CORROSION OF CONFORMITY “In the Arms of God” (2005)

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coc_inthearmsofgodCinco años hemos tenido que esperar para tener entre nuestras orejas nuevas coplas de estos tipos. Cinco años desde que nos deleitaran con aquel fantástico “America´s Volume Dealer” y os puedo asegurar que la espera ha merecido mucho la pena. Decía Peeper Keenan en algunas entrevistas que ellos prefieren tardar cinco años y tener buen material que sacar un disco mediocre cada año y oyendo “In The Arms Of God” no me queda más que darle la razón, jodido pero cierto, aunque recemos para que el próximo tarde menos de un lustro.

Si en “America´s Volume Dealer” bajaron un poquito el pistón, tanto en la composición de las coplas como en el sonido e incluso experimentaron, muy bien por cierto, con cosas cercanas al rock sureño (recordad esa maravilla llamada “Stare Too Long”) aquí vuelven donde lo dejaron con “Wiseblood” pero todavía más fieros, más cabreados y más Sabbath que nunca y es que si algo bueno tiene la política conservadora que estamos padeciendo en estos últimos años y que ha convertido el mundo en un nido de víboras, es que muchos artistas sacan toda su rabia y agudizan el ingenio revelándose contra toda esa política. A Peeper Keenan no le gusta la situación actual y eso se nota, vaya si se nota, y muchos de los textos de “In The Arms Of God” tienen como tema principal la guerra e incluso la presentación del disco (por fin un buen artwork) con esa especie de Biblia en la portada y los diseños interiores, va por ese camino.

Otra de las incógnitas del nuevo trabajo de los americanos era ver como solucionaban la difícil papeleta de la sustitución del antiguo batería Reed Mullin. Mullin era para mí uno de los pocos baterías de escuela Bonham/Moon que quedaban dentro de la escena metálica y tenía serias dudas sobre que Corrosion Of Conformity encontraran un sustituto a su altura. Craso error, Stanton Moore supera, y mira que es difícil, el trabajo de Mullin. Más académico pero igual de artesanal (orgánico es la palabra que ahora estaría de moda para describirlo) y con un sonido absolutamente espectacular del que deberían aprender otros que yo me sé y que todos tenéis en mente, Stanton Moore es uno de los puntos fuertes del disco.

No os dejéis engañar por la bonita introducción que abre el disco porque rápidamente el riff de “Stone Breaker”, aplastante, y la voz cabreada de Keenan nos ponen en el camino correcto de lo que será la tónica constante del álbum: Guitarras pesadas, letras comprometidas, heridas e hirientes y sobre todo buenísimas canciones. Canciones que en una primera escucha pueden parecer simples o demasiado lineales pero que rápidamente nos descubren la gran cantidad de matices y detalles que llevan. Así que “Stone Breaker” es una perfecta presentación del disco que “Paranoid Opioid” termina de confirmar rezumando Sabbath por los cuatro costados, desde la clarísima alusión del nombre hasta la parte central del tema que podría, perfectamente, haber salido de las sesiones de grabación de cualquier disco de los de Birmingham en los setenta.

“It is The Way” es uno de mis favoritos, con un estribillo más accesible pero manteniendo toda la fuerza mientras que “Dirty Hands Empty Pockets / Allready Gone” es un tema doble, con una primera parte pesada, con una línea de bajo y batería que van envolviéndolo todo hasta que uno de esos punteos marca registrada de la casa rompe con todo, dando paso a una segunda parte (“Allready Gone”) mucho más visceral tras la que llega el momento de aflojar un poco, y eso se consigue con “Rise River Rise” donde, acústicas en mano y con un ligero toque exótico en la melodía, nos cantan sobre la redención: “…so rise river rise wash this place away, clean my dirty soul, so I can save it for judgement day…”.

La segunda parte del disco sigue el mismo sendero, abrupto y descarnado e incluso más fiero todavía. Cortes como el opresivo “Infinite War”, o el ejercicio de clase y buen gusto de “Backslider” con sus acertadísimos efectos sonoros y su amplio muestrario de riffs infernales hacen que la calidad no decaiga y que mantengamos la oreja bien pegada a los altavoces hasta que llegue la joya del disco, el trepidante capítulo final a una historia perfecta y es que “Crown Of Thorns”, la copla más tranquila del disco, es el complemento idóneo a los más de siete minutos de orgía guitarrera de “In The Arms Of God”, una canción donde Corrosion Of Conformity suenan más que nunca a los mejores Metallica o, dicho de otra manera, suenan como a James Hetfield y Lars Ulrich les gustaría que sonase su banda. Sin duda el mejor final a un disco sobresaliente.

Desgraciadamente Corrosion Of Conformity a pesar de sacar auténticas obras maestras como “In The Arms Of God” o cualquiera de los cuatro trabajos anteriores, seguirán siendo una banda de culto, más admirada por sus propios compañeros de profesión que por el público en general. Posiblemente este año venga de gira con su propio show y las cosas empiecen a cambiar de una vez por todas, recemos por ello.

Pedro Salinas “Pears”