Deep Purple están acabados, que desolación. Gillan ya no canta, que desesperación. Steve Morse es un don nadie que nunca fue guitarrista de Kansas ni de los Dixie Dregs y Don Airey es un desconocido no apto para el puesto de Jon Lord. Así que traigan ustedes a las plañideras y saquen las serpientes, víboras viperinas, para que campen a sus anchas proclamando la noticia: Deep Purple nunca más volverán a grabar un “Machine Head”.
Hay gente que parece que ha descubierto América y te venden la noticia a cuatro euros y medio con una sonrisa estúpida en la boca. Así les va. Nadie va a volver a grabar un “Machine Head” al igual que nadie volverá a grabar un “Sabbath Bloody Sababth” o un “Physical Graffiti”, así que no nos rasguemos las vestiduras por ello y aprendamos a disfrutar de lo que tenemos. Y es verdad que Gillan anda muy perjudicado y es una sombra de lo que fue, pero por lo menos todavía no hace el payaso en la MTV ni busca como un loco la democracia china. Que quede claro que un Gillan mudo es mejor que la mayoría y medio disco de Purple supera a muchas discografías enteras.
El “Mark no sé cuantos” con la incorporación de Don Airey (ex Michael Schenker, Ozzy Osbourne, Rainbow, Black Sabbath, Gary Moore, Whitesnake, UFO, Judas Priest, Jethro Tull, Thin Lizzy, etc. para los que dudan del pedigree del muchacho) saca al mercado su segundo disco después del injustamente maltratado “Bananas” y vuelve a dejarnos un trabajo digno, con momentos muy interesantes que conviven con otros con menos magia pero que también cumplen.
Steve Morse ya dejó claro desde el principio, y ojo que lleva ya más de una década en la banda, que nunca iba a ser un imitador de Blackmore y que iba a darle su propio sello al sonido del grupo. Aquí sigue en ello, dejándonos un nuevo puñado de riffs y solos magníficos arropado perfectamente por el resto de la banda. ¿Y Gillan? Pues lo dicho, no es el que era y por eso ya no intenta volver a grabar un “Child In Time” pero sigue siendo un gran cantante, sabedor en todo momento de sus limitaciones.
Siguiendo con mi enconada defensa de la banda ahí os pongo el ejemplo de coplas como “Girls Like That” donde la banda demuestra que sigue sabiendo hacer grandes estribillos con un Airey protagonista en toda la canción. Pedazos de Rock & Roll 100% Purple como “Money Talks”, “Wrong Man” o “Kiss Tomorrow Goodbye” y joyas como “Rapture Of The Deep” donde el que manda es un Morse pletórico, la sentida balada “Clearly Quiet Absurd” o un “Junkyard Blues” donde la banda se luce al completo en un ejercicio de maestría y saber hacer como pocos son capaces de conseguir. No los veo ya tan acabados. Quizá si algunos dejaran de buscar “the next big shit” podría disfrutar más de discos como este.
Que ya no son lo que eran, que sí, qué le vamos a hacer, vaya por Dios, pero llevan diez años sacando buenos discos, mejores que más de uno de los que sacaron con Blackmore, así que saquemos los bastoncillos para las orejas y démonos un buen festín de Deep Purple que algún día se acabarán y entonces si que tendremos que lamentarnos. Un gran disco y sí, la portada es tan horrenda como la de “Bananas” pero eso ¿a quién coño le importa?
Pedro Salinas “Pears”
