El jueves de esa semana llegaba a Madrid y pocas horas después de poner el pie en la ciudad compraba las entradas (una para Monraymon y otra para mí) del concierto. Al día siguiente se me informaba de que las entradas estaban agotadas. Si se hubiera hecho el concierto en la primera sala que se anunció (Divino Aqualung), no creo que los tickets hubiesen volado, pero al llevarlos a una ubicación menor (en aforo) se tuvieron que colgar en el exterior los cartelitos de “Entradas agotadas”.

Había muchas ganas y expectación por parte de servidor de ver el regreso de las bestias pardas de Tampa, Florida, con la formación clásica, después de la edición del buenísimo “Frozen in time” (Roadrunner Records, 2005) y de su bestial concierto (según información leída y contada) en el festival “Metalway” del verano pasado en Gernika. Venían acompañados por los helvéticos Samael, cada vez más alejados del Black Metal y más cercanos a sonidos del tipo Rammstein, habiendo editado un buen disco “Reign of light”, en el 2004. Y para abrir fuego los germanos Maroon, prácticamente desconocidos para mí, hasta que supe de su inclusión en el cartel.
– “¡¡¡¡Coño, Ramón, que en la entrada pone que el concierto empieza a las 6,30 de la tarde. Ni la hora del Bollycao!!!”.
– “Pues habrá que llevarse los churros para merendar”.
Nada, en la puerta quedé con Monraymon a eso de las 18 h. y ya había un poco de gente esperando la apertura de puertas. Fue llegando gente y más gente, la cola se alargaba y allí no permitían aún el paso. Frío, espera que te espera y nadie decía porqué carajos no abrían ya de una vez. Una hora después de lo anunciado accedimos al recinto y decidimos colocarnos en un lugar estratégico con las espaldas bien cubiertas, era buen sitio, pero lo malo que con tanta gente que fue ocupando el lugar al final nos sentíamos como piojos en costura, siendo incluso complicado sacar la libreta y el bolígrafo (para tomar nota) del bolsillo lateral del pantalón, así como la cámara de fotos. Por no hablar del calor reinante. En fin, que desde esa ubicación estuvimos estoicos, padeciendo, y disfrutando del concierto.
MAROON
Pocos minutos pasadas las 20 h. comenzó a sonar una intro que dio paso rápidamente a “Endorsed By Hate”. El vocalista Andre Moraweck animando desde su salida, incluso ejerciendo de fuente humana echando un chorro de agua por su boca. Los guitarristas Sebastian Grund y Sebastian “Riechtor” Rieche, junto con el bajista Tom-Erick Moraweck (hermano del cantante), meneando frenéticamente sus cabezas y greñas a ritmo de la música cañera (mezcla de Thrash/Hardcore y Death Metal, al estilo de unos Hatesphere, por decir un nombre) impulsada por el batir de Nick Wachsmuth tras los tambores.
Andre pedía a la gente que se aproximara más al escenario, para luego dar paso a “Watch It All Come Down”. El frontman seguía expulsando líquido por su boca, pero segregado por sus glándulas bucales, escupinajos y escupinajos soltaba una y otra vez hacia arriba, y unas veces volvían de donde salían, otras los cogía con su mano y otras… a saber donde impactarían. Un poco guarrete el tío.
Agradecimientos en inglés y castellano, para seguir pidiendo que la gente se acercara a las tablas. Otra andanada de agresividad sónica con “Shadow Of The Vengeance”, perteneciente a su primer larga duración, “Antagonist” (Catalyst Records, 2002; Alveran Records, 2003). Ciertamente el grupo no sonaba nada original, pero ganas, entrega y energía le ponían de sobra. Era un espectáculo ver al bajista encorvado meneando su cabeza, al igual que al jovencísimo guitarrista, que durante este tema salió de su posición de la izquierda, para juntarse con el otro guitarra en la derecha del escenario.
“Salute!”, nos decía Andre antes de beber, para luego bañar a su hermano y a uno de los guitarras. Proseguían con otra descarga de su segundo y penúltimo trabajo, “Endorsed by hate” (Alveran Records/Century Media Records, 2004), con el título “The Worlds Havoc”. “Escupinajo-man” (con camiseta de The Darkness) nos incitaba a bailar y saltar, siguiendo los cuatro músicos de delante el ritmo con movimientos bestias de cabeza.
Pedía aplausos para Samael y Obituray, y presentaban una nueva canción, “And If I Lose, Welcome Annihilation”, incluida en su tercer y último CD, “When wolrds collide” (Century Media Records), que aún no había sido editado cuando fue el concierto. El guitarrista de la derecha (tatuado en brazos) se movía frenéticamente al estilo hardcoriano.
La gente respondía con aplausos y gritos de aprobación tras cada tema. Algo sobre “chicas calientes”, dijo el tatuado vocalista, en castellano y que no sé a lo que venía, para seguir con “At The Gates Of Demise”.
Más agradecimientos en castellano y despedirse con una pequeña intro a la que sucedió, otra más del penúltimo disco, “Götterdämmerung”. Dirigiendo el micrófono al principio hacia el público para que vociferaran. Stage diving desde el público y fin sobre las 20.29 h. con instrumentos dirigidos al techo y chocar de manos del cantante.
Como piscolabis no estuvieron nada mal, aunque como ya he mencionado, nada nuevo aportan estos germanos de Nordhausen. Eso sí, empeño y ganas le pusieron a raudales. Aparte del concierto dado por Maroon, mencionar que siempre suele haber alguien que le gusta dar la nota de más, esta vez fue un gigantón, que lo que tenía de largo lo tenía de poco cerebro, moviéndose por las primeras filas como un poseso, y meneando sus brazos cual molino, danzando a sus anchas, y es que cualquiera se ponía por su camino. A ver si la gente aprende a divertirse pero sin perjudicar a la peña que quiere ver tranquilamente los conciertos.
SAMAEL
Tras estar cinco años sin editar un disco, volvían al negocio con “Reign of light” (Regain Records, 2004), un buen trabajo, pero poco que ver ya con sus inicios black metaleros. La primera vez que los vi fue también en esta sala, y de nuevo volvía a verlos de invitados especiales. Si aquella vez me gustaron bastante, a pesar de la lesión de Vorph, esta vez me dejaron un poco frío. Apenas el líder, junto a su hermano Xy (salido de una lesión de muñeca en diciembre haciendo snowboard), se dirigió a la concurrencia, y si lo hizo era de manera fría y distante.
A grito de “¡¡¡Samael!!!”, cuando faltaban unos diez minutos para las 21 h. sonaba una intro y los músicos ocupaban sus posiciones entre aplausos de bienvenida, para arrancar con “Shining Kingdom”, de aquel “Passage” (Century Media Records, 1996). El sonido no era demasiado bueno, prevaleciendo los ritmos de cachivaches electrónicos y del kit de percusión que había al fondo disparados y golpeados, respectivamente, por Xy, comiéndose los demás instrumentos. Ritmos marciales y saludos y cánticos comparables a marchas militares.
Vorph, con su guitarra y situado en el centro, nos saludada en castellano: “¡Hola, Madrid!, ¿qué tal?”, y a ritmo discotequero seguían con “Inch’Allah”. El bajista Mas no paraba quieto ni un segundo, con sus danzas y bailes peculiares; el guitarrista Makro cabeceaba en su mundo. Subió uno a las tablas y el bajista se molestó un poco y le empujó hacia abajo.
A ritmo de gritos “é, é, é…” (gritados más de una vez durante algunos temas) daban paso a “Reign Of Light”, con una parte con voces pregrabadas, y mejora algo del sonido hacia el final del tema. Hasta esos momentos casi todo lo tocado pertenecía a su última obra, recibidos bien por seguidores de la banda situados especialmente en las primeras filas, pero a la demás gente creo que no le estaban comunicando mucho los suizos. Con luces rojizas interpretaron “The Cross”, perteneciente a su penúltimo disco, “Eternal” (Century Media Records, 1999), con esos ritmos cadenciosos y que me sonó de maravilla.
Regreso a su reciente CD con “Telepath”, canción pegadiza y con cierto parecido al sonido instaurado por los germanos Rammstein. “Oriental Dawn”, también del disco del 2004, era comandada por la percusión de Xy, golpeando sin piedad su kit.
Único recuerdo a su pasado más duro con“Baphomet´s Throne” (de su “Ceremony of opposites” – Century Media, 1994), introducida con la voz desgarrada de Vorph con un: “Show me the way by the baphomet!!!!!”.
Con sus brazos derechos en alto (los hermanos Vorph y Xy), y con caja de ritmos a saco, descargaron “Rain”, haciendo también la señal de la cruz. Y otro recuerdo al “Passage” vino con el gran “Jupiterian Vibe”, a ritmo tamborilero en su comienzo y aires árabes.
Continuaron con “Nautilus & Zeppelin” del “Eternal”, con voz grave y caja de ritmos. Después el frontman nos decía que nos volviéramos locos porque era sábado noche (a pesar de su intención no lograba meter a todo el mundo en su concierto) y con sus brazos arriba a ritmo de la música interpretaban “On Earth”.
Tras un agradecimiento en castellano, seguían desgranando su reciente disco, con el tema que lo abre, “Moongate”, seguida por palmas y al igual que muchas de sus recientes composiciones, pegadiza. “La próxima canción es muy heavy y habla de libertad y emancipación”, así dijo en castellano Vorph, y daban paso a “Chosen Race”.
La última de la noche de los helvéticos fue la estupenda “My Saviour”, haciendo que la peña dijera el título en su inicio. Agradecimientos, nos decía que nos verían la próxima vez y saludos. Una “Outro” empezó a sonar sobre las 21.46 h.
Buen concierto casi tocando por completo el último disco (faltaron 5 temas de 11), pero que me dejó un poco helado por la poca interacción con la peña.
OBITUARY
Las manecillas del reloj rozando las 22.30 h. se desatan ruídos de tormenta (sonidos de lluvia) en la intro y la tormenta sonora que se nos avecinaba. Donald Tardy con su torso desnudo y brazos en alto se sienta tras su batería y con el guitarrista Trevor Peres (con una pinta que asusta, con largísima melena y barbas, cual leñador o homeless) a la izquierda según miramos, su otro compañero de las seis cuerdas, el pequeñito, tímido y ya alopécico Allen West casi a la derecha, y más aún a la derecha el bajista Frank Watkins. Ellos solos se encargan de ponernos a cabecear a ritmo de la aguerrida instrumental “Redneck Stomp”, como se abre el disco que de nuevo los ha puesto en circulación. Y comienzan a volar cuerpos por las primeras filas.
Ya con John “luengas cortinas” Tardy (con barriguilla cervecera, como la del bajista) arremeten con “On The Floor”, y tras un pequeño paroncillo, continúan, como en el disco reciente, con “Insane”. La gente como loca volcada con la banda, y al final el hermano del vocalista, se pone de pie y aplaude.
Apenas la bestia de Tardy habla entre tema y tema. Turno de revisar su segundo disco, “Cause of death” (Roadrunner Records, 1990), con la trepidante “Chopped In Half” (que no el Pozo), disco que no grabara Allen West, si no el gran James Murphy, y en el que entraba el bajista Watkins, sustituyendo a Daniel Tucker. El baterista se colocaba una gorra. Sin parar enlazaron a la última de ese segundo trabajo, la “lenta” “Turned Inside Out”.
De nuevo otro paroncito, y esto es algo que hicieron a lo largo del concierto y que para mí deslució algo su descarga. De acuerdo que no se puede tocar al ritmo que lo hacen un tema tras otro a piñón, pero además es que tampoco hacían mucho hincapié en estar en contacto con la peña.
Retornaban a la actualidad con “Back Inside”, y tras un respiro la primera, “Threatening Skies”, de su último disco de estudio, “Back from the dead” (Roadrunner Records, 1997), antes de su retirada, unida a la segunda, “By The Light”. Con la inolvidable pose de Tardy con un pie en un “chivato”, su pelo tapándole el rostro y gruñendo con enorme clase. Cediendo el micro para el estribillo. Curioso como iban repasando su discografía, en bloques de dos temas, intercalados por recientes composiciones.
Peres con una cerveza hacía gestos de que le pasaran algo para fumar. Sin la gran voz del Averno hacían “Dying”, de nuevo regresando a su segunda obra.
Un ligero descanso (ya les valía), tras el cual suena una intro con sonidos tribales, a la que le sigue “Kill For Me”, del “World demise” (Roadrunner, 1994), y saliendo Tardy para cantar. Ésta es enlazada a “Solid State”, también del cuarto disco, con el voceras acompañando el comienzo aporreando un kit de percusión situado al lado de la batería. Me hubiera gustado horrores que hubieran hecho “Final thoughts”, una de mis favoritas de los de Tampa, pero no fue así. Hubo problemas con la guitarra del ogro Peres, que pilló un rebote de tres pares de narices tirando la guitarra enfurecido contra el suelo, cogiendo otra. La gente lo animó gritando: “¡Trevor, Trevor…!”. Allen West ante eso sonreía, y me pareció increíble, ya que hasta ahí había estado absorto en su espacio y mundo.
Tras otro paroncete, Tardy incitaba a dar palmas y animaba para “Stand Alone” y “Lockjaw” (creo que fue la siguiente), con subida a las tablas de una chica tetona que se lanzó al público, más de uno seguro que tocó buena carne, jajaja (¡ale, llamarme machista!). Se van cuando miramos el reloj y eran tan solo las 23.15 h., ¡¿ein?!
A los dos minutos salen Donald Tardy y empieza a aporrear su batería, subiéndose un tío al escenario y se queda un rato moviendo su cabeza. Tras cinco minutos de aporreo, lanza sus palos, y ahora es acompañado por un grandote roadie que toca la percusión. En fin, que tras diez minutos de tamborileros que nos cortaron la intensidad del concierto, aunque subía y bajaba ésta con tanto paroncillo, vuelven a salir los demás músicos y hacen“´Til Death”, de aquel primero y crudo “Slowly we rot” (Roadrunner Records, 1989), para continuar tras volver a salir con más “muerte” y “lentitud”, con “Slow Death” (sacando una tarta por el cumpleaños del baterista), del último, y final con su gran clásico, del primero, “Slowly We Rot”. Final para irse a respirar aire a las 23.44 h., aunque antes tuvimos que guardar espera en la cola para recoger nuestro abrigo.
Cuando se dedicaban a tocar temas aquello daba gusto como atronaba, lo malo los paroncitos que rompieron el ritmo del concierto y ese solo de batería alargado y sin mucho sentido. Me gustaron, pero esperaba más de ellos.
Texto y fotos: Starbreaker
