FITO & FITIPALDIS + ZODIACS – Viernes 29 de diciembre de 2006, Palacio de los Deportes de la Comunidad (Madrid)

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Segundo lleno consecutivo en el Palacio de los deportes de la Comunidad de Madrid, ni más ni menos que 20.000 personas cada noche. Quien se lo iba a decir al Cabrales cuando todavía se hinchaba a pregonar por esos escenarios que había poco rock’n’roll, y de eso hace cuatro días.

No sé por qué, llevaba yo la esperanza de que la noche me haría olvidar la última actuación de Fito que tuve la ocasión de padecer hace un par de años, cuando Aqualung todavía era lo que era. Sin embargo mis expectativas más positivas se empezaron a disipar en cuanto me percaté de la fauna que empezaba a abarrotar los asientos del recinto, y que se puede dividir en tres grupos:

– Grupo A.- Los de siempre, minoría absoluta.

– Grupo B.- Los que van a un concierto cada tres años y esa noche tocaba. Podrían ser algo más del 20% de los allí presentes, y se caracterizan por el irrefrenable impulso de canturrear todas y cada una de las canciones aunque no se sepan la letra, por ponerse de pie y fastidiarle la visión al de detrás iniciando un irremediable efecto dominó y por bailar en medio metro cuadrado.

– Grupo C.- Los que se alimentan de Los 40, Sol Música y similares. El 75% del total, como mínimo. Se ponen histéric@s cuando suenan los singles, permaneciendo cuasi impasibles el resto del tiempo, no identifican los arreglos en las codas, el rock and roll de verdad les sobra, estarían a gusto con dos horas y cuarto de “soldaditos marineros” y encienden los móviles (lo de los mecheros pasó a mejor vida) en las baladas para que haga ‘bonito’, son así de horteras.

En muchos casos los grupos B y C son la misma cosa. Se les reconoce porque fuman aunque haya un cartel que lo prohíba (de unos 30 metros cuadrados y colgado del techo del pabellón en lugar bien visible). También son fácilmente identificables porque suelen ir cocidos portando un recipiente lleno de refresco aliñado que utilizan para regar el suelo de su alrededor o la camisa del de delante, cantan fuera de tono a medio metro de tu oreja, jodiendo literalmente la canción y ponen así a prueba la templanza de tus nervios. Al final llegas a la conclusión de que los tienes de acero y que puedes donar perfectamente para fabricar espadas toledanas, por ejemplo.

Bien, la cuestión es que allí nos acoplamos un@s cuant@s, asientos numerados, sitio majo, todo OK para rentabilizar los 30 euros por cabeza y pasar un buen rato. En esto que nos dan las 21:00 h. y con puntualidad británica saltan al escenario los Zodiacs, grupo bilbaíno que hacían de teloneros en sus propias palabras, para calentar a la gente.

Al principio el sonido no es demasiado bueno, pero el técnico pone las cosas en su sitio segundos después, dejando escuchar su pop-rock con suficiente nitidez. Yo no los había escuchado nunca, así es que estuve observando atentamente y me dieron bastante buena impresión, aunque es como si estuviera viendo a un híbrido entre Tequila y Burning, con aspiraciones a Stones y suficientemente poperos como para que los pinchen en las emisoras favoritas del grupo C.

Le echaron ganas, pero obtuvieron poca respuesta. Vamos, que la masa pasó de ellos con amplitud. La propuesta de sus Telecaster con sonido guarro a medio saturar, sus buenas voces y su 3×4 no calentó al personal, pero a algunos nos entretuvieron lo suficiente como para premiarles con unos aplausos tras su media hora exacta de actuación. Me quedo como momento estelar de la actuación su último tema “Nada sabe igual”, muy bueno.

A las 22:00 h. se vuelven a apagar las luces y se iluminan las dos pantallas que flanquean el escenario, en las que se muestra una presentación en dibujos animados con los créditos, músicos y tal que queda de lo más original. Tras esto cae un telón negro que cubre el frente del escenario y aparecen los músicos delante de unos focos violetas a la altura de la cabeza que molestan bastante (vamos, que no dejan mirar al escenario) y comienza a sonar “Un buen castigo”, de su anterior LP en estudio “Lo más lejos a tu lado”.

El frente del escenario está cubierto en su mitad superior por un telón blanco que hace de pantalla sobre la que se proyectan figuras de luces y sombras de lo más psicodélico. De izquierda a derecha están colocados Candy Caramelo (bajo y coros), Javier Alzola (saxo), José “el niño” Bruno (batería), Fito (voz y guitarra), Joserra Senperena (órgano Hammond) y Carlos Raya (guitarra y coros).

El segundo tema de la noche y primero de su último disco fue “Viene y va”. Aquí todavía había poca batería en la mezcla pero al final de la canción la caja y los platos ya suenan bien definidos, y en “Por la boca vive el pez” el sonido es realmente envidiable para lo que son este tipo de espacios. Este es el momento en el que los integrantes del grupo C hacen la primera de las apariciones estelares, con una respuesta tan impresionante como artificial.

“Whisky barato” es la siguiente, pero a pesar de lo bailongo del tema y lo fácil del estribillo no obtiene ni por asomo la misma respuesta que el anterior, lo que ratifica mi teoría. Para entonces ya hacía rato que los del grupo B se habían puesto de pie y con ellos, por afición o por obligación, el resto del público.

En “Sobra la luz” queda patente que el grupo suena profesional, muchísimo mejor que la gira anterior, en gran parte por la labor de organización de Carlos Raya, como así reconoció el propio Fito en la presentación de la banda mucho más avanzado el concierto.

Las siguientes fueron “Para toda la vida”“Me equivocaría otra vez”“Como pollo sin cabeza”, y la versión de los Rebeldes “Quiero ser una estrella”, en la que arreglaron la coda con la intro de batería del “Rock and Roll” de Led Zeppelin, pero pasó desapercibido excepto para el grupo A y quizá para algunos del grupo B. Aquí hay que decir que también hubo otros arreglos en otros temas (al uso y costumbre de lo que hacía Fito con Platero y tú), pero pasó más o menos lo mismo aunque fueran casos menos ‘escandalosos’.

En “Cerca de las vías” hubo exhibición de móviles-mechero a cargo del grupo C, orgasmo interrumpido por un “Volvemos en 2 minutos” que utilizaron para ‘descansar’ mientras montaban el tenderete que serviría para un colocarnos el impepinable set acústico con el que se suele romper el ritmo de los conciertos. Dicho tramo consistió en el encadenamiento de “Rojitas las orejas” (¡¡¡y qué bien sienta que l@s de detrás te destrocen el tímpano y la canción a la vez!!!), “Quiero beber hasta perder el control” de Los Secretos, la rumbera versión del “Callejón sin salida” de Barricada que aportaron para el disco-tributo a los navarros, y una especie de ‘mix’ “Ojos de serpiente / El funeral” rematados por un pequeño fragmento de las “Danzas húngaras” para terminar.

Una vez retirados los taburetes y resto de escenografía volvieron a electrificar el asunto con la versión del “Deltoya” de Extremoduro, a la que siguió la instrumental “214 Sullivan Street” y “A la luna se le ve el ombligo”. Este fue el momento que eligió Fito para presentar a su banda y darle gusto a los del grupo C con nueva explosión de gaseosa e histeria colectiva gracias a “La casa por el tejado” y, sobre todo, “Soldadito marinero”. ¿Qué sería del mundo (de Yupi) sin esta canción? Ya me gustaría a mí comprobarlo. El caso es que, con final acelerado incluido, el público estaba en el bolsillo, momento idóneo para irse por primera vez en pleno cenit orgásmico.

Para los bises dejaron los, quizá, mejores momentos del concierto: “Abrazado a la tristeza” y “Medalla de cartón”, además de “Acabo de llegar”, con la que terminaron este primer ‘encore’. Silbidos después volvieron a salir para terminar con “Esta noche” y “Donde todo empieza”, ambas del último disco, con las que pusieron punto y final dos horas y cuarto después.

Un buen repaso a sus tres discos anteriores y gran presentación del último, buen concierto en general de una gran banda que dio un magnífico espectáculo. Aunque para ‘espectáculo’ las cinco o seis señoritas cortando la calle Goya tras el concierto y cantando el insoportable “soldadito marinero” a voz en grito camino del metro. Esto es lo que hay y lo que queda del Fito de Platero, convertido en ídolo de masas para goce de algun@s y desgracia de otr@s.

Texto: Alvar de Flack