DEFTONES “Deftones” (2003)

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deftones_deftonesDeftones se han hecho de rogar. Nada menos que tres años hemos tenido que esperar para conocer qué camino tomarían después de “White pony”. Bajo los auspicios de Terry Date (quien cuenta con un diverso historial que abarca desde Metal Church o Pantera hasta Soundgarden o White Zombie) y de la propia banda, “Deftones” trae un DVD que propone un breve paseo por los entresijos de su grabación y que hace menos traumática la adquisición (entre compactos y conciertos…)

El hecho de darle al disco un título tan poco original como el del propio nombre de la formación está visto que hoy día no denota absolutamente nada y en este caso ésta es una verdad a medias. Por un lado, el grupo se apega a su sólida forma de entender el metal: una guitarra como la de Stephen Carpenter, con un cuerpo de igual o mayor grosor que el de su ejecutor, unida a los vaivenes vocales de un Chino Moreno que juega como quiere con los tonos, sellando desde el desgarro más enloquecido hasta la inocencia verbal de un Billy Corgan afligido. Por otro lado, “Deftones” transgrede en cierta manera la discografía que lo precede en el árbol genealógico de los norteamericanos. La gama de colores se ha ampliado, pero la personalidad implícita de su estilo no se desdobla a lo largo de los once temas que componen el álbum. Sea por el equipo que forman sus cinco componentes, el disco rezuma el inconfundible aroma de Deftones, aunque bañado en más sustancias.

Todo lo antes tendrá que materializarse en algo, claro está. Es poner el compacto, darle a la tecla de reproducción y, una vez pasados los segundos de calentamiento, se pone la maquinaria en marcha. Parece que la banda ha perdido la cordura. Barullo, cada componente va a lo suyo, aunque, analizado con mayor detenimiento, uno cae en la cuenta de que “Hexagram” mantiene una armonía dentro de esa amalgama de ruido que la envuelve. Deftones rozan el límite del emo y logran un comienzo brillante. A cada escucha el corte gana enteros y esa norma es aplicable al resto del trabajo.

Minerva”, el sencillo de adelanto, rompe el molde que podamos tener en mente. Para hacer una canción épica no hay por qué recurrir a estereotipos grandilocuentes (y mucho del heavy de reciente facturación abusa de ellos) y ésta lo demuestra. Las letras, cargadas de ambigüedades y referencias divinas, son las compañeras perfectas en este viaje a otra dimensión.

Needles and pins” está más acorde con la línea que marcaron “White pony” y “Around the fur”, al igual que “Bloody cape”, una de las futuras favoritas entre sus adeptos, que recupera al grupo en su esencia más pura: la que equilibra la balanza entre la potencia instrumental y las esquizofrénicas entonaciones de Chino Moreno. La enfermiza “When girls telephone boys” es discípula directa de los FNM más alocados de “King for a day… fool for a lifetime”. Por cierto, conviene no perder de vista el texto de la misma, tan crudo y personal como cotidiano (algo así como ‘si te he visto, no me acuerdo‘).

Con “Deathblow”, que se da cierto aire a “Change (in the house of flies)”, tratan de dotar al álbum de una mayor profundidad, profiriendo un cierto componente oscuro pero sin perder ese puñado de melodía encubierta. “Battle-axe” sigue esa estela, aunque posee un sentido de la intensidad que la distingue de las demás. En el primer minuto puede parecer que no ofrece nada nuevo, pero según va pasando te ves inmerso en el clímax más absoluto: ‘Still you love to think you have always been this way… but you’re all wrong / Well I’d love to think you will someday feel the same‘.

Y ya que citaba antes a Corgan, “Anniversary of an uninteresting event” saca a flote la vena más experimental y dulcificada de Smashing Pumpkins que adquiere Deftones. La otra, la rockera cuyas estrofas principales posan sobre el paladar cierto regusto a pop recrudecido y alejado del mainstream, lo encontramos en las excepcionales “Moana” y “Good morning beautiful”.

El único punto negro que encuentro es “Lucky”, donde Frank Delgado destapa su labor. Se acerca a la música electrónica, pero no me transmite más que indiferencia. Aún así, le da un respiro a la escucha del trabajo en el momento preciso.

No hay que dejarse engañar por la portada horrorosa bajo la que se esconde. “Deftones” es más rico en variedad y presenta más rasgos que sus dos antecesores. Para unos será un híbrido simplemente correcto de ambos y otros, como yo, lo considerarán un paso adelante, expandiendo fronteras y creciendo sin renunciar a su filosofía.

Concretando: si no los conoces y de entrada no estás dispuesto a escuchar o lo tuyo es el etiquetado fácil, ni lo intentes con esto; por el contrario, si los conoces y te gustan, no sé a que estás esperando para hacerte con él. Desde luego, el tiempo invertido ha merecido la pena y la etiqueta de nu-metal resulta vaga ante música tan buena como inclasificable.

J. A. Puerta