Los grupos como Cash siempre lo han tenido especialmente difícil en el competido mundo del Rock. En unos tiempos en el que dependemos excesivamente de las etiquetas, de un bando al cual alinearnos, la propuesta de Cash navega en tierra de nadie, con el peligro de desubicación que esto conlleva. Demasiado reflexivos para el pop, demasiado complicados para el Rock & Roll y demasiado suaves para el Hard Rock. ¿Su destino? Aquellos que disfruten con todo a la vez.
Cash se acerca más al Rock progresivo que a ningún otro. Su música, sofisticada y muy trabajada, se construye a partir de la excelente destreza técnica de sus componentes: Adolfo Espina (voz), Antonio D. Carmona (guitarra), Jesús Utande (bajo y teclados), Enrique Vivo (teclados) y Juan Barroso (batería). Todos ellos destacan por sí mismos, y a la vez contribuyen a dar valor de conjunto a esta banda. De sobresaliente se puede calificar la excelente base rítmica formada por Jesús Utande y Juan Barroso, que además de dar soporte a los temas, dan su toque de calidad con imaginativas líneas de bajo y adornos de batería. El trabajo de los teclados y guitarras es magnífico, con intervenciones de mérito que llevan a buen puerto unos temas de por sí complicados de ejecución. Por último, Adolfo Espina no goza de una voz potente, pero la modula y entona de forma acertada.
Su música está destinada a escuchar tranquilamente y, desde luego, exige una dedicada atención para descubrir todos sus detalles. Este es un disco que necesita paciencia, no entra a la primera sino que exige sucesivas escuchas para ir adaptando el oído a armonías poco usuales, y en algún caso, algo áridas. Sin embargo, en cada escucha vamos comprendiendo y disfrutando de la música que desprende el disco, descubriendo nuevos matices en cada escucha.
Cash se muestra como un grupo elegante. Los tranquilos pasajes instrumentales permiten disfrutar de la madurez de sus integrantes, como demuestra parte central de “Dueña de la noche” o la instrumental “Mañana”. Otros temas destacados son la inicial “El alma en la piel”, que comienza muy suave para ir ganando en intensidad a medida que avanza, o “No me quiero salvar”, quizás el mejor corte del disco o, al menos, uno de los que entra en nuestra mollera a las primeras escuchas.
Yo no tenía conocimiento de la existencia de este grupo. Ni siquiera su web oficial nos despeja muchas dudas sobre su curriculum musical. Pero estos experimentados músicos han conseguido despertar mi interés. Espero oír más de ellos en el futuro.
Santi Fernández «Shan Tee»
