
Mucho se ha hablado de Sherpa en su vuelta al “Rock Fuerte”, como a él le gusta llamarlo. La edición de “Guerrero en el Desierto” dio paso a una serie de conciertos por diversos puntos de la geografía hispana, con disparidad de opiniones en cuanto a su rendimiento encima de un escenario. Han pasado muchos años desde que dejó Barón Rojo y su esperada vuelta ha creado opiniones encontradas entre aquellos que han asistidos a sus conciertos.
Yo tuve oportunidad de presenciar el mini-concierto en el Chesterfield Café que sirvió como presentación a la prensa, y que oficialmente era el pistoletazo de salida de esta gira. Dicha actuación la tenéis reseñada en esta Web, y en ella se pudieron comprobar ciertas limitaciones de Sherpa a nivel vocal, sobre todo al recuperar los viejos temas de su etapa en Barón Rojo.
Tres meses y medio después, Sherpa se presenta en Madrid. Es una oportunidad perfecta para ver qué ha pasado en este tiempo, comprobar in situ si estos meses de gira han servido para el necesario acoplamiento después de tantos años alejado del Rock
El lugar elegido para el concierto fue La Sala, ubicado en pleno corazón del barrio de Carabanchel, un local que yo desconocía. Una abultada cola a la puerta hacía pensar que la capacidad de convocatoria de Sherpa en Madrid gozaba de una aceptable buena salud, algo que se confirmó con un lleno absoluto (500 personas). Antes de recoger mi acreditación me enteré que Sherpa sufría una severa faringitis que le había obligado a suspender su participación en un pequeño festival celebrado en Ritmo y Compás el día anterior, y que llevaba dos días intentando recuperarse a tiempo para el concierto a base de corticoides. Mal empezamos…
A las 22:00 en punto salen al escenario. Posición central para Sherpa, flanqueado por los dos guitarristas Raúl Garrido a su derecha y Juanjo Melero a su izquierda. Hay que comentar que Juanjo ya no pertenece a la banda de Sherpa, pero un compromiso ineludible de Juan Carlos Recio (el nuevo guitarrista) hizo que para únicamente este show, el antiguo guitarrista de Marshal Monroe, Sangre Azul y Santa Fe volviera a subirse a las tablas junto a Sherpa. Y tras ellos, el uruguayo Hermes Calabria, al que el público no dejó de brindarle muestras de afecto durante todo el concierto.
Unas breves palabras agradeciendo nuestra asistencia y rápidamente comienzan con “Guerrero en el Desierto”, el tema que da nombre al disco. Como nos temíamos, la voz no es muy brillante, y además el sonido no es demasiado bueno, cebándose en la guitarra de Raúl Garrido, demasiado baja, un problema que no se solventó por completo en toda la noche. El público, sin embargo, de sobresaliente, se vuelca con Sherpa desde el primer momento, cantando a pleno pulmón, confirmando las ganas de ver a José Luis Campuzano de nuevo sobre un escenario.
El final del tema es fusionado con “Son como hormigas” y el rugido del público es muy apreciable, alguno parece volverse loco. El grupo suena mucho más compacto que en aquel arranque en el Chesterfield Café, los conciertos realizados han cumplido a la perfección su labor de acoplamiento, dando al grupo una mayor consistencia tanto individual como colectiva, destacando la mejora producida por Raúl Garrido, al que vi aquel día demasiado agarrotado y que hoy está mucho más suelto y a gusto sobre las tablas. Sherpa también ha mejorado a la voz: si bien le sigue costando trabajo llegar a los tonos más altos de las viejas canciones de Barón Rojo, su entonación ha ganado muchos enteros.
Sin apenas respiro, atacan con otro de los clásicos de Barón Rojo, “El malo”, coreado unánimemente por todos los asistentes y en el cual la guitarra de Raúl Garrido empieza a escucharse con algo más de nitidez, aunque sin llegar a un nivel adecuado. Este problema fue intermitente durante todo el concierto y afectó también a la guitarra de Juanjo Melero. Varios movimientos negativos de la cabeza de Sherpa mostraban su desolación ante este problema. Sin embargo, su faringitis parece que está controlada, y la mejoría en su voz es palpable, mucho mejor de lo que yo esperaba.
La banda suena como un tiro, tanto Raúl como Juanjo se combinan perfectamente y muestran un alto nivel, demostrando mucha seguridad y soltura en sus movimientos. Hermes Calabria ha mejorado también en estos meses. Aunque sigo pensando que ha perdido pegada con respecto a sus antiguos años en Barón Rojo, ahora es un batería más versátil, sacando un rendimiento extraordinario de la batería “de boda” que tenía delante.
Un excelente recurso para dejar recuperarse la voz durante unos minutos es la interpretación de un tema instrumental. Afortunadamente, la carrera de Barón Rojo estuvo siempre jalonada de grandes temas instrumentales, y en este momento del concierto íbamos a disfrutar de uno de ellos: “Buenos Aires”, una de las pocas aportaciones compositivas de Hermes Calabria a la carrera de Barón Rojo, y en la que se luce especialmente el propio Hermes, así como Juanjo Melero, que demuestra una vez más el talento que atesora.
Los temas se suceden sin apenas pausa entre ellos, pero en algunos casos Sherpa se para a comentarnos de qué hablan o a quién están dedicados. El siguiente tema, “Flor de invernadero” está dedicada, como todos sabemos, a los “triunfitos” que le quitan el trabajo a los que llevan dedicándose a la música durante años. El tema es coreado por el público al mismo nivel que los grandes clásicos de Barón Rojo, algo que pasó con prácticamente todas las canciones del nuevo disco, lo que dice mucho de la aceptación que ha tenido el nuevo trabajo entre, al menos, los asistentes al concierto. La parte vocal que en el disco interpretan Carlos Escobedo y Julio Castejón es cantada por Raúl Garrido, aunque en su segunda intervención sufre un despiste y se le olvida comenzar a cantar, hasta que Sherpa se lo recuerda mientras toca.
Un recuerdo a los “amigos” que nos dejan tirados en el peor momento da paso a “Con pies de plomo”, en el que se vuelve a demostrar la complicidad del público, que canta no sólo el estribillo sino todas las estrofas. A Sherpa se le ve feliz, el concierto está siendo todo un éxito, y los temores que yo llevaba con respecto a su rendimiento vocal como al estado de forma del grupo estaban definitivamente disueltos.
Tras este tema, Sherpa presenta al grupo, haciendo especial hincapié en Juanjo Melero, quien ha salvado la celebración del concierto con su presencia, por la indisponibilidad de su sustituto, Juan Carlos Recio, para este día. Raúl Garrido, compañero de Sherpa en el disco, es largamente aplaudido también, pero nada comparable con la ovación que se lleva Hermes Calabria, que debe levantarse dos veces de su tarima para agradecer tales muestras de devoción. Y es que el recuerdo de su estancia en Barón Rojo ha dejado mella.
Y hablando de Barón Rojo, otro clásico: “El pobre”, de aquel ya lejano primer disco de 1980. A pesar de que el delirio del público lleva en volandas a Sherpa y su grupo, me doy cuenta de que pueden empezar los problemas, ya que la voz de Sherpa está llegando al límite.
Afortunadamente, en la siguiente, “Cósmico cómico”, Sherpa se recupera al ser uno de los temas compuestos en un tono más bajo, y también por el sorprendente coro que conforma todo el público asistente, que no hace distinción entre temas antiguos y nuevos, propiciado además porque el tema, además, suena mucho más duro y rockero que en el disco.
Una nueva instrumental, “El Barón vuela sobre Inglaterra” llega en el momento preciso para dar descanso a su enferma garganta. El final del tema es empalmado con “Campo de concentración”, el tema que se estrenó en el mítico Barón al Rojo Vivo. Desgraciadamente mis sospechas se confirmaron cuando Sherpa no puede en ningún momento con la interpretación del tema, su garganta se negó a poner una nota en su sitio, y a pesar que el tema es llevado a buen término por las voces del público, debo reconocer que me temí lo peor.
Pero me equivoqué. Sorprendentemente, y sin apenas respiro entre las canciones, llegó “Al centro del corazón” y con él la recuperación de Sherpa. Bien es cierto que los temas del nuevo disco están más adaptados a su tesitura vocal, pero es de ley reconocer la recuperación de su voz en estos momentos. Este tema es, en mi opinión, de los más flojos del disco, pero he de admitir que mejora mucho en directo, sobre todo por la brillante labor de ambos guitarristas.
Al término del tema, Sherpa presenta el siguiente diciendo que siempre ha sido su preferido. Por supuesto, se trata de “Concierto para ellos”, que provoca el absoluto delirio de la audiencia, como hacía tiempo que yo no veía en un concierto. Un vistazo a las caras del público mientras cantaban mostraba bien a las claras que había mucha gente que había esperado este momento durante años.
Al terminar el tema, Hermes se lanza a interpretar un solo de batería, que en mi opinión no fue muy brillante, resultando algo deslabazado y sin mucha continuidad, aunque a muchos de mis compañeros de empujones les encantó, todo hay que decirlo. Contrariamente a lo que suele suceder en estos casos, Sherpa y Raúl Garrido siguieron con mucha atención el solo de su compañero desde un lateral del escenario, con claros signos de aprobación sobre lo que estaban viendo y de la reacción del público.
Estos minutos de solo sirven a Sherpa para recuperar su voz e interpretar con mucho acierto “Mi Everest”, una de las canciones más tranquilas del último disco y cuya línea vocal se adapta perfectamente a la tesitura en la cual Sherpa se encuentra más cómodo, más melódico y menos agresivo, resultando uno de los momentos más entrañables del show.
La parte final del concierto es inevitable. Por un lado “Barón Rojo” levanta al público medio metro del suelo en otra demostración de la importancia histórica de esta canción. Juanjo y Raúl se combinan a la perfección, demostrando su alto nivel una vez más.
Un recuerdo a un histórico y desafortunado incidente con una diputada de la extinta Alianza Popular que incluyó a Barón Rojo en la lista de sectas satánicas (!!!) sirvió de pretexto perfecto para presentar “Los rockeros van al Infierno”, otro de los mega-clásicos del Rock español, en el cual Sherpa mantiene el mismo juego vocal con el público que ya hiciera en Barón al Rojo Vivo hace 20 años, y en el que todos los asistentes participamos encantados, unos recordando lo vivido aquella histórica noche en el Pabellón del Real Madrid y el resto poniendo en práctica lo escuchado mil veces en ese legendario disco en directo.
Con este tema teóricamente finalizaba el concierto, pero ya se encargó Sherpa de recordarnos que esto no era más que un paripé para salir de nuevo a tocar más temas, así que tras unos momentos de reclamo, volvieron a escena para seguir con el show, tal y como estaba previsto.
El bis comenzó con “Casi me mato”. Y casi se mata de verdad, al menos a nivel vocal. No sé si la entrega total del público le hizo envalentonarse excesivamente o es que su garganta no aguantó más maltratos, pero el caso es que su interpretación vocal es desastrosa, algo que no parece importar demasiado a los cientos de personas que llevan en volandas al grupo cantando lo que Sherpa no puede. Instrumentalmente dan la talla todos, así que esta canción se convierte en un karaoke múltiple.
De aquí al final Sherpa mantiene el tipo en las partes melódicas y suaves, pero no puede con las más cañeras. Afortunadamente, “Hijos de Caín” tiene un inicio muy suave adaptado a las circunstancias vocales, y el resto… apenas se le oye entre las 500 gargantas que corean el tema a pleno pulmón.
Un momento muy emotivo fue la presentación de “Resistiré”. Más allá de significar uno de los temas más emblemáticos de Barón Rojo. Sherpa quiso dedicarlo a las víctimas del 11M, atentado del cual acababa de producirse el primer aniversario, cargando contra todos los responsables, tanto políticos como por supuesto los terroristas causantes de la matanza, esos criminales disfrazados, seres sin razón ni piedad, no hay palabras en el mundo que definan vuestra maldad. Con toda la rabia contenida por esa salvajada tocaron el tema con que Barón Rojo se dio a conocer al mundo, y con esa misma rabia cantamos todos a uno hasta el fin. Su maltrecha garganta le hace comenzar fuera de tono, pero el problema es solventado rápidamente porque no tiene más que dejarse llevar por un público entregado al completo.
Y como final de fiesta, “Siempre estas allí”, que servía como colofón y agradecimiento final a la entrega de un público que ayudó a convertir el concierto en un éxito absoluto. Sherpa estaba feliz y radiante, y los músicos de su banda son también muy culpables de este éxito, y así son reconocidos tanto por los asistentes como por el propio Sherpa.
Ha llegado el momento de la despedida, los músicos se acercan al borde del escenario para dar las gracias al público, y desaparecen por un lateral, mientras la sala enciende las luces y comienza la música “enlatada” para decirnos que aquello había acabado… o eso creíamos. Sorpresivamente, aparecieron una vez más en escena. Yo creía que únicamente iban a agradecer de nuevo los vítores que aún estaban recibiendo, pero veo que se cuelgan los instrumentos otra vez…
“Nos habéis dejado sin repertorio, a ver qué hacemos ahora…” “Vamos a tocar un tema de un grupo que fue, junto con Led Zeppelin, los maestros en esto. Para mi los Purple siembre fueron los Purple…”. Y ni cortos ni perezosos atacaron con “Space Truckin’”, totalmente pletóricos. Y la interpretación fue brillante, con el público volcado y complacido por la sorpresa.
Y ahora sí, definitivamente la versión de Deep Purple conformó el final del concierto. Dos horas justas en las cuales demostró mejoras evidentes en relación a sus conciertos pasados, a pesar de la enfermedad que lastraba su capacidad vocal. La sensación de los asistentes, según pude comprobar en varios círculos a los que me fui acercando, fue de haber asistido a un concierto histórico, largamente esperado por otra parte. Personalmente me fui complacido de ver cómo, ahora sí, un histórico del rock español ha vuelto, con sus defectos y limitaciones, dispuesto a hacerse un hueco más en la escena rockera de este país.
Larga vida.
Texto y fotos: Santi Fernández «Shan Tee»
