CASABLANCA “Cuatro discos y un día” (2005)

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casablanca_cuatrodiscosyundiaNacidos como Mamut a principios de la década de los ’80, de la mano de sus fundadores Pachi Escolano (guitarra) y Carlos “Nano” Hervás (bajo y voz), junto con Pepe Rodríguez (batería), se estuvieron pateando Madrid ganándose un nombre en el circuito underground. Su estilo, alejado del naciente Heavy Metal, les dejó un tanto en tierra de nadie. Mediado el decenio, cambian su nombre a Casablanca, y se incorpora al grupo el desaparecido Terry Barrios, compaginando su actividad en Topo. Corría el año 1985. A partir de entonces, su camino se vio jalonado con la edición de 3 discos (“Rock and Roll en el bar de Rick”, “La noche” y “Rio”) que, sin llegar al éxito masivo, les confiere una buena reputación. La muerte de Terry Barrios es el epitafio del grupo. Mediados los ’90 hay un intento de retomar Casablanca por parte de Pachi Escolano, quien cuenta con Candi Abelló al bajo, Lourdes del Pino (voz) y Ángel Crespo (batería) para grabar “Cuatro” (1994). Pero poco después desaparecen de la escena de nuevo. En 2005 tuvimos constancia de este nuevo resurgimiento. Para ello han contado con José Manuel Fernández, batería que en los ’80 perteneció a Marshall Monroe (formación madrileña que mereció mucho más, y de donde salieron músicos como Juanjo Melero, ex guitarrista de Sangre Azul y Sherpa, así como Jorge Fontecha, actual cantante de la Vargas Blues Band). Como cantante, un desconocido llamado Ingo, con el cual se presentaron en Madrid hace ya un par de años.

“Cuatro discos y un día” es la carta de presentación de la banda en esta nueva etapa. Editado en 2005, en el comienzo de esta nueva aventura, contiene una buena representación de su música a lo largo de toda su trayectoria. No es un mero recopilatorio, sino que, en un esfuerzo por contentar tanto a los antiguos fans como a quienes descubran ahora al grupo, han añadido algunos temas inéditos que por diversos motivos nunca vieron la luz.

Temas como “Me liaste niña”, “Corta la sesión”, “Rey del siglo XX”, “Barbitas guapetón” o “Pregunte a su mujer” se radiaron hasta la saciedad en los programas especializados de la época, y su presencia en la memoria colectiva de los que vivimos aquella época nos hace extrañarnos de que las nuevas generaciones apenas hayan oído hablar (salvo excepciones) de un grupo que mereció mucho más, quizás ahogado por el pujante heavy metal con el que tuvieron que competir. El estilo de Casablanca, rocanrolero, alegre y bacilón, se hace muy agradable de escuchar, aunque quizás su falta de agresividad, comparado con los grupos que triunfaban en la época fue un injusto lastre con el que tuvieron que lidiar.

Son varias las colaboraciones que podemos escuchar en el disco, y que dan mayor aliciente a las canciones. En “Corta la sesión” podemos oír la inconfundible voz de la malograda Azuzena (Santa) en unos potentes coros, pero no es la única colaboración del disco, ya que en varios de los temas aparecen Julio Castejón (Asfalto) y Lele Laína (Topo), productores así mismo de algunos de sus discos, así como los teclados del gran Miguel Ángel Collado y la siempre espectacular guitarra de Salvador Domínguez.

La presencia en la mitad de los temas del siempre recordado Terry Barrios demuestra su versatilidad, ya que además de su personal y cálida voz, sorprendió al mostrarse como un excelente guitarrista, cuando todos le conocíamos como batería en Topo. Es una verdadera pena que la muerte le sorprendiera en la cima de su creatividad.

El disco contiene un nuevo tema llamado “Mamut”, en principio incluido como adelanto de un nuevo disco que, dos años después, sigue sin ver la luz, y en el cual canta Ingo, el vocalista con el que iniciaron esta nueva etapa y que, según noticias que nos llegan de la propia banda, dejó el grupo hace unos meses, siendo sustituido por Juanjo Temiño, con el que esperan dar el empujón definitivo a su nueva trayectoria y con el que están dando una serie de conciertos por la geografía nacional.

A la espera de tener entre las manos el esperado 5º disco de la banda, este disco tiene un valor, tanto musical como histórico, que no desentonará en la estantería de los buenos aficionados al rock nacional.

Santi Fernández «Shan Tee»