PUNTO DE MIRA + BARBARROJA – Sábado 12 de enero de 2008, La Sala Live! (Madrid)

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Punto de Mira ha sido siempre una de mis debilidades. Dos discos extraordinarios y un buen puñado de conciertos en los que disfruté como un enano han hecho de esta banda una de mis preferidas. Hace unos meses nos llegó la inesperada noticia de su desmembración. En la relativamente corta historia de Punto de Mira, la ida y venida de músicos ha sido una constante, pero el grupo siempre había sido sustentado por Javier Mira y Juan Olmos, que siempre demostraron una química especial entre ellos que trasladaban al oyente con suma facilidad. Por eso, la ruptura de este dúo la acogimos como un jarro de agua fría. No tardamos en conocer el nombre del nuevo cantante, una voz de prestigio en el panorama rockero nacional como es Gabriel Boente, conocido sobre todo por su paso por Saratoga, donde grabó el disco “Mi ciudad”. La incorporación de Gaby no es la única novedad de Punto de Mira. La inclusión de un segundo guitarrista (Casta) y un nuevo bajista (Miky) conforman una formación novedosa hasta tal punto que sólo Javier Mira y el batería Teo Suazo “sobreviven” de la grabación de “Simetría”, segundo y hasta ahora último disco de Punto de Mira. Por todo esto, fuimos a la presentación de la nueva formación con mucho interés, para comprobar en primera persona cómo van a funcionar los cambios tan drásticos efectuados en el seno del grupo.

El grupo elegido para abrir la velada era Barbarroja, una banda a la que únicamente conocíamos de oídas, y a la que prestamos la atención que merece todo grupo que se sube a un escenario a intentar demostrar sus cualidades.

El grupo fue tomando posiciones en el escenario mientras sonaba una épica introducción. Barbarroja lo forman Isma (guitarra), Rocko (batería), Brunn (bajo) y Charly (voz), y pronto empezaron su set, basado en su mayoría en temas incluidos en su disco de debut, editado el año pasado.

Barbarroja hacen Heavy Rock cañero y contundente, con más ímpetu que destreza, y cuyas ganas de agradar no eran del todo correspondidas por un público que, salvo unas excepciones en las primeras filas, pasaba bastante de ellos. Así de dura es la vida del telonero, aunque es una excelente forma de darse a conocer.

Una de las cosas que choca del grupo es el contraste entre la juventud del cantante Charly y la veteranía del bajista Brunn, ambos muy preocupados por agradar a los asistentes, mientras que el guitarrista Isma llevaba calada una gorra cuya visera le tapaba media cara. La voz de Charly es potente, este chico tiene buenas facultades, aunque aún le falta educarla, canalizar su potencia vocal, algo que seguro podrá mejorar en el futuro, dada su juventud y ganas con que se emplea.

En el tiempo del que dispusieron tuvieron oportunidad de desgranar unos cuantos temas incluidos en su disco homónimo, entre los cuales destacó “No podemos olvidar”, una canción dedicada al fatídico 11-M, que comienza como una balada y que a mitad de tema se acelera hasta convertirse en uno de los temas mejor trabajados de su repertorio. Tocaron también otros temas propios como “Tu decisión”, “Jugando a ganar”, “Pecado o Rock & Roll” y “Otra vez”, que intercalaron con algunas versiones, caso del “Paranoid” de Black Sabbath en una versión mucho más heavy que la original, una buena versión de “Concierto para ellos”, que aprovecharon para comentar la colaboración de Carlos de Castro en la grabación de su disco, y un curioso “I Want Out” en el que el cantante Charly saca un violín con el que toca la parte correspondiente a una de las guitarras del tema de Helloween, lo que le da un punto muy original al asunto, convirtiéndose en el mejor momento de su concierto.

El concierto terminó con una trepidante “Barbarroja”, en cuyo final los músicos (excepto el batería, evidentemente) terminaron revolcándose por el suelo del escenario, muertos de risa.

A pesar de que vimos al grupo bastante “verde”, y con evidentes carencias técnicas, su actitud y ganas de agradar fueron dignos de alabanza. Les queda mucho camino por recorrer, pero con trabajo y dedicación pueden llegar a ser un grupo a tener en cuenta.

Pocos minutos antes de que Punto de Mira se subieran al escenario, gran parte del público asistente se agolpaba en las primeras filas, dejando claro quien eran las estrellas de la noche. No en vano era el día de la puesta de gala de la nueva formación de un grupo que nos ha hecho pasar muy buenos momentos.

Poco a poco, los músicos fueron tomando posiciones. Teo Suazo se apostó tras la batería, y en un extremo del escenario, el guitarrista Casta y el bajista Miky se colgaron sus instrumentos mientras que Javier Mira enchufaba su guitarra y ponía a punto una enorme pedalera que ocupaba gran parte de su lugar asignado. Pero algo iba mal. Entre tanto cable y cachivache, algo no iba, y aquello no sonaba, lo que llevó a Javier a revisar toda la instalación mientras sus compañeros de grupo esperaban pacientemente a que Javier desfaciera el entuerto. Tras unos minutos de incertidumbre, el “duende” desapareció y la guitarra de Javier comenzó a sonar poderosa y cañera.

Tras los primeros acordes de “Es por ti”, primer tema de la noche, Gaby Boente apareció en escena, oculto hasta ese momento. Su look era impactante, embutido en unos pantalones ceñidos, una vistosa (e incómoda, seguro) hebilla y una chupa de cuero muy pintona, que después se quitó para mostrar una camisa abierta, además de unas gafas de sol que no se quitó en todo el concierto y una amplia cinta negra en la cabeza tapándole su galopante alopecia.

El concierto continuó con “Mi locura cura” y “Rock Star”. Yo nunca había tenido la oportunidad de ver en directo a Gaby Boente en ninguno de sus grupos anteriores, pero me dio toda la sensación de que estaba tenso y agarrotado. Bastante estático en escena, se esforzaba en adaptar las canciones a su voz, mucho más heavy que la de su antecesor, y en ningún momento se le vio cómodo. Esta sensación, lejos de disiparse, se fue incrementando a lo largo de todo el concierto, viéndosele muy incómodo calzándose las botas de Juan Olmos.

Sobre el resto del grupo, a Teo Suazo ya le conocía y no fue ninguna sorpresa su buena pegada. Miky se reveló como un excelente bajista, con un estilo parecido al de Javier “Chewaka” Colmenarejo, con el bajo a la altura de las rodillas. Casta, guitarrista también de Peatón Crusoe, tiene bien asumido el rol de segundo guitarrista. Su labor como escudero Javier Mira es valiosa, dándole a Javier más libertad de acción, al tiempo que enriquece algunos temas. Con todo, mis preferencias están en la formación con una única guitarra.

¿Y Javier Mira? Pues como siempre, realmente espectacular. En mi opinión es el mejor guitarrista de este país, con una técnica y versatilidad impresionantes y que, lo más difícil de todo, lográndolas integrar en los temas dando a cada momento de su interpretación unas grandes dotes de calidad y frescura. Y todo ello si dejar de bromear y vacilar, consiguiendo una comunicación con el público que es una de sus mayores virtudes. Un solo distorsionado al límite, al estilo de su ídolo Hendrix, nos llevó hasta “El mago”, durante la cual hizo buen uso de la inmensa pedalera que tanto trabajo le había llevado poner a punto.

“Olvídalos” sonó más trepidante que nunca, y fue alargada en su parte intermedia para hacer las pertinentes presentaciones de los miembros de la banda, con Gaby bastante atenazado por los nervios. “Sueñas con mentiras” fue una demostración más de que no termina de adaptarse al repertorio de Punto de Mira. Su voz está en un estado de forma perfecto, no se le puede achacar nada en ese sentido, y no la sentimos desfallecer en ningún momento del concierto, pero simplemente… no se encontraba a gusto, y estas cosas siempre se transmiten al exterior.

Sólo así se explica que dos temas como “Noviembre” y “Me pones a 100”, colocadas seguidas en el set list, no sonaran todo lo redondas que debieran. Estos temas, que son siempre parte de alguno de los momentos más álgidos de sus conciertos, sonaron algo desangeladas, en una tendencia que no se lograría enderezar por completo en todo el concierto.

En descarga de Gaby hay que decir que puso todo de su parte para que esto no fuera así. Cuidó de todos los detalles y se esforzó en dejar su impronta en cada tema, a costa de variar la melodía vocal en demasiadas ocasiones. En un momento desapareció del escenario y volvió sin camisa, dejando a la vista su totalmente depilado y bien musculado tren superior, que estuvo exhibiendo hasta el final del concierto.

En este tema, Javier hizo uso del talk-box, ese tubo por el que el sonido entra en la boca del guitarrista para que éste, moviendo la boca, consiga modular el sonido a voluntad, un elemento que nunca hasta ahora le habíamos visto utilizar, y que fue una aportación más dentro de un solo realmente impresionante que nos obsequió dentro de la canción, en uno de los momentos álgidos del concierto.

Quizás espoleados por esta demostración (una vez más) del talento de Javier Mira, el grupo se vino arriba intentando remontar un concierto hasta ese momento irregular. “Vivo y muerto” sonó bastante bien, y tanto en ella como en “Apuesta fuerte”, Gaby se esforzó por demostrarnos sus facultades vocales. En “Decadencia”, el grupo fue una tromba, con la contundente base rítmica compuesta con Teo y Miky llevando en volandas a Casta y Javier, compenetrándose a la perfección y con Gaby bastante más suelto, ya que este tema se amolda mejor a su estilo.

El concierto acabó con “No me impresionas”, uno de los mejores temas de Punto de Mira, y que contiene uno de los solos de guitarra más atractivos de Javier, y con el que pusieron punto final teórico al concierto. Momentos después volvieron para cerrar definitivamente la actuación con “Tu sangre me sienta bien”, con la que definitivamente se despidieron del público que había llenado en buen número esta sala madrileña.

Las sensaciones que saqué de este concierto fueron bastante agridulces, no voy a negarlo. Punto de Mira ha cambiado mucho y muy deprisa, y necesita un período de asentamiento. De su primer disco sólo permanece Javier Mira, y desde el segundo, que ni siquiera ha sido “explotado” como debiera, sólo le acompaña Teo Suazo, el 60% del grupo es nuevo. Gaby Boente es un excelente cantante, y su errática actuación de La Sala no contradice esta afirmación, sino que demuestra que la voz es el instrumento más difícil de adaptar a unas composiciones que fueron ideadas para explotar los recursos de un cantante diferente. Esto significa que Punto de Mira está ante un nuevo comienzo, tienen la necesidad de reinventarse de nuevo y, con todo el dolor que pueda significar dejar atrás los temas de los más que excelentes discos editados, deben mirar hacia delante, componer nuevas canciones y crear para Punto de Mira un nuevo concepto de grupo. Calidad, tienen a espuertas, y estoy seguro de que lo conseguirán.

Y yo estaré allí para contarlo.

Texto y fotos: Shan Tee