
La verdad es que había ganas de volver a ver a las huestes del Molina, sobre todo por el buen sabor de boca que nos dejaron la última vez que los vimos (gira de “Colección”, 2001). Por otra parte, desde aquella ocasión también ha habido algún que otro cambio en el seno del grupo (cómo no), y si en esa visita pudimos ver de nuevo al oriental Carlos Kakutani a las seis cuerdas, ahora gozamos de la presencia del ex Bella Bestia/Niágara/Muro Manolo Arias, espléndido a la guitarra solista, e igualmente adolecimos de la del teclista Jorge Calvo, que estará en otros menesteres. Por ello y más debíamos estar ahí para ver los cambios, y doy fe de que mereció la pena.

Llegábamos el comando alicantino a los aledaños de la sala a las 22:30 aproximadamente, tiempo justo para encontrarnos con el almeriense (no se ría, no se ría… de la bruja Avería), echarnos unas cañas y unos montaditos al buche y ver nada más y nada menos que a la guapa Sean Yseult (ex White Zombie) en el mismo antro, que tocaba con sus Rock City Morgue en la sala contigua a la nuestra. El mundo es un pañuelo, y 25 euros por unos pinchos de salchicha y unos tercios una auténtica estafa (¿dónde estaba el abuelo gruñón?).
Una vez ya en la sala, con un lleno cómodo que permitía ubicarse a placer (bueno, más o menos), a no mucho tardar hacía acto de presencia el promotor del Lorca Rock, que lo es a su vez de esta avalancha conciertil que está sufriendo (y gozando) la murciana sala Gamma a lo largo de enero y febrero, algo digno de agradecer para nosotros (e imagino que para su bolsillo, je je), y lo hacía entre otras cosas para presentarnos lo que iba a servir de ‘telonera’ de los míticos Ñu, una tal Marina que con su Live Show se disponía supuestamente a ‘caldear el ambiente’. Y digo supuestamente porque en eso se quedó, en una suposición. La chica, que tampoco digo que no tenga su arte, se limitó a subirse a la barra a ¿bailar? al son de coplas como “Runaway” de Bon Jovi o “I Was Made For Lovin’ You” de Kiss entre otras, pero o nosotros somos muy exigentes o lo que según el promotor nos tenía preparado tampoco era tanto: ni striptease al uso (sólo se despojó de la camisa) ni coreografía en desuso (¿bailó? igual en todos los temas, sin distinción), así que lo único que consiguió fue ponernos un pelín más berracos y desear con ahínco que saliesen de una vez los cerdos rockeros. ¡A calentar a otro sitio, hombre ya!
Y salieron, vaya si salieron. Y se pegaron un conciertazo, vaya si lo pegaron… Al fondo, tras la Tama, un corpulento Javier Arnaiz “Bumper” dispuesto a maltratarla a conciencia. A la izquierda, según se mira, un melenudo y cuasi enclenque Gorka Alegre al bajo, que me recordó un tanto al Rudy Sarzo más jovenzuelo (salvando las distancias), y al lado opuesto, a la guitarra, el citado V. M. Arias, con un look muy Meniketti (salvando las distancias too). En el epicentro, por supuesto, un José Carlos Molina notablemente animado, con su eterno look trovadoresco y esa pila de años de sabiduría viperina que parece haber pactado con el diablo. Pues eso, todo un maestro de ceremonias.
Ligeramente pasada la medianoche comenzaba la descarga, y con descarga me refiero a soltar cuatro ases sobre el tapete de golpe y porrazo, tales como “Manicomio”, “Animales sueltos”, “No hay ningún loco” (aquí se echó en falta a Jorge) y “La granja del loco”, de esos para demostrar quién manda.
Como podréis imaginar, ante dichos títulos la ‘locura’ generalizada, y algún que otro haciendo el ‘animal’. Buen sonido al comienzo (quizá un poco bajo, imagino que para tantear la ecualización), que se mantuvo y elevó a lo largo del concierto. Perdón, conciertazo.
Vale, puede que peque de subjetivo, pero también tengo mis razones. Un concierto se mide por varios baremos, tales como el sonido, la puesta en escena, la entrega, el repertorio o la duración del mismo, y si bien en cuanto al repertorio echamos en falta algún corte eléctrico más (¿“Cruz de Hierro”, “Cuentos de Ayer y de Hoy”, “Preparan”?), en el resto de factores la banda aprobó con nota, e incluso si se me apura también en el set-list, porque a ver quién tiene la llave que condensa 30 años de carrera en dos horas, que se dice pronto.
Haber hubo de todo, como de costumbre. No faltaron temas nuevos, en esta ocasión “Te seguiré”, “Mono”, “Tormenta de pasión” (con teclas a cargo de José Carlos) y “Títeres”, todas ellas del álbum que da título el último.
Tampoco faltaron temas acústicos, esta noche con una especial preponderancia (se nota que es una de las pasiones del Molina, amén de que la veintena la dejó hace tiempo), como fueron “El juglar”, “Cuatro gatos”, la siempre emotiva “Tocaba correr” (que se note ese fanatismo por Jethro Tull…), “Robin Hood” (…y por Errol Flynn!) o el no menos enervante “Trovador de ciudad”, que nos puso más suaves que un guante. Quiero ser el asaltante de tu apartamento, soy tu vigilante espía y siempre te deseo…
Por cierto, hablando de ingredientes, que tampoco faltaron los chascarrillos habituales del Molina (¿qué sería un concierto de Ñu sin ellos?). Así que recuerde, largó del trasvase (con ironía, claro), de los medios de comunicación en general y de la televisión en particular, con especial hincapié en programas como “Música Sí”, en los que por supuesto están vetados (Mägo de Oz no, ¿me equivoco?), soltó frases entre copla y copla como “Esta canción que viene ahora psá, bueno, está bien…” (presentando “Robin Hood”), “Sois la hostia! Me cago en sol, y en fa sostenido!” o “Me gusta más la flauta que la guitarra o la bandurria, porque me deja más libertad de movimiento” (dándose la vuelta para pillar el tercio de cerveza), así como prometió traer a la banda al completo la próxima vez y llenar el escenario de bandurrias, panderetas y demás. Descojone.
Pero no todo fueron bandurrias, aunque también las hubiera. Volviendo a lo eléctrico, tampoco faltaron perlas como “Destierro” (aquí fue donde soltó el puñal al programa musical nacional por excelencia, que manda narices), la dulcemente cañera “Ella”, en la que J.C. lució teclado colgante rojo en la pechera, una canción de hace tiempo llamada “El tren azul”, con participación del público incluida, y la festiva –valga la redundancia- “De fiesta”, con esos guiños tan notables y amenos a “Smoke On The Water” y “Black Night” de Purple, y a toda esa basca de la que mamamos, como dijo Molina.
Como todo concierto que se precie de Rock Duro hubo solos, brutal y conciso el de Javier Arnaiz, sin llegar a cansar (Txus… ¿cómo va todo?), y brillante por supuesto el de Manolo Arias, con repaso al “Highway To Hell” para levantar el ánimo incluido.
En la recta final un esperado y laureado “El flautista”, atronador por supuesto, y una más dura que nunca “Más duro que nunca”, valga la redundancia otra vez, en la que José Carlos ya se puso a saltar incluso (pacto con el diablo, lo que yo os diga).
Cerró la velada una emotiva “Una copa por un viejo amigo”, con toda la sala coreando el tema y la sensación de haber visto algo grande.
Como decía antes puede que faltaran un par de temas ‘enchufados’ más, si bien es cierto que las dos horas de reloj se nos pasaron volando, y por pedir habríamos estado otras dos, cosa por su parte poco probable y factible.
Personalmente siempre he sido de la opinión que los discos en estudio de la banda nunca les han hecho justicia, no en vano “No Hay Ningún Loco” e “Imperio de Paletos” son la prueba (así como el bienlogrado “Veinte Años y Un Día”, con una producción en condiciones), y desde luego noches como la que nos ocupa. Si estás leyendo esto y todavía no has tenido el placer no dejes que se te escape el tren, te aseguro que a día de hoy Ñu en directo siguen siendo fuego (que se lo digan a Gorka Alegre, que acabó incendiando el bajo, y casi su pellica). Más, quiero más, no es suficiente!
Texto: Bubba
Fotos: Aguskill y Starbreaker
