THE SPIRIT OF RUSH – Sábado 19 de marzo de 2005, sala Ritmo y Compás (Madrid)

¡ Comparte esta noticia !

Esta era la segunda ocasión que tenía de acercarme a un evento de este tipo. Una banda ¿fans? rindiendo su homenaje a sus héroes. Contrariamente a la Bon Scott Band, en esta oportunidad el modelo a seguir era mucho más complejo y variado en el sonido. Así pues, de primeras, no sabía a qué atenerme. Por dónde caminarían sería una sorpresa. Ya veríamos el cariz de los acontecimientos. Sobre el papel tenía el aliciente de no saber a qué repertorio atenernos. Una alternativa de acercarnos a la música de Rush. No son nuevos en el negocio. No descubrimos petróleo. Sus discos, al menos los que más gustan a un servidor, tienen sus añitos. Escucharlos de nuevo se antoja un viejo ejercicio, no por repetido deja de tener su placer. Los discos tributos, en general, se me antojan de un afán “recaudatorio”. Veríamos lo que la velada y la banda catalana, creada cinco años atrás, nos deparaba.

El quinteto, contrastando con el trío original, salió al pequeño escenario con retraso. Depende dónde lo hubieras leído, 20 ó 50 minutos. Inexplicable pero ya parece tradicional. Nos dio tiempo a mojar la garganta y observar la escasa puesta en escena. Instrumentos y poco más. La abundancia de elementos en la batería nos evocaba al maestro. Ya comprobaríamos hasta dónde había avanzado en su aprendizaje el alumno.

Suena una fanfarria, propia de dibujos animados, y la banda sale a escena. Ocupan sus lugares, Dani Muñoz, bajo y atril, a la derecha. La primera sorpresa, Isla Nieta, la vocalista en el centro, también acompañada de un atril, usado durante toda la actuación. Detrás suyo el batería, Daniel Navarro, “Dannyman”. El guitarra, Xavi Martínez, a nuestra izquierda. Y detrás, medio escondido, como anticipando su papel meramente testimonial, el teclista Ricardo Boga.

El primer tema en sonar nos traslada a la mitad de los años ochenta, y al disco “Power windows”: “Big Money”. Particularmente no me entusiasman, ni disco, ni canción. De hecho es el único que falta en mi estantería de la discografía de los chicos, “lives” aparte. Ya sabéis, si no lo reitero, no son santo de mi devoción.

La banda suena bastante bien. Se despeja otra duda. Siendo una banda tan diversa en cuanto al sonido, a lo largo de su discografía, nos interrogábamos por dónde tirarían los catalanes a la hora de “escoger” un sonido de directo. “Permanent waves”/“Moving pictures” sería un buen referente. Por ello, el “Money” es más “Big” y potente, lo que se agradece. Le siguen “Freewill” y “Tom Sawyer”, como si quisieran asentar la base del sonido de la actuación. En esta última se oyen los primeros aplausos y gritos de aprobación, después de guardar el público cierta distancia, manteniendo la expectativa.

En este inicio, la banda se muestra fría, concentrados en resolver los temas en todo su esplendor. Por ello, esta pequeña muestra de aprobación pone las primeras sonrisas en alguno de sus miembros. Tras terminar con el tercer tema, Isla se dirige al público congregado, menos de medio aforo, saludando y haciendo una declaración de intenciones. Mantendrán un respeto por los originales, poniendo su amor y su mejor hacer. No esperábamos menos. Es su presentación en Madrid y quieren dejarnos un buen sabor de boca.

La mayoría del público está entrado en la cuarentena, lo cual presupone una experiencia y una exigencia cualitativa. La base, el ejemplo elegido, es inmejorable. En la vertiente instrumental, no se pueden poner pegas. Desarrollan los temas con solvencia y destreza, lo cual dice mucho de su nivel técnico. Sobretodo la base rítmica, impecable a lo largo de toda la noche.

Lo del teclista es otro cantar. No por sus puntuales y eficaces aportaciones, sino por la sensación de simple elemento decorativo, a pesar de ser presentado como miembro de la banda. Ya conocemos el papel secundario de los teclados en el repertorio de los canadienses.

La voz nasal de Geddy es una de las más inconfundibles del rock. En los primeros temas, la cantante Isla intenta seguir el camino marcado por aquel, tanto en la manera de cantar como en la de usar los tonos. Pero el cuarto tema de la noche, “Bastille Day”, la pone en su sitio. Los tonos más agudos se antojan imposibles para ella, en contra lo que se podía esperar de una mujer. Por ende, en los temas más adentrados en la carrera del trío, donde Geddy había asentado más su estilo y cantaba menos forzado y más relajado, resultan mucho más cómodos para la chica.

Según fue transcurriendo el show, interpretes y público, al menos un servidor y sus amigos, fuimos relajándonos y dejándonos llevar por la magia de los temas, evitando sacar punta a cada nota, a cada frase. En definitiva, estábamos para pasar un buen rato, y siendo la calidad excelente, en términos generales, pues a disfrutar tocaba.

Se van sucediendo los temas, “New World Man”“Dreamline” y, uno de los clásicos por excelencia, solo hace falta observar la reacción del respetable: “2112”. Imitando a los maestros, se restringen a las dos primeras partes del tema, a saber, “Overture” y “The Temples Of Syrinx”. En la primera, Isla desaparece, dejando que se repartan el protagonismo entre músicos y melodías, a imagen del original. Esa actitud, desaparecer, la tomará cada vez que las partes instrumentales reinen.

Saltan algo más de una década, y suena un enérgico “Show Don´t Tell”, la apertura de “Presto”. Le sigue “Red Barchetta” y terminan la primera hora con “Marathon”. Nos anuncian un descanso de diez minutos, amparándose en la exigencia de las ejecuciones. Una acción copiada del último tour de los canadienses. Ante alguna protesta aislada, Isla realiza un comentario comparativo con los Rolling Stones, sin menospreciarlos, para consideración de los fans stonianos.

Vuelven sin la cantante, con la instrumental “Leave That Thing Alone”, la más contemporánea del repertorio, de “Counterparts”, siguiendo, y recuperando a Isla con “Analog Kid”, de “Signals”.

Anuncian “The Trees”, y sin llegar a concluirla, la enlazan con “Xanadu”, ante el entusiasmo de los presentes. Los temas más antiguos son los mejor recibidos, dejando clara cual es la etapa más popular entre los asistentes. Continúan con “Natural Science” de “Permanent waves”, acabando en un pequeño sólo, afortunadamente imitando la ejecución del maestro en el uso de música de jazz como fondo en la parte final.

La única presencia del ochentero “Hold your fire” se concreta en un pulcro “Mission”. Saliendo a relucir los aeropuertos, la siguiente no puede ser sino “YYZ”, en una enérgica versión con idéntica respuesta del público.

Al termino, presentación de los miembros de la banda, llevándose la chica la mayor ovación de la noche. No podía ser menos, en un público mayoritariamente masculino. Mis triunfadores, sin ninguna duda, y repitiéndome, son la base rítmica. Bautizan la gira como “Que Dios nos pille confesados tour”, y se lanzan con el tema de donde procede el nombre la banda, “Spirit Of The Radio”. Con el final del mismo, sonrisas en una corta despedida. Enseguida están sobre las tablas para despedirnos, ahora sí, con un brillante “Closer To The Heart”.

Concluyendo, una agradable celebración de la música de una de nuestras bandas favoritas. Su declaración de intenciones se ajustó a lo visto y oído, saliendo airosos de la difícil prueba . Aún para los que hemos tenido la suerte de disfrutar de los maestros, es una buena manera, otra, de festejar y disfrutar su música. Más aún con la calidad que imprimen bandas como estos “The Spirit of Rush”. Quizás la única pega que se les puede poner es lo manido del repertorio y la puesta en escena. Alguna sorpresita, con algún tema más oscuro, sería de agradecer, además de algo de imaginación para suplir la carencia de medios escénicos. Recomendable.

Texto y fotos: Monraymon