¿Concierto histórico o timo descarado?
Semanas antes del concierto me debatía entre si ir o no ir. Había leído que el apodado Padre del Rock & Roll no solía extenderse más de una hora en directo, y eso me echaba atrás, además de los precios de las entradas: 40 € en el nivel A, y 35 € en el nivel B. Pero era una ocasión única e histórica ver al legendario Charles Edward Anderson Berry tocar en mi ciudad, así que finalmente opté por ir. Pero… el primer día de la semana del concierto ya no quedaban entradas, y es que al final los rumores que había escuchado anteriormente eran bien ciertos, las localidades llevaban agotadas desde hacía unas semanas. Pero… gracias al amigo Ramón pude conseguir una que le sobraba a su compañero del trabajo Antonio. Así que gracias a los dos podría finalmente asistir para ver en vivo al abuelo Chuck Berry.
Al llegar muy cerca de las 21 h. a la puerta del auditorio vimos un grupo de veteranos rockabillies. Echándose de menos aquellos tiempos pasados en que era más común verlos por la ciudad, y en garitos. Lástima que lo que predominen ahora sean niñatos hip hoperos jugando a ser malotes, góticos/as de postal, coches con chulos descerebrados con el ruido a un volumen ensordecedor… En fin, que en ese aspecto habría que decir que tiempos pasados fueron mejores.
21.10 h. Sentados ya en nuestras butacas correspondientes, y con el auditorio hasta los topes, se anuncia por megafonía que debido a circunstancias ajenas a la organización el concierto comenzaría un cuarto de hora más tarde (estaba programado para las 21 h.). La causa del retraso, al parecer, y según escuché en la radio dos días después, era que el moreno rockero no había cenado, así que mientras le traían la comida de un restaurante chino… Nosotros raudos y veloces fuimos hacía el bar del auditorio, que estaba atestado, aunque finalmente pudimos pedir botellines de cerveza, apenas frescos y encima algo movidos, con lo cual al destaparlos… ¡espuma para unos cuantos/as! Finalmente uno tuvo que endiñarse el botellín de cerveza como si fuera un chupito porque empezaba a sonar la música en directo cuando el reloj marcaba las 21.16 h. ¡Empezamos bien… mal!
Al salir al palco de butacas sobre el escenario ya estaba el Papá del Rock & Roll, con su camisa azul de lentejuelas, gorra marinera, pantalones negros y su Gibson colgada, junto a su banda de acompañamiento (pianista, baterista, guitarrista, y bajista) interpretando el comienzo de la clásica “School Days”, pidiendo que cantáramos con fervor el estribillo. Fue acabar el tema y una gran ovación se escuchó, poniéndose un buen número de gente en pie aplaudiendo.
Sin parar siguieron con “Sweet Little Sixteen”, de nuevo con la peña enfervorizada cantando el estribillo y poniéndose alguno en pie bailando. Continuaron con el Blues “Wee Wee Hours”, con Berry pegado al piano (situado en el lado izquierdo del escenario, según mirábamos), para luego irse a pedir algo al fondo del lateral izquierdo. Un clamor se escuchó de la gente al acercarse tocando al borde del escenario en su parte derecha, pegando el abuelo hasta pequeños saltitos.
Continuó, y continuaron, poniendo al auditorio en pie a ritmo de clásico Rock and Roll. Llegó a chapurrear que hablaba poco español y cantar cutremente un trozo, si mal no recuerdo, de un tema popular mexicano, que hizo que la gente lo ovacionara por el detalle.
Después de un calmado Blues presentaba a su hijo, el guitarrista que le acompañaba.
Tras otro tema más, dio comienzo el momento surrealista al comentar que no había cenado y estaba hambriento, esperando que le trajeran la sopa a escena, pasando a tocar “Everyday I Have The Blues”.
Antes de seguir con el siguiente tema volvía a decir que realmente estaba hambriento, y aquello daba risa. Finalmente durante el desarrollo de la canción le sacaron un cuenco con sopa y ni corto ni perezoso, mientras el grupo seguía tocando, él probaba el caldo y hacía un gesto de aprobación, colocando su preciada cena en uno de sus altavoces, y entre toca y toca, cucharadas de sopa.
Las palmas acompañaron el comienzo de “You Never Can Tell”, tema más conocido aún por la escena del baile de la película “Pulp Fiction”. El octogenario músico tomaba las últimas cucharadas de sopa poco antes de largarse.
El público se ponía en pie ante las primeras notas del clásico “Johnny B. Goode”, pidiendo que se subieran las mujeres a bailar. La banda tocando, las chicas bailando alrededor, y hasta una pareja, y Berry, ni corto ni perezoso, antes de que acabara el tema desaparece del escenario sin despedirse, terminando la banda y dando las últimas palabras el hijo del músico. La gente de pie aplaudiendo, pero la mayoría con unas caras de asombro y estupor por el final, sin despedida ni bis ni nada más.
Una hora raspada que sabía servidor que sería así, no pillándome por sorpresa, como a muchos si les pasó. No estuvo nada mal, y más tras ver que a los 81 años Mr. Chuck Berry aún se conserva decentemente, aunque tocara como le daba la real gana, teniendo a la banda para seguirle. ¿Timo o no?… pues depende de cómo se analice el concierto.
Texto: Starbreaker
Fotos: putoalien
