“¿Que qué?”, “¿que no vienes?”, “¡pero qué cabrón que eres tío!”. Tirado como una colilla me quedé a falta de dos horas para el comienzo del concierto, mi colega decidió que pasaba de ir… Y no es plan ir a un concierto solo, que también he ido, pero repito, no es plan. Así que utilicé todas las armas de convicción de que dispongo y ataqué a discreción a mi mujer, “¿te vienes?”, “paso”, “si te va a gustar mujer”, “que paso”, “va”, “no”, “vaaaaa”, “que nooo”, “vaaaaaaaaaa aaaa aaa”, “jooooder, veeenga”. Aclarar que mi mujer aborrece todo lo que suena en mi equipo de música y que lo más preciado por ella en su colección de discos es un recopilatorio de los Chichos. Sólo accedió a acompañarme a un concierto una sola vez, al de Y & T, y no le gustó una miaja.

No fue una noche de concierto habitual, ya de camino a Razzmatazz, la conversación en el coche venía tratando de lo que me iba a llevar para comer al trabajo el día siguiente, fiambrera hasta arriba de macarrones, cuando lo normal hubiera sido hablar de música y más concretamente de lo que íbamos a ver/escuchar; “no le eches cebolla a los macarras que sabes que no me va, moza”.
Eran las siete y media de la tarde cuando llegamos a las taquillas aún cerradas de Razzmatazz 2 y el ambiente era desolador, en la cola había, contadas, doce personas. Siete de ellas ya venían con la entrada, dos entraban por la geta y el resto estaban borrachos. Menudo panorama… No problemo, me dije, es muy pronto todavía y aunque no se llenará, supongo que tres cuartas partes del aforo caerán. A las ocho abren taquillas y la cola había aumentado su longitud en unas diez personas más, recogimos las acreditaciones y mientras esperábamos a que abrieran la sala, llega un taxi del que sale Di’Anno y su banda. Él, su panza y su cojera, nos perdonan la vida mientras se dirigen a camerinos, más chulo que un ocho el tío. Abren puertas y entrando que es gerundio.
Al compás de la música chill-out que sonaba de fondo filtré en mi estómago un par de cervezas y un Red Bull, este último con la intención de poder dar botes de gran altura durante la noche. Elegimos un sitio cómodo en primera fila, de hecho, te pusieras dónde te pusieras y debido a la cantidad de gente que había presente, siempre estabas en primera fila. Y a eso de las ocho y media se apagan las luces y comienza el espectáculo.

Sargon, los teloneros de esta noche, son una prometedora banda catalana venida de Granollers (Barcelona), concretamente del pueblo Santa Eulalia de la Ronçana, que nos van a presentar su primer disco, “Transcriptions”, producido por Rafa Garrigós (ASPID) del sello Big Bang Music.
Párrafo de la ficha de promoción: “Con el paso del tiempo, el sonido de la banda ha ido evolucionando y madurando en muchos aspectos hasta encontrar un estilo personal. “TRANSCRIPTIONS”, refleja fielmente el carácter heavy y progresivo de la banda, en ocasiones con partes árabes y toques Thrash en algunos de sus cortes, y una voz muy melódica”.
Esa es la información de que disponía minutos antes de que apareciera en el escenario, sobre una manta de sonidos árabes y dejándonos un pelo despistados, la danza del vientre de una bailarina de nombre Arlen, que bailaba en esta ocasión substituyendo a la “bailaora” titular de la banda, Erika, ya que ésta, unas horas antes, estaba vestida de blanco y concentrada en la difícil frase “sí, quiero”. Se trataba de la intro del disco, “Inscriptions”, instrumental de guitarras pesadas a cargo de Uri Nieto (voz, guitarra) y Carles Ferreiro junto al bajo de Jordi Llobet; marcadas melodías árabes con grandes dosis de percusión por parte de Marc Prim, percusionista y baterista de la banda, muy bueno por cierto. En la pasarela, digo, en el escenario, tenemos a cuatro uniformados con ropajes oscuros, largas cabelleras y perillas, permitidme la grosería, perillas “rascachuminos” que yo las llamo, y que yo también he lucido, todo hay que decirlo, a lo Dimebag Darrell (valga cómo homenage). Total, que llevaban el look trashero típico de los noventa y por lo que pude comprobar, su música acompaña perfectamente a ese look. ¿Qué pasa? aquí también se habla de moda, rockeril en este caso.
No tardarán demasiado en agachar las cabezas y comenzar a voltear las melenas al viento con “Perfect”, un tema de riffs rápidos y potentes muy coreado por el respetable, que ya éramos unas decenas más, y que nos descubre la agradable voz de Uri, digo agradable pero está más cerca de los abismos infernales que de las puertas custodiadas por el santo Pedro. Siendo melódica, quede claro. Se notan dejes, sobretodo en la voz, de Metallica, ese tic al finalizar los estribillos que tiene Hetfield parece habérsele pegado al cantante de Sargon. De este tema tienen una versión en castellano interpretada por Manuel Rodríguez (un claro ejemplo de la necesidad, en ocasiones, de usar un nombre artístico) de Sphinx, que presentan como bonus track en el disco.
Jordi, el bajista, no para de animar al público y de moverse por el escenario mientras el resto de la banda está concentrada en “In The Sand”, temazo que sigue la estela del anterior, es decir, más riffs potentes y pesados en la onda de los Conception y una batería machacona-lesiona-nucas que da paso a la intro del tema “Gods Struggle” donde sale nuevamente al escenario el vientre de Arlen, la bailarina, y enlazan con “Desert Sunset”, otra instrumental de sonidos arábigos y andalusíes que entra estupendamente bien y donde, de nuevo, el trabajo técnico de la banda es merecedor del reconocimiento del público. Tras un final de tema cargado de distorsión continúan con lo que quedaba de “Gods struggle”, una buena patada en el culo, Heavy Metal de la vieja escuela con un trabajo de batería tremendo, solo de guitarra erizante por parte de Carles incluido. El tema termina con unas carcajadas diabólicas y dada la ovación que brindamos a la banda, nos muestran su agradecimiento y continúan con “Nina”, tema favorito del cantante por lo que nos cuenta al presentarlo. Manda huevos ponerle Nina a un tema, es que se te viene a la memoria la Nina de aquel mítico O.T., empalagosa y “supermegabuenapersona”; yo tuve una gata siamesa llamada Nina, la dimos. Pero… vamos a lo que estamos, resulta que el tema se llama “Nida” no Nina, pero de esto me di cuenta más tarde, y total… muy buen tema, la introducción es quizás un poco sosa y amuerma un pelo pero no tarda en subir el tempo y hacerse muy interesante, sonando muy compactos y nuevamente un Marc Prim dando unas leches importantes a su instrumento, destacando también el sentimiento que le inyecta a la canción Uri.
Con el poco público volcado al cien por cien con la banda, como no podía ser de otra manera, “Battery”, uno de los temas más versionados del estilo y la verdad, no entiendo por qué tiene tanto éxito, no lo entiendo pero morcillona se me pone cada vez que la escucho, eso sí, y bueno, escuchándola por parte de Sargon se me volvió a poner. Antes de que echéis la raba imaginando dicha escena, deciros que la imaginación tiende a estilizar, no como la T.V. que dicen que engorda. Tras la ovación de turno, un pequeño parón de cinco minutos y otra danza del vientre, esta vez con Marc dándole al timbal, sudando la camiseta y con la aorta sobresaliéndole del cuello (¿pasa por ahí esa arteria?), a puntito de estallar. Muy buen desengrasante este tema, “Ziggurat”. Y ya, para finalizar la presentación del disco, “The Legend Of Sargon” quizás la más comercial y facilona, de estribillos pegadizos y coreables, como tiene que ser en una canción que nos invita a unirnos a la leyenda de Sargon. La cosa promete, yo de momento me he unido a la leyenda comprando el disco en el descanso, ya os contaremos en otro momento que tal está, pinta muy bien.
Set-list:
Inscriptions
Perfect
InThe sand
Desert Sunset (Intro de Gods Struggle)
Gods Struggle
Nida
Battery (Metallica)
Bises:
Ziggurat
The Legend Of Sargon
(mientras se despedía la banda)
Yo: ¿Qué? ¿Qué te han parecido?
Mi mujer: Molan.
Yo: (Flipando en colores) ¿En serio?
Me puse en plan Loquillo y le dije “pues esto no es nada, nena, ahora viene lo mejor”, me soplé el flequillo, me humedecí las cejas y me fui a mear, que las birras no perdonan, tú. A la vuelta me esperaba la bestia parda de Di’Anno y sus chulerías, había que estar con la bufeta libre, sin presiones, que no quiero perderme nada. La sala ya tenía mejor aspecto y puede que llegáramos al centenar así a ojo de buen cubero.

Una barbaridad, Paul Di’Anno…, una barbaridad lo que he coreado, miles de veces, todos los temas de los dos primeros discos de Iron Maiden, y gran parte de la culpa es gracias a la interpretación vocal y visceral de Di’Anno, la Bestia. Ahora ya no es lo que era, es más, confirmo que está a años luz de lo que fue en aquellos finales del setenta y comienzos del ochenta, pero es que fue muy grande. En estos momentos es grande a
su manera, está mucho más gordo, tiene una pata chula (tanto como el dueño), su piel cada vez se parece más a un mapa y su cuero cabelludo ya no es tal, pero ojo, aunque sus cuerdas vocales están bastante castigadas, sigue rockeando como el que más, a su manera también. Hemos sabido de sus andanzas fuera de la Doncella gracias a su trabajo con Battlezone, Killers, Di’Anno, algún trabajo en solitario como Paul Di’Anno y en colaboraciones varias, no ha parado el hombre, el último lanzamiento de la legendaria banda trashera, los alemanes Destruction, ha sido la más reciente; sin despertar un gran interés por la masa, más bien por seguidores acérrimos, sobretodo sudamericanos, y/o amantes de la buena música, ¡que coño! Los discos de Killers están plagaditos de la esencia de los primeros Iron Maiden y tirando de temas de la banda, también, permanece la actitud, macarra, Heavy Metal crudo y esencialmente rockero. Porque Di’Anno será un icono del Heavy Metal y parte de la médula espinal que regenta el género, pero rockea.
El festival del humor comienza minutos antes de las diez de la noche, tenemos subidos en el escenario a cuatro jóvenes músicos cuyos difíciles nombres no tenía el placer de conocer, los guitarras Mikael Fässberg y Staffan Österlind cedidos ambos para esta gira europea por la banda Burning Engines, el bajista Andreas Grufstedt (Jet Black Combo) y un esperpento… vestido sólo con un moño típico de los nativos de la isla de Pascua, los Rapa Nui, y unos, estos ya de cosecha propia, calzoncillos azul marino, de estos tipo Abanderado que permiten sacársela con comodidad en cualquier situación que lo precise, su nombre, Johan Helgesson (Debase), el batera. El de los calzoncillos se pone a calentar y nos hace un par de malabarismos con las baquetas hasta que una de ellas cae al suelo y desaparece, se tira un buen rato buscándola hasta que un técnico la ve en sus pies y se la devuelve; todo esto de rodillas y en calzoncillos. Una vez realizadas las pruebas de sonido de turno, se apagan luces, encienden focos y la banda se sitúa en el escenario. No tarda en levantarse el vello de mi brazo izquierdo al escuchar las primeras notas de “The Ides Of march”, la famosa y mítica intro del Killers que da la bienvenida al escenario al tremendísimo Paul Di’Anno, que tras presentarse al público y dar las buenas noches entre “fuck’s” y “fucking’s”, nos hace corear el primero de los temas de la noche, “Wrathchild”. Lo de corear será constante durante toda la velada ya sea porque nos sabemos los temas de pe a pa o porque Di’Anno nos pasa el micro en los momentos más difíciles para sus cuerdas vocales. Se notaba en el ambiente que íbamos a ser pocos pero nos lo íbamos a pasar de puta madre, sonó atronador, no tengo ninguna queja en cuanto al sonido de la sala, que fue de notable toda la noche.
Le sigue “Prowler”, primer tema del “primer” álbum de Iron Maiden, cosa fina, los efectos del Red Bull comenzaban a hacer efecto y mis pies se levantaban del suelo ellos solitos. Al echar la vista atrás me di cuenta de que la toma de Red Bull había sido masiva porque menudos botes estaba pegando la prole. Estábamos todos entregados a la banda y la banda se notaba que se lo estaba pasando igualmente genial. Andreas, el bajista, no paraba de emular a Steve Harris y lo cierto es que cumplía bien su cometido, posando para nuestras cámaras fotográficas y sin parar de correr, repito, correr, de una punta del escenario a la otra. Mikael, uno de los guitarras, se hizo fuerte en el lateral izquierdo del escenario y de ahí no lo sacabas, excepto un par de desmarques que hizo para guerrear con Staffan, su compañero de banda. Sólo cuando estaba a punto de terminar el tema me fijé en mi mujer, estaba botando como una loca y con una sonrisa que le iba de oreja a oreja. Os podréis imaginar mi cara de gilipollas al presenciar algo de lo que yo no he sido capaz en años, que mi mujer disfrute con el rock; uno a cero para Di’Anno.
Después de insultar a los de la última fila (de las tres que había) por no moverse y de recordarnos que este concierto es suyo y canta lo que le sale de los collons (cojones suena mejor en catalán) que si quiere cantar temas de las Spice Girls lo hará, Di’Anno se deshace de la chupa de cuero y nos presenta uno de sus temas de la etapa con Killers, “Marshall Lokjaw”, del álbum Murder One. Temazo muy potente de metal tradicional, un pelo más acelerado, con un estribillo la mar de pegadizo y facilón con el que coreamos a gusto todos los presentes. Los síntomas de la afonía estaban comenzando a surgir en mis cuerdas vocales por lo que mientras sonaban los primeros acordes de “Murders In The Rue Morgue” fui a la barra a por otro Red Bull; esta noche voy de taurina. Nada más servirme el combustible me dirijo raudo y veloz, corriendo (imaginaos ciento quince quilos corriendo hacia una mujer) para escuchar a Di’Anno y descojonarme de risa, era suficiente con oír la voz gutural del animal y mirar el moño del batera, pero no, Di’Anno, cual pajero en la edad del pavo, nos hace la butifarra y se mosquea porque no le seguimos el rollo, no todo lo que él quisiera, vaya.
A estas alturas del concierto ya tenemos a toda la banda sin camiseta, excepto Staffan y Di’Anno, este último se ve que no quiere enseñarnos sus cultivadas lorzas (el otro es que es muy pijo) Les llega la hora a otros dos temas de su carrera fuera de Maiden, “The Beast Arises” de Killers, con unas guitarras sonando a lo AC/DC y un Di’Anno un pelo estático, supongo que debido a su cojera, no lo sé, pero incluso durante unos minutos estuvo apoyándose, literalmente, en Mikael mientras cantaba. Si llegamos a tener a la bestia en plena forma no quiero imaginar el huracán que se pudiera haber formado en las tablas. Y “Children Of Madness” de Battlezone, otro de los temas donde Di’Anno vuelve a demonizar su voz, Mikael ya está bastante desmelenado y se marca unas posturitas junto con Andreas que no para quieto, al contrario de Staffan que permanece más o menos inmóvil en la banda derecha del escenario, a su bola pero animando al público igualmente.
Entrando ya en el ecuador del concierto, uno de los momentos más álgidos de la noche es la interpretación de “Remember Tomorrow”, con el “moños” y Di’Anno dando lo mejor de cada uno, al menos todo lo que pueden dar, que es mucho. Y el resto de la banda pues más de lo mismo, correteando de una banda a otra y animando al personal (si es que se puede estar más animado todavía) Le hice una foto a mi brazo izquierdo (que se ve que es muy sensible) para poder demostraros como se me pusieron los pelos de punta escuchando a Di’Anno pero… al “revelarla” en el PC como que no se veía un carajo. Lo dicho, como escarpias. Tras el esfuerzo realizado (doy fe) por toda la banda, lo mejor es pegarse un lingotazo de algo y dejar al bueno de Johan, su moño, sus calzoncillos y sus baquetas, solito en el escenario para demostrarnos que sabe dar muy buenas leches, regalándonos un pedazo de solo. Durante el solo de batera aparece en el escenario un fotógrafo que le hecha agua al asunto con el fin de hacerlo más espectacular. Y vaya si lo consigue, Johan se crece viendo como innumerables gotas de agua danzan a su alrededor y pone toda la carne en el asador. El fotógrafo acojonado con los mamporros y del palo “de perdidos al río”, le vacía el resto del agua que quedaba en la botella de Font Vella y junto al juego de luces que le hacen pues la cosa queda muy curiosa y resultona. Calzoncillos powa!
Una vez recuperado el aliento, el de la banda y el nuestro, Di’Anno nos suelta un discurso, y yo, lejos de enterarme de lo que está diciendo me concentro en contabilizar el número de veces que dice la palabra motherfuckers. Once veces. Presenta a cada uno de los componentes de la banda diciendo su nombre y una coletilla de la que, me vais a perdonar, no me acuerdo y no la apunté, cachis… (¿será motherfucker?) Mientras me dirigía a la barra a por una birrilla, Di’Anno nos presenta “Faith Healer” que será el último tema de la época fuera de la Doncella que tocarán. Este tema del LP “Menace to society” (1997) de los Killers trae consigo unas guitarras pesadísimas, en el buen sentido, claro, y nuevamente Di’Anno me sorprende pegando unos alaridos que me patean hasta el hígado. Reconozco que la noche fue, para todos, más nostálgica que otra cosa y que no nos fijamos demasiado en la parte técnica, aun así debo decir que los músicos eran la mar de decentes e incluso hubo momentos en que brillaron de verdad, y en cuanto al sonido, ya lo he dicho antes, de notable. Uno de esos momentos mágicos ocurrió con “Killers”, joder, ya me estaba preocupando, pensaba que no la iban a tocar. Creo que cantamos más nosotros que Di’Anno, bueno, la cantamos todos, los guitarras, el batera, Di’Anno y nosotros mismamente. Y al que no cantaba, Di’Anno se lo quedaba mirando con cara de asesino (la suya, vaya) y perdonándole la vida, de momento. Y finalmente, La Bestia nos da las buenas noches, las gracias y nos llama mamones una vez más para presentarnos “Phantom Of The Opera” que se recibe con una gran ovación del público. La banda estuvo cantidad de entregada, sacando fuerzas de donde ya no hay. Bueno, Andreas se ve que también había tomado algún que otro Red Bull porque le da mil patadas al conejo de Duracell. Aquí sí que Staffan parece darle más brío a sus pies y se deja llevar, pareciendo incluso simpático, y lo curioso es que animó a mi mujer, mediante gestos, a cantar. Sí, a mi mujer, porque hacia donde miraba no había más gente, pero ella estaba pendiente de Di’Anno, su nuevo ídolo musical, lejos queda ya ese recopilatorio de los Chichos. Cuando acabó el tema e hicieron “como que me voy”, la masa comenzó a “oeoear”, es decir, a chillar a pleno pulmón “oé, oé, oeoeeeee, ooooeeeeeee, ooooeeeeee…” hasta que a la banda le pareció que ya eran suficientes “oés”.
Dedicando el siguiente tema a, en palabras de Pears (hey!, ese profesor), la banda más grande del planeta, según Di’Anno The Ramones, pasan a tocar, después del grito “¡Rock ‘n’ Roll!”, “Blitzkrieg Bop”. El escenario, como era de esperar, parecía una fiesta, con todos dando saltos y cruzándose unos con otros, Di’Anno siempre más bien fijo en el centro y, todo hay que decirlo, desafinó que te cagas, pero bueno, no quedó nada deslucido el tema de la mítica y gafe banda. Hey! oh! let’s go! El siguiente bis ya me lo olía, aposté con mi mujer a que sería “Running Free” y pocas veces pasa pero, acerté de lleno. Aquí nuevamente los que cantamos la canción fuimos nosotros y los músicos porque Di’Anno más bien pasó, poco cantó, lo único que hizo fue levantar el brazo para ponernos el micro y hacernos reír con sus posturas faciales. Y otra vez Staffan haciéndole gestos a mi mujer, “a que le tiro el Zippo a la cabeza…”, “jaj, estás celoso”, “¿yo? ¿del pijo ese? tú flipas…”, “jajaj, ya”.
Decidí no abrirle la cabeza al pijo ya que, sorprendiéndome, tocarían dos bises más: “Transylvania” y “Sanctuary”. Y digo sorprendiéndome porque menudas dos avalanchas que nos regalan, un no parar de botar, con toda la banda dejándose el tipo en las tablas y la prole claro, entusiasmada, chillando todos como si estuviéramos en un matadero porcino. Andreas (el incansino), tocado por la emoción del ambientazo baja al “foso” (espacio destinado a la prensa) y raro en él, comienza a corretear de un lado a otro y parándose en distintas ubicaciones para posar y tal, Mikael no tardará en emular a su compañero de velada, tirándose de cabeza al foso para combatir en un duelo de guitarras junto a Andreas. Di’Anno, dentro de sus posibilidades, clavó los dos temas, al menos es lo que, dentro de la orgía sonora en que estábamos sumergidos, percibí. Codazos por aquí, patadas por allá, zumo de cebada por todas partes, Heavy Metal, sudor, afonía, Red Bull, humo (aliñado), un regate, dos regates, tres regates, ¡gol de Di’Anno y compañía!, ¡la bola entró!
Nos tiran tres púas, una toalla sudada y ¿ya está?, joder que pena, esto se ha pasado volando, pese a que ya estábamos en low battery, destrozados, vaya, pienso que hablo en nombre de todos los presentes (o de la gran mayoría) si digo que hubiéramos aguantado con total satisfacción otra hora de concierto. Acogedor.
Set-list:
The Ides Of March (Iron Maiden)
Wrathchild (Iron Maiden)
Prowler (Iron Maiden)
Marshall Lokjaw (Killers)
Murders In The Rue Morgue (Iron Maiden)
The Beast Arises (Killers)
Children Of Madness (Battlezone)
Remember Tomorrow (Iron Maiden)
Solo de batería
Faith Healer (Killers)
Killers (Iron Maiden)
Phantom Of The Opera (Iron Maiden)
Bises:
Blitzkrieg Pop (Ramones)
Running Free (Iron Maiden)
Transylvania (Iron Maiden)
Sanctuary (Iron Maiden)
(saliendo de Razzmatazz)
Mi mujer: ¿Y cuál dices que es la web de Di’Anno?
Yo: Despacio pequeña saltamontes, despacio.
Mi mujer: Anda, mira pa’lante que te das con esa (¡Toing!)… farola.
(cien metros más tarde)
Joven ebrio: (de medio lao) ¡Oye!
Yo: Dime.
Joven ebrio: (literalmente) Tú ejstabas inscribiendo para luegjo escribir el concier ¿eh?
Yo: (aturdido por su aliento y escapando que es gerundio) Ah, no, sólo apuntaba los títulos de los temas, el set-list y tal…
Joven ebrio: (de lao) ¡Oye!
Yo: Dime.
Joven ebrio: (ayudándose para caminar de los brazos de dos amigos) Pon ca sío una mierrrda.
Yo: Hecho. No te preocupes. Ah, vigila con las farolas, están por todas partes.
Pues eso, he cumplido y aquí dejo constancia de la opinión del joven ebrio. Una noche cojonuda, entre Sargon, los teloneros, y Paul Di’Anno, unas tres horas y media de no parar de reír, saltar, cabecear, “air guitarrear” y de cantar/chillar hasta quedarnos afónicos perdidos. No os dejéis engañar por aquellos que os digan que Di’Anno está acabado, que no se aguanta de pie, que no canta una mierda, etc., id a verlo, escuchadlo, vividlo y sacad vuestras propias conclusiones. La mía está clara, de acabado nada, le queda cuerda y cuerdas (vocales) para un buen porrón de años más, de eso estoy seguro. Mítico y cómico.
Texto: Didac Bello “Crucificado”
Fotos: Vanessa (mi mujer) y yo (su marido)


