DIO + ANTHRAX – Jueves 16 de junio de 2005, sala La Riviera (Madrid)

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Cada vez es más habitual asistir a conciertos con la sensación de participar en una película del tipo “Regreso al Futuro”. Esto es lo que sentimos el pasado 16 de junio en La Riviera. Las bandas, los músicos, y hasta muchos de los componentes del público bien pudiéramos haber sido abducidos de un evento similar ocurrido en 1988, hace la friolera de 17 años. A todos ellos tuvimos la oportunidad de verlos hace dos décadas, y en este 2005 nos han demostrado que están en plena forma.

Ciertas coincidencias en las respectivas giras de Dio y de la versión clásica de Anthrax hicieron que en parte de la gira española se unieran ambos conciertos. En Madrid tendríamos la suerte de disfrutar de este 2×1.

Tarde de calor asfixiante en Madrid. Tras sortear todos los obstáculos que ha puesto el Alcalde en la Capital, y tras recorrer con esfuerzo medio Madrid en esta pista de moto-cross que se ha convertido la M-30, llegamos a La Riviera. Largas colas en la puerta de la sala nos indicaron que el poder de convocatoria de ambas bandas seguía siendo muy elevado. Nada más entrar nos dimos cuenta de uno de los pocos inconvenientes que íbamos a sufrir: hacía aún más calor dentro que fuera, lo que unido a que el aforo estuvo cerca del lleno absoluto, hizo que aquello se convirtiera en una sauna colectiva. 

Los primeros en salir fueron los neoyorkinos Anthrax, con la añorada formación compuesta por Joey Belladonna (voz), Dan Spitz (guitarra), Scott Ian (guitarra), Frank Bello (bajo) y Charlie Benante (batería), recuperada para esta gira.

La necesidad impuesta de terminar el concierto antes de las 12 de la noche hizo que no eran más que las 20:15 cuando comienza a sonar una intro, sacada de la película “Blues Brothers” (lo siento, me niego a llamarla “Granujas a todo ritmo”). La configuración de la sala, con grandes ventanales, permitía que la luz solar penetrara por completo en la sala, desluciendo la puesta en escena del grupo. Esta circunstancia, unida a que estamos hablando de un recinto cerrado y al infernal calor veraniego que sufríamos ese día, provocó una sensación agobiante que muchos intentamos remediar quitándonos la camiseta y así de paso lucir michelines.

Los chicos de Anthrax salieron tranquilamente a escena, saludaron, y atacaron directamente con “Among The Living”. La explosión del público fue tremenda, se notaba que había muchas ganas de ver a Anthrax con esta mítica formación.

El sonido era malo, pero eso no parecía importar demasiado a nadie. El grupo parecía sacado de sus mejores días, hace casi 20 años. Frank Bello sigue siendo un ciclón en escena, Joey Belladonna desprende carisma por donde pasa, Scott Ian algo más estático y el diminuto Dan Spitz con una sonrisa de satisfacción que no le cabía en el rostro. Tras todos ellos, Charlie Benante demostraba su buen hacer a la batería. Los empujones en las primeras filas y los conatos de pogo devolvían al grupo la entrega que estaban demostrando sobre las tablas.

Siguieron con “Got The Time”, estaba claro que la noche iba a responder a la expectación que había levantado. Al grupo se le veía muy divertido, realmente estaban disfrutando en el escenario, contagiando al público de su entusiasmo. ¿O era al revés? Sea como fuera, la fiesta continuó e incluso aumentó con el pletórico comienzo de Frank Bello en el tema “Caught In A Mosh”, coreado con palmas por todos los presentes, satisfechos por lo que estábamos recibiendo. Las únicas pegas eran el deficiente sonido, que no mejoró en toda su actuación. Joey Belladonna estaba muy jovial, sin parar de correr y moverse, enfundado en una sudadera de manga larga que ignoro cómo sería capaz de soportar con ese calor. Quizás ha perdido algo de frescura vocal en todos estos años, pero desde luego yo me temía algo mucho peor, cumpliendo con creces su cometido.

Estaba claro que iban a exprimir todos sus clásicos. Tal y como se podría prever, el concierto se iba a basar en un repaso a la primera etapa de la banda. La siguiente en caer fue “Madhouse”. No es de mis preferidas, pero a juzgar por la reacción del público, los demás no pensaban como yo.

Pero desde luego, nada parecido a la conmoción que supuso la interpretación de “Antisocial”, la versión del grupo francés Trust que Anthrax llevaron a la fama mundial en aquel “State of Euphoria”. Aquello fue la locura. Yo me encontraba cerca del escenario haciendo fotos, y se montó un pogo salvaje del que no tardé en huir, dado el excesivo entusiasmo de un grupo de seguidores bastante fornidos, que empezaron a empujar con excesiva violencia. La verdad es que nunca le he visto la gracia a estas costumbres importadas del punk, sobre todo cuando pueden ser dolorosas para los demás. Que se lo pregunten a una chica que estaba cerca de mi, que se llevó un golpe tremendo. Obviando este incidente, “Antisocial” fue una conmoción total, el momento de mayor éxtasis del concierto, con el público totalmente volcado. Dio iba a tener un gran problema para superar esto.

Los temas se iban sucediendo. “Efilnikufesin (N.F.L.)” sirvió para acomodarme en un lugar más seguro, y para darme cuenta que muchos de los presentes habían ido al concierto para ver a Anthrax, disfrutando cada acorde y viendo su sueño hecho realidad, sobre todo para aquellos que no pudieron ver esta formación en su momento. Dan Spitz estaba tremendamente feliz. Cada solo lo disfrutaba y hacía evidentes gestos de satisfacción. Constantemente se subía a una pequeña tarima al borde del escenario para acercarse más al público, y éste se lo reconocía con constantes ovaciones.

Un pequeño vacile de Charlie Benante a la batería, tocando el bombo para animar al Madrid (¡¡Hey, que yo soy del Atleti!!) y pronto apareció Belladonna, que se caló su característica gorra en lugar del típico penacho de plumas y atacó con “Indians”, coreada por el público.

La fiesta estaba servida. Charlie Benante aparece con una careta de Dark Vader y comienza a tocar la inconfundible entrada de “I’m the Man”, cantada por Scott Ian y Frank Bello en uno de los momentos de mayor fiesta de la noche. Concretamente Frank Bello está pletórico, y se le ve disfrutar intensamente.

De repente, una sorpresa: Scott Ian se arranca con el riff de “A New Level” de Pantera, en claro homenaje a Dimebag Darrell. El propio Ian se encarga de cantar el tema, que no es completado en su totalidad, fusionándolo con el propio “Metal Thrasing Mad”.

Entre los aplausos del público, Belladonna vuelve a las tablas para atacar con otro de los clásicos más reconocidos: “I Am The Law”, que es todo un estallido en nuestro pecho, con el público totalmente entregado. Tras este éxtasis, Belladonna nos agradece nuestra presencia y comenta que para terminar van a tocar la primera canción que compusieron, que no es otra que “Deathrider”, el tema que abría su primer disco (“Fistful of Metal”, allá por el año ’84) y que sirvió de colofón a una hora y veinte minutos de atronador Thrash Metal que dejaron a todo el mundo satisfecho.

A las 22:15 se apagaron las luces para la actuación de Dio. Hacía rato que habían desplegado un telón con la portada del Holy Diver, y al quedarnos a oscuras unas luces rojas iluminaron los ojos del diablo representado en el telón. Uno tras otro, los músicos fueron tomando posiciones en la tarima. El rechoncho Simon Wright tras la batería, el incombustible Rudy Sarzo al bajo, con una envidiable imagen jovial, Craig Goldy a la guitarra (con algún kilo de más) y Scott Warren a los teclados. Formación de lujo, sin duda, que es toda una garantía de calidad.

Sin más dilación la banda empezó con los primeros acordes de “Killing The Dragon”, mientras el mítico Ronnie James Dio salía a escena, con una sudadera roja con una gran cruz sobre el pecho que mostraba su habitual poca presencia física, tan habitual como su gran voz, algo que demostró desde la primera estrofa. Decididamente el tiempo no pasa por este hombre y su poderío vocal sigue sorprendiendo igual que hace ahora justo 30 años desde que dio el salto a la fama con los primeros Rainbow de Richie Blackmore.

Afortunadamente, el sonido mejoró muchos enteros con respecto a la actuación de Anthrax, lo que ayudó en gran medida a disfrutar del show en mayor medida. Las luces también se desplegaron en su totalidad, aprovechando la oscuridad de la noche recién caída en Madrid.

Pronto nos dimos cuenta que esta noche íbamos a disfrutar de una sucesión de clásicos, algunos de ellos no muy habituales en pasadas giras de Dio. El segundo tema en sonar fue “Egypt (The Chains Are On)”, recibido con entusiasmo por el público, y en el que la banda ya demostró en plenitud su buena forma y su brillante acoplamiento. Si embargo, Dio tuvo un momento de duda en el que parecía que su garganta no estaba en una de sus mejores noches. Afortunadamente fue sólo un par de estrofas en las que se vio a Dio pasarlo mal. En cuanto calentó la voz nos ofreció su alto nivel habitual. El tema fue fusionado con una larga versión de “Stargazer”, para delirio de los asistentes, que disfrutamos encantado de la calidad del viejo tema de Rainbow.

Para entonces, todo el público ya estaba rendido con Dio, quien nos presentó el tema con el cual comenzó su andadura en solitario en el ya lejano año 1983: “Stand Up And Shout”, coreado por el público al completo y con Craig Goldy calcando el riff y solo original de Vivian Campbell. Al final del tema, Simon Wright se queda solo aporreando su batería, demostrando una buena evolución desde los ya lejanos tiempos en los que formó con AC/DC. Tal y como ya hizo en anteriores ocasiones, durante parte del solo introdujo una grabación de música clásica, al más puro estilo del fallecido Cozy Powell.

Aunque los solos estén bastante pasados de moda, siguen siendo el mejor recurso para darle descanso a la voz, y estos minutos fuera de escena sirvieron para que Dio volviera pletórico, presentando uno de los temas estrella de su carrera en solitario: “Holy Diver”, muy coreada por la concurrencia. La banda brilla a gran nivel, siendo quizás Craig Goldy su punto más flojo, mostrándose muy estático. Su estilo, técnicamente bueno, se muestra frío y distante. Todo lo contrario que Rudy Sarzo, instalado en su eterna juventud y que es capaz de adaptar su vistoso estilo por todos los grupos por los que pasa, concentrando gran parte de las miradas del público.

La siguiente en caer fue la más conocida de aquel disco “Dream Evil” con el que Dio apareció en España por primera vez en septiembre del 87 (curiosamente, con Craig Goldy). Estamos hablando de “Sunset Superman”, durante la cual Dio recoge una pancarta del público y la muestra a la concurrencia. En ella se podía leer “Dio, The Voice of Rock forever”, detalle con el que Dio se mostró complacido.

Dio presentó el siguiente tema de forma especial, comentando que es una de sus preferidas: “Don’t Talk To Strangers”, recibida con júbilo por el público. Su interpretación fue muy intensa, con Dio bordando tanto las partes suaves como las duras con ese carisma que desborda, jugando con su voz como le convenía a cada momento. De sobresaliente, realmente uno de los momentos mágicos del concierto.

Pero si “Don’t Talk To Strangers” fue bien recibida, el clamor fue unánime cuando presentó “Man On The Silver Mountain”, uno de los temas estrella de su carrera con Rainbow, uno de las canciones que es capaz de unir a dos generaciones de rockeros. Al final del tema, Craig Goldy se queda solo a demostrar sus habilidades y, de paso, a darle un respiro a la garganta de su jefe. El solo de guitarra es largo y tedioso, demostrando su frío estilo que nos aburrió a la mayoría. En mitad del solo se incorporó el resto de la banda interpretando una breve instrumental que prometía bastante, hasta que le volvieron a dejar solo, con la sensación de que aquello no acababa nunca.

Afortunadamente, sí acabó. Y como para compensarnos, Dio apareció y presentó “Long Live Rock And Roll”, que sirvió para despertar a todo el público del letargo en el que nos había sumido el solo de guitarra. La animación, sin embargo, decayó cuando presentó “Shivers”, el tema más moderno de su repertorio, que fue totalmente ignorado por los presentes, más por desconocimiento del tema que por falta de calidad.

Tras esta licencia a su época más reciente, Dio vuelve al pasado remoto y presenta un viejo tema que nunca ha sido habitual en sus giras: “Gates Of Babylon”, toda una sorpresa. Una larga intro con teclados (uno de los pocos momentos de lucimiento de Scott Warren) da paso a este pedazo de clásico, con Dio pletórico de voz. El tema suena impresionante, y la emoción que transmite convierte su ejecución en el momento cumbre del concierto.

Hasta el momento, la etapa clásica de la carrera de Dio se había ceñido a sus días con Rainbow, pero no podría olvidar su otro gran grupo: Black Sabbath. Y para ello, presenta su tema más emblemático: “Heaven & Hell”. A diferencia de otras giras, en esta ocasión la canción se interpreta en su totalidad, en una larga versión en la que se demuestra la pasión que transmiten estas notas imperecederas. Dio está pletórico y la banda no se queda atrás. En un momento de la canción, todas las luces se apagan y una luz roja ascendente ilumina el rostro de Dio, dando una imagen infernal totalmente adecuada a la temática del tema.

El éxtasis provocado entre el público sirve como despedida de la banda, a la espera de los bises. Sin siquiera abandonar el escenario, Dio comenta que por motivos de tiempo sólo pueden tocar una canción más. Las protestas del público se acallan cuando nos dice que el tema elegido es “Rainbow In The Dark”, que se convierte en una fiesta total que se convierte, ahora sí, en el final del concierto, ya que el grupo se despide para no volver, tras hora y media de show, a pesar de la insistente petición del público.

A pesar de esta decepción final, la sensación con la que salimos de la sala fue positiva. Dos conciertos en uno, capturados de nuestros recuerdos de los años ’80, muy diferentes entre sí, la energía y contundencia de los Anthrax originales frente al heavy rock más clásico de la mano de Dio. Mucho tienen que apretar los grupos nuevos para rellenar un hueco siquiera parecido en la historia del Rock.

Texto y fotos: Santi Fernández «Shan Tee»