techo del pabellón de rayos láser y luces diversas que acompañan a cada una de las notas que el grupo ejecuta con perfecta sincronía, luces estilo aurora boreal bajo un toldo de estrellas como las que aparecen al tocar “Mystic Rhythms”, esa sensual joya hallada en el final del “Power Windows”, y que vuelven a recuperar para el directo.
Cambian el rumbo del concierto hacia tintes más dramáticos con “Red Sector A”, llenando el alma de inquietud con el ritmo de la canción y un ejército de muñecos sin cara que danzan al unísono dentro de una red roja. Siguen con lo que en sus directos han llamado “The Rhythm Meted” o “O Baterista”: el solo de batería de Neil, uno de los momentos más esperado de sus conciertos; y es que aunque suene a repetido, no es de extrañar que esté considerado como uno de los mejores baterías del mundo. La velocidad de los cruzados finales hizo que más de uno se quedara extasiado tratando de seguir sus manos en la pantalla. Ni que decir tiene que la ovación que recibió al finalizar fue para reventar Wembley.
Es el turno ahora de Geddy y Alex, que guitarras acústicas en mano, tocan la bellísima “Resist” y “Heart Full of Soul”, incorporándose Neil tras el primer estribillo.
Llega después el momento de viajar al futuro: la galaxia que aparece en la pantalla nos lleva al año “2112”, y ese tema que tiene una “Overture” que hace al público vibrar con cada una de sus notas, y “The Temples of Syrinx”, con el ojo de los profetas que nos vigila durante el estribillo y la voz distorsionada de Geddy al final. No la tocan entera, pero si añaden el “Grand Finale”, que redondea el tema. Otra instrumental de rompe y rasga, “La Villa Strangiato”, es la continuación, con los desvaríos vocales de Alex bajo la atenta mirada de Neil y el descenso desmembrado del puente de luces, resulta otro momento inolvidable.
Siguen hacia atrás en el pasado y tocan “By-Tor And The Snow Dog”, marcándose Alex y Geddy un particular duelo de baile en los dibujos animados que nos enseñan y que tiene su continuidad encima del escenario. Alex sale entonces con su Gibson blanca de doble mástil y comienza “Xanadu”, otra joya recuperada del pasado que es recibida por todos como agua caída del cielo.
T
erminan con “Working Man”, de su primer álbum, cuando algunos creyeron que sólo eran una imitación de los Zeppelin. Ilusos. Se acompaña el tema de fotos en directo de diferentes épocas. Sí que se lo han currado bien en estos treinta años.
¿Terminan? No. Vuelven a salir para satisfacción general de los presentes que ya no cabemos de gozo. Alex y Geddy se dedican a sacar las camisetas de las secadoras y lanzarlas al público – ¡Vaya recuerdo! – y se marcan “Summertime Blues” y “Crossroads”. Fiesta total; y como final, ya sí, tocan otra maravilla del “Moving Pictures”, “Limelight”. Tres horas y cuarto más tarde nos dicen adiós por medio del viejecillo del comienzo que nos recuerda que es hora de irse a dormir – y a seguir soñando, que la música es sueño. A la mañana siguiente, en el avión de vuelta a Madrid, había un chaval con una camiseta del concierto. Otro peregrino…
Texto: Javier Rubio García “Deuce”
