COZ + KATIE KING + SILIKOSIS – Jueves 30 de marzo de 2006, sala Caracol (Madrid)

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Hablar de Coz es hablar de la génesis del Rock en España. Fue uno de los grupos pioneros en empezar a rockerar en aquellos duros años en que un franquismo agonizante comenzaba a agrietarse lo suficiente para empezar a dejar de ser “la reserva espiritual de occidente”. Coz, junto a Asfalto, Ñu, Bloque, Storm y tantos otros, representaba a una juventud deseosa de vivir en libertad, canalizando sus sensaciones en el vehículo que siempre ha supuesto el Rock and Roll. Gran parte de su prestigio se vino abajo cuando los hermanos De Castro se fueron del grupo, montando Barón Rojo, cuyo despegue se basó en hundir a su ex-grupo. Coz tardó años en recuperarse del golpe, y con excelentes discos y grandísimos músicos, peleó hasta conseguir remontar aquella caída.

Coz son actualidad por la inminente salida al mercado de un disco llamado “Amigo mío”, que contará con multitud de colaboraciones de músicos de renombre del rock español. El motivo de este concierto era dar a conocer este nuevo disco. El concierto se completaría con la actuación de los sevillanos Katie King, presentando su segundo disco “1870”, y Silikosis, banda de hardcore que traía como aliciente la presencia en parte de su set de Carlos Pina, cantante de los desaparecidos Pánzer.

El promotor del evento, y manager de las bandas implicadas, Domingo J. Casas, nos sorprendió con la agradable iniciativa de regalar a los 200 primeros asistentes un CD-adelanto de 4 temas del próximo disco de Coz, algo que es de agradecer y que muestra sus ganas de sacar el producto adelante.

Cuando esperábamos a Silikosis, fueron los sevillanos Katie King fueron los encargados de abrir la noche. Era la primera vez que veía a la banda en directo, y tampoco tenía demasiadas referencias sobre ellos, aunque su primer disco lo tenemos reseñado en la web por mi compañero Starbreaker.

El grupo basó su set de forma bastante equitativa en temas de los dos discos que tienen en el mercado, “Letras de Sangre” (2004) y el recientito “1870” (2006)

Abrieron el concierto con “Suena”, y entre foto y foto intenté hacerme una idea de cómo era el grupo. Y la sensación fue bastante positiva. Katie King es un grupo sólido y compacto, al que se ve ya con suficientes tablas para no amedrentarse frente a un público que, en su mayoría, no había ido a verles a ellos. La comunicación en el público fue buena en todo momento, haciendo constante gala de la proverbial gracia sevillana.

Siguieron con “El 5º jinete”, también de su primer disco. Las guitarras de Larri López y Manuel Iñigo son uno de los alicientes del grupo, turnándose en riffs y solos con mucha soltura. Larri se encarga también de la voz, y aunque no es un cantante excelso, cumple bien su tarea. El grupo lo completan Miguel Gullón al bajo, con buena técnica y una brillante puesta en escena que le da un valor añadido al grupo, y el batería Paco Rodríguez “Batthery”, todo una bestia (con perdón), un huracán en el escenario con una grandísima pegada.

La primera canción que tocaron del nuevo disco fue “Letras de sangre”, que curiosamente es el nombre del primer disco, circunstancia que fue explicada con humor por Larri. A estas alturas yo estaba satisfecho con el grupo. Su estilo híbrido de tintes ochenteros entre Hard Rock y Heavy Metal clásico les deja en un punto atrayente, y consiguiendo que el público, bastante frío con ellos al principio, se fuera contagiando de su entusiasmo.

Esa noche hicieron dos versiones, ambas incluidas en sus discos. La primera fue “It’s Allright”, incluida en su último disco “1870” y que perteneció a Storm, una legendaria banda sevillana de los ’70 muy influenciada por Deep Purple. El tema sonó adaptado al sonido de Katie King y se reveló como uno de los mejores momentos del concierto.

La afición del grupo por las motos y su asistencia a concentraciones moteras les llevó en su día a dedicarles una canción, llamada “Quemando ruedas”, presentada como “Quemando las putas ruedas”, donde el bajista Miguel Gullón requirió nuestra atención para fijarnos en la letra. El tema comenzó con un brillante duelo guitarrero entre Larri y Manuel, que fueron combinando solos hasta desembocar en el tema, muy rocanrolero y que terminó de enganchar al público.

Tras una instrumental llamada “69”, cuya cifra fue motivo de broma por sus connotaciones sexuales y por ser el año de nacimiento de Larri, atacaron con uno de los temas estrella de la banda, “Opresión”, cuyo estribillo es todo un himno que es coreado por el público. El tema es alargado para incluir el habitual juego para hacer cantar al público, la presentación de los miembros de la banda (y de los técnicos de sonido, y de las chicas del merchandising…). Cuando le llega el turno al batería Paco “Batthery”, se hace un solo en el que demuestra su gran energía y pegada, aunque no dice mucho más que otros tantos solos de batería que hayamos escuchado antes.

Para finalizar nos anuncian la segunda versión de la noche. Según palabras de Larri, “la canción más ferroviaria del rock español”. Evidentemente se refería a “El tren”, el mítico tema que José Carlos Molina y Rosendo Mercado compusieron para Ñu y que terminó siendo publicado en el primer disco de Leño. La versión, incluida en el reciente “1870” de Katie King, es llevada por el grupo a su terreno de tal forma que queda casi irreconocible, aunque esta adaptación deja casi intacta la frase “si controlas tu viaje, serás feliz”, para gozo del respetable, que se deja (nos dejamos) la garganta en ello.

La sensación que dejó Katie King en los 50 minutos que dispusieron fue positiva. Tienen puntos en los que mejorar, pero se les ve un grupo asentado al que habrá que seguir de cerca.

Esta noche Coz iba a mantener una formación base en el escenario, a la que se le irían agregando invitados según las canciones que interpretaran. Esta formación giraba en torno al incombustible Juan Márquez (bajo y voz), hilo conductor de Coz en toda su historia. En la batería estaba el no menos histórico Enrique Ballesteros (además de Coz puso sus baquetas al servicio de Ñu, Bella Bestia, etc.). El resto del grupo lo formaban miembros de lo que hoy es Punto de Mira, es decir, Javier Mira y Miguel Ángel López a las guitarras y Juan Olmos (teclados y voz).

Cuando se abrió el telón, los músicos ya estaban dispuestos en el escenario. La juventud de Juan Olmos y sobre todo de Miguel Ángel López chocaba con la imagen mucho más madura de Juan Márquez, a quien se le nota el paso de los años, y sobre todo de Enrique Ballesteros, casi irreconocible sin su legendario bigote y al que también se le nota curtido por la edad. A nuestra derecha, Javier Mira demuestra que sigue en plena forma, tanto musicalmente como por soltura en escena, ataviado con un vacilón sombrero que cambiaría en alguna ocasión.

Los primeros riffs de ambos guitarristas provocaron el primer delirio. Empezar el concierto de Coz con la mítica “Más sexy” demuestra que iban a por todas. Para cantarlo, saltan al escenario Kiko Hagall, excantante de Beethoven R. y uno de los artífices de este proyecto, acompañado de Larri López, al que 15 minutos antes habíamos visto con sus Katie King. Un clásico de este calibre es capaz de levantar a un muerto, y estaba claro a quién habíamos ido a ver, así que no fue de extrañar la gran aceptación que tuvo el inicio del concierto.

El concierto estaba montado para cambiar de invitados en cada canción, así que al terminar “Más Sexy” subieron al escenario el carismático “Lili” (Tritón, Sangre Azul…) acompañado de Esther Lago, compañeros ambos en los actuales Sangre Azul 2005, y lo hicieron para interpretar “Romper la red”, el tema que salió en aquel “Hasta que la muerte nos separe” de 1997 y que estará incluido en el nuevo disco “Amigo mío”, cantado precisamente por El Lili. Y es que este personaje es todo carisma y buen rollo. Además de cantar la canción, se hace el amo del escenario y monta su propio show, tirándose por el suelo, tumbándose sobre los monitores… Mientras tanto, Esther Lago cantaba y bailaba demostrando buenas tablas. Y un cuerpo que quita el hipo (si no lo digo, reviento…) Aún así, el bajón de popularidad de la canción con respecto al resto del repertorio hizo que los ánimos se enfriaran un tanto.

Y si el Lili es todo carisma, al dejar el escenario le sustituye otro cantante tanto o más carismático: Óscar Sancho (Lujuria), presente en todos los saraos, y que se metió al público en el bolsillo nada más salir a escena. La interpretación de la vacilona “De mal en peor” fue de lo mejor de la noche, tanto por Óscar como por el resto de la banda, que demostró un nivel muy alto. A Javier Mira se le ve feliz y sonriente, disfrutando de la noche, y haciéndonos disfrutar a los demás con su buen hacer a las 6 cuerdas. Miguel Ángel López está algo más cohibido en escena, pero su buena técnica hace de su presencia un lujo. Juan Olmos está algo más retirado, en un lateral del escenario y con su micro demasiado bajo, que hace que apenas se perciban sus coros y Enrique Ballesteros sigue siendo un torbellino al que los años no han restado ni un ápice de energía.

Juan Márquez es el maestro de ceremonias, feliz de cómo está resultando el evento y tomando el protagonismo de siempre al bajo, aunque las veces que se puso a cantar sí que se echaba en falta que ya no es lo que era. Eso sucedió en la siguiente, “Imagínate por qué”, mítico tema que en su día (“Las chicas son guerreras” – 1981) fue dedicada a John Lennon. El tema es precioso, y su interpretación llena de emoción nos llegó a todos.

Aprovechando el tierno clima generado, el siguiente tema fue una balada llamada “Tentación”, de aquel disco llamado “Legítima defensa” (2000) que pasó casi desapercibido (al menos para mi…). La canción la cantó Juan Olmos tras su teclado, demostrando que es un grandísimo cantante con una voz envidiable, que solo tiene que superar su timidez en escena para contactar plenamente con el público. El tema sonó entrañable, cálido y nos dejó una gran sensación.

El siguiente invitado era muy esperado. Carlos Pina, ex cantante de Pánzer, subió a las tablas para cantar “Fuera de lugar”. Y realmente así es como se le vio en los minutos que estuvo en escena. Lamentablemente no es ni la sombra de lo que fue, ni su voz es la poderosa garganta que asombró en los ’80, ni sus torpes movimientos en escena corresponden a un artista con sus tablas. Sin duda fue el peor momento del concierto, una triste decepción. Anunció que después también saldría acompañando a Silikosis, pero no pudimos comprobar si ahí pudo enmendar esta actuación.

El relevo de Carlos Pina lo tomó Víctor Aceña, de los burgaleses Mirada de Ángel, que subió para cantar “Leche en polvo”. Víctor le puso mucho más empeño que Carlos Pina, pero no me convenció demasiado, quizás porque su aguda forma de cantar no le va muy bien a este tema de Coz. Aún así, habría que destacar el interés y ganas de agradar que este joven cantante le puso a la canción.

El concierto estaba acabando, y para ello nos tenían reservados un par de platos fuertes para que nos fuéramos contentos. Juan Márquez comenta que para este tema (que no presenta) debería subir Fortu (Obús), pero que no había podido ir. Eso no era del todo cierto, porque yo le tenía a un par de metros detrás de mi. Ignoro los motivos de la espantada, pero me hubiera gustado verle cantar la canción que empezaba en esos momentos y cuyos primeros acordes nos hizo saltar como un resorte: ¡¡“Las chicas son guerreras”!! A falta de Fortu, es Juan Márquez quien se encarga de cantarla, junto con Juan Olmos, que le da la réplica tras sus teclados. Junto a él, en un lateral, se encuentra el Lili disfrutando del concierto. A mitad del tema Juan Márquez le ve y le hace señas para que se una a ellos. El Lili, que estaba loco por salir, acepta de inmediato y se agarra al micro para cantar el tema. Desgraciadamente, el Lili no recuerda la letra de las estrofas, así que sólo canta el estribillo junto con todo el público que nos dejamos la garganta en el empeño. Pero no importa, el Lili es todo energía y si no se sabe la canción, pues no pasa nada, unos revolcones por el suelo, un poco de vacile al público… y la fiesta está servida.

Para cerrar el concierto, una enorme Jam Session se junta en el escenario, con el Lili, Víctor Aceña, Kiko Hagall, Esther Lago, Larri López… para cantar a coro “Amigo mío”, perfecto tema para finalizar la noche con un sentimiento de haber contemplado algo especial, una fiesta en que grandes estrellas del rock español, pasado y presente, se han unido para celebrar la vuelta al panorama de una de las leyendas del rock español. El tema sonó atronador, muy festivo y con todo el público contagiado por la magia del momento. La imagen, con todos los músicos abrazados cantando la canción, fue un perfecto fin para esta noche mágica.

SILIKOSIS

El retraso producido en el inicio del concierto llevó a los organizadores a decidir el paso de Silikosis, quien debía abrir la noche, a la última posición. Lo avanzado de la hora (para ser un día laborable) y el hecho de que las estrellas de la noche ya hubieran actuado, me llevó a la decisión de esperar a ver cómo se desenvolvían en escena y, dependiendo del agrado que me produjeran (no conocía al grupo), quedarme a ver su show completo.

Cuando se abrió el telón, los componentes del grupo estaban en escena, incluyendo dos cantantes. Rápidamente anunciaron el nombre del grupo, que hacían Hardcore Metal.

El grupo había anunciado la presencia de Carlos Pina junto a ellos en algunos temas, pero en el inicio se presentaron con otro invitado: Un esquelético cantante a pecho descubierto y pantalones caídos a medio culo enseñando los gallumbos, del que luego me enteré que se llama Sammy Nasty Rave y que canta en otro combo hardcore. Y antes de que nos diéramos cuenta empezaron como una tromba, con una avalancha sonora y visual, incluyendo a Sammy dando botes desacompasados y lanzando botellas de agua (con envase) al público. Supongo que sería puro hardcore, estilo en el que soy un completo neófito. Es posible que en lo suyo serán muy buenos, pero aquello me terminó de convencer de que mi sitio no estaba ya allí, así que preferí irme con el recuerdo del buen concierto de Coz. Mientras me dirigía a la salida, me fijé en las caras de asombro de la mayoría del público, con los ojos como platos como diciendo “¿esto qué coño es?”. Seguro que más de uno compartía mi opinión, puesto que al llegar a la salida, la mitad del aforo ya se había vaciado.

Aún así, la sensación que me quedó fue la de haber asistido a una noche única y memorable. ¡Quiero más como esa!

Texto y fotos: Shan Tee