Veinticinco años, que se dice pronto, contemplan al festival de la guitarra de Córdoba, un festival muy bien organizado, que durante quince días contenta a todo el mundo aunando propuestas comerciales con otras menos populares, pero no por ello menos interesantes, además de talleres, conferencias, cursos, publicaciones y exposiciones donde la guitarra, la música, es la gran protagonista. Así que todos los años y por varios escenarios repartidos por la ciudad van desfilando estilos tan dispares como el blues, el folk, la bosanova, el jazz o el heavy metal. Desde Bob Dylan (Dios lo tenga en su gloria) hasta Vicente Amigo, desde Mago de Oz o Rosendo hasta Pat Metheny o Gilberto Gil son centenares los artistas que han pasado por el festival.
Después de la que montó hace unos años Lucky Peterson, cortando el tráfico de una de las principales avenidas de la ciudad con su Gibson inalámbrica, era lógico que, si se ponía a tiro, repitiera. Así que este año, para todos los públicos al módico precio de cero euros, en la céntrica Plaza de la Corredera, íbamos a poder volver a verle.
Lucky Peterson es un bluesman cuarentón, de eterna sonrisa e infinito talento que ha tocado para gente como B.B. King o Albert Collins y que además de tocar la guitarra como el mismísimo demonio es todo un maestro con el órgano Hammond B3 como pudieron comprobar los ojitos y las orejas de quien les escribe.
A las once de la noche, con media hora de retraso y ante más de dos mil cuerpos sedientos de Soul, Rock y Blues hizo su aparición el bueno de Lucky, acompañado por (¿de donde coño sacarán tantos buenos músicos los americanos?) Rico McFarland a la guitarra, Charlie Hosh Jr., al bajo y Brady Williams, con una pegada más propia de Mohamed Ali, a la batería. Lucky comenzó sentándose al órgano y empezaron a salir disparados auténticos latigazos de su último trabajo, “Black Midnight Sun”, y medios tiempos de esos que acojonan de puro feeling. Pero lo mejor, lo que todo el mundo estaba esperando con ansiedad llegaría poco después, cuando se colgó su guitarra (esta vez con su cable y todo) y se bajó del escenario para recorrerse la plaza a ritmo de Hendrix o Redding provocando el delirio entre el público asistente. A partir de aquí la fiesta fue total, con un show cada vez más enérgico, dejando un poco de lado la faceta más Soul y más centrado en el Rock & Roll, con un Lucky feliz que alargó el concierto hasta las dos horas y media aunque por su cara y la nuestra aquello podría haber durado hasta hoy.
Muchas veces a los políticos se les llena la boca de cultura sólo de cara a la galería, con el festival cordobés hay que reconocer que sí nos toman en cuenta. Fiestas como la del sábado es lo que la gente necesita y quiere. Larga Vida al Festival de la Guitarra de Córdoba y larga vida a Lucky Peterson.
Texto: Pedro Salinas “Pears”
