MIGUEL OÑATE – Jueves 23 de diciembre de 2004, pub Hebe (Madrid)

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Las fiestas navideñas son un período en el que las tradiciones parecen más arraigadas que en el resto del año. Las calles adornadas con bombillitas de colores, todo el mundo deseándose felices fiestas aunque no crean en ellas, dejarse la mitad del sueldo del mes en regalos y la otra mitad en lotería… Afortunadamente hay algo positivo que también va camino de convertirse en una tradición: el concierto navideño de Miguel Oñate en el Hebe.

El caso de Miguel Oñate es curioso. Viniendo del completo anonimato, fue fichado por una de las bandas más grandes de la primera mitad de los 80, Asfalto, y con ellos llegó al máximo nivel de esplendor, y tras dos discos históricos (“Más que una intención” y “Cronophobia”) decidió abandonar el grupo que le había dado la fama para iniciar una carrera en solitario.

De eso hace ya 20 años y en este período de tiempo apenas ha editado unas maquetas autoproducidas, moviéndose únicamente a nivel underground. A pesar de ello no ha dejado de tocar más o menos habitualmente, manteniendo por medio del boca-a-boca su prestigio basado en una prodigiosa voz y una personalidad arrolladora en el escenario.

Ya son varios años los que, aprovechando estas fiestas, Oñate se presenta en el Hebe, histórico local vallecano, para interpretar aquellas viejas canciones de Asfalto y algunas de sus nuevas composiciones. El año pasado pudimos contemplar un gran concierto, y este año yo no estaba dispuesto a perdérmelo.

Antes del concierto anunciaron la venta de maquetas de Miguel Oñate en la barra. Intenté hacerme con una, pero se agotaron con una velocidad pasmosa. Tras una media hora de retraso (el día que un concierto empiece puntual en el Hebe habrá que hospitalizar al Pulga, dueño del local), muy bien aprovechada con una buena charla con los amigos, apareció Miguel Oñate, entre medias del público saludando a la gente, y se subió al escenario, y con él su banda.

Una larga introducción de teclados abrió el show para dar paso a “La batalla”, primer tema de la noche y primero rescatado de sus antiguos tiempos en Asfalto. El sonido era bastante bueno, lo suficiente para dejarnos disfrutar del show sin problemas.

Apenas sin respiro continuó con “No puedo esperar”, ya de su carrera en solitario. A estas alturas ya nos habíamos podido hacer una idea del estado de forma de los músicos: la banda no destacaba demasiado, excepto el bajista, muy virtuoso y con un precioso bajo sin trastes en color madera. Y Oñate… como siempre: un torrente de voz impresionante y una presencia en escena embriagadora, llena el escenario con su sola presencia, y no me refiero a esos kilos de más que se le notan. Se le nota feliz, y lo demuestra plenamente en una muy cañera “Es nuestro momento” en la que Miguel no para de saltar y animar al público, que llenaba casi al completo el local.

Alternando canciones de la época de Asfalto con su carrera en solitario, era el turno de “Los tiempos siguen cambiando”, bien recibida por el público pese a ser desconocida para la mayoría de los asistentes. Al final del tema, un problema con uno de los altavoces exteriores obliga a hacer un pequeño parón, durante el cual Miguel se dirigió al público para agradecernos la asistencia, felicitarnos las Navidades y comentar que nos quería hacer un regalo, consistente en canciones muy antiguas, algunas de las cuales no cantaba desde hacía 20 años.

La primera fue “Desaparecido”, cuya letra me sigue poniendo la carne de gallina tantos años después: “ganaron la batalla con la fuerza, perdieron la guerra contra la razón, se creyeron los dueños del futuro y el paso del tiempo les aplastó”.

Una intro funky al bajo sirvió como intro a “Buffalo Vil”, tema que siempre fue muy popular entre los fans de Asfalto, coreado a pleno pulmón por la audiencia pero que dejó al descubierto las carencias del teclista de la banda de Oñate. Siguiendo con este monográfico del Cronophobia, tocó las que sean quizás las canciones que menos y más me gustan de ese disco: “Nada, nadie, nunca”, con gran protagonismo por parte del bajista (lo siento, no me quedé con el nombre…) y “Crontrarreloj” un temazo como la copa de un pino, tocado a plena caña y que me hizo vibrar como hace 20 años.

Tras un pequeño respiro para colocar un taburete frente al micrófono, Oñate empuñó una guitarra acústica para bajar radicalmente el tempo del concierto y comenzar con unas sentidas canciones, comenzando con la tierna “Un sobre rosa” plena de sentimiento, y la preciosa “Tiempo gris”, volviendo a demostrar que sigue siendo uno de los mejores cantantes de este país. A partir de este tema un invitado subió al escenario, adornando los temas con una armónica. Todo un acierto. Tras este período más calmado, el concierto se volvió a acelerar con uno de los temas más famosos de su etapa en Asfalto: “La paz es verde”, coreado hasta la afonía por todos los asistentes.

Miguel Oñate no deja de bromear con el público en incluso interrumpe a un camarero para que le lleve una cerveza, provocando risas entre todos. Como he dicho al principio de esta crónica, este concierto navideño se ha convertido en toda una tradición, y parte de esa tradición es la interpretación de un “villancisco” llamado “El oso y el madroño”, que no es sino la adaptación rockera de “Jingle Bells” con una letra en la que mete caña a los políticos que gobiernan (o des-gobiernan..) Madrid. Todo un éxito, tanto musical como letrísticamente, y sin duda fue uno de los momentos cumbre de la noche.

Pero el momento culminante llegó después, y no fue con un antiguo tema de Asfalto, como pudiéramos suponer, sino con uno de los nuevos, llamado “Mientras”. Una balada llena de sentimiento en la que Miguel le pone todo el corazón, además de impresionar aún más (si no lo había hecho ya) con ese poderío vocal que mantiene. Carne de gallina, oiga.

Aún nos estábamos recuperando de la impresión cuando Miguel toma las rienda de nuevo del concierto con un tema llamado “Señorita Depresión”, durante la cual presenta a cada uno de los músicos que le acompañan, con un testimonial solo a cargo de cada uno de ellos. El concierto lo acaba (en teoría) con una rocanrolera “El Bar de Katy”, en la que me impresionó ver cómo consigue hacer cantar a todo el mundo un tema que apenas está grabado en una maqueta. Eso es calidad y ganarse a la gente.

Con este tema se despiden, pero por supuesto habría más. Unos minutos de reclamo y aquí están de nuevo, con una impresionante versión del “Over The Rainbow” de la película “Mago de Oz”, interpretada en clave de Soul, pletórica de sentimiento.

Tras ella, una versión muy cañera de “Más que una intención” en la que volvemos a echar de menos los competentes teclados de Jorge G. Banegas, pero que ello no es óbice para que el público se vuelque por completo. Y para finalizar, dos temas de cosecha propia: “Esa camarera” y una rocanrolera “Pura filosofía”, con la que, esta vez sí, se despidieron de todos nosotros hasta la próxima ocasión.

Nos fuimos con muy buen sabor de boca. Cuando Miguel Oñate dejó Asfalto hace 20 años era considerado el mejor cantante de España, y le augurábamos una fulgurante carrera en solitario. Después de tanto tiempo eso no ha sucedido, pero lo que nos quedó claro a todos es que no ha sido por falta de calidad ni personal (canta como nunca) ni compositiva (los temas nuevos se tratan de tú a tú con los clásicos de Asfalto. ¿Qué ha podido fallar? No lo sé, aunque me puedo hacer una idea. Y es una pena, porque poca gente hay por aquí con tanto talento como él. Yo, por lo pronto, voy a ver si me entero cuando es la próxima vez que actúa, que no me lo pienso perder.

Texto y fotos: Santi Fernández «Shan Tee»