TESTAMENT – Martes 24 de junio de 2008, sala Heineken (Madrid)

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Una gran mayoría de metaleros de este país habían acudido al festival Kobetasonik de Bilbao el fin de semana anterior. La verdad que el cartel era bueno, aunque tampoco con muchas sorpresas en los grupos que lo integraban. Todos habían pasado por nuestro país anteriormente, excepto, si no me equivoco, Airbourne y Black Tide. Me hubiera gustado ver otra vez en directo a grupos como Su Ta Gar, Slayer, Death Angel, Obituary, Tesla, Saxon, Europe, Dio… y a los cabezas de cartel de los dos días también, pero sin grandes deseos por éstos. Y es que ver días antes vídeos en el Youtube de Judas Priest en Suecia con un Halford destrozado a la voz hacía que se me cayeran los co/o/nes al suelo. Mucho mejor conservar el recuerdo de las anteriores veces que los vi. Y en cuanto a Kiss, pues sí, por el espectáculo y demás, pero me quedo con lo vivido en la penúltima vez que vinieron con la formación clásica. Así que desechando ir de una punta a otra del país (aunque realizado años atrás por ejemplo para ver el “Clash Of The Titans” y a Black Sabbath, Slayer… ambos en San Sebastián), la paliza de festival de dos días… decidí montarme mi festival particular de dos días en dos diferentes lugares. El lunes veía en Almería a Rotting Christ, Krisiun y Ravencult y al día siguiente, habiendo dormido poco, tomaba el autobús destino Madrid para ver de nuevo a la formación clásica de Testament, excepto Loui Clemente tras los tambores. 

Quizás con los años uno se vuelva más sibarita o exigente (y más con los precios que corren) a la hora de ver a un grupo y esperar que suene decentemente y en un sitio en condiciones. Y eso no se cumple cada vez que voy a la sala Heineken. En la entrada (a 28 € el papelote impreso) ponía que la apertura de puertas era a las 20 h. y Testament comenzaban a las 20.30 h. No hubo grupo que abriera la noche. Lástima que no compartieran con mis adorados Death Angel, como se rumoreaba meses antes. En las demás ciudades si hubo grupos locales, abriendo Legen Beltza en Bilbao, Nocheni en Vigo, y un día después en Barcelona Satrapa, pero aquí nada de nada. 

Habiendo descansado poco después del viaje intenté estar en la sala antes de las 20.30 h. Cuando entraba aquello ya estaba atestado de gente, aunque no del todo lleno, logrando situarme casi pegado a la mesa de mezclas, que quedaba a mis espaldas. Allí uno casi no podía ni respirar, en fin, habría que aguantar como se pudiera. Lo nefasto fue que pasando ya unos cuantos minutos de las 21 h. los técnicos seguían probando en el escenario. La gente ya desesperada, y con razón. Después de una hora de retraso, tras lo previsto en la entrada, y sin saber los motivos de esa demora, el quinteto californiano salía a las tablas. 

¿Qué decir de Testament a estas alturas? Uno de los más consecuentes, fieles y mejores grupos de Thrash Metal de la historia, que tras el retorno con la formación clásica (menos el baterista), ha sacado un buenísimo disco “The Formation Of Damnnation” (Nuclear Blast, 2008). Estando en un estado de forma increíble desde que volvieron en el 2005 a girar junto a Skolnick y Greg Christian.

De grandioso recuerdo la última vez que los vi, junto al amigo Ramiro “Motorhead”, en Oporto (Portugal), en el incomparable marco de la sala Hard Club (más quisiera la Heineken), ya habiendo dado cuenta de ello en The Sentinel. Dos años después de aquello la banda sigue inconmensurable y estupendamente, con el grandote Chuck Billy con ese vozarrón (aunque en ocasiones ayudado por algún que otro efecto), los riffs del gran Eric Peterson, la enorme clase y maestría a las seis cuerdas de Alex Skolnick, el trabajo en la sombra, pero lleno de eficiencia, del poco reconocido buen bajista Greg Christian, y de nuevo con ellos la máquina de Paul Bostaph tras los tambores y platos. El concierto que dieron fue sensacional, y es que ver a la banda tocar temas como “Over The Wall”, “Apocalyptic City”, “The New Order”, “Low”, “The Preacher”, “Alone In The Dark”… es una apuesta sobre segura de calidad. Pero claro, si el sonido no acompaña obtenemos un concierto bueno, pero que pudo ser muchísimo mejor si el sonido no retumbara, no costara seguir los temas… vamos, que habrá que pensarse mucho volver a ese antro llamado Heineken. 

Saliendo a oscuras al escenario mientras sonaba la introducción, pronto pusieron toda la carne en el asador y la sala en un gran bullicio, de primeras con el temazo “Over The Wall”, uno de sus mejores temas, aunque noté a Chuck Billy no muy allá de voz, continuando sin contemplaciones con la destroza-cogotes “Into The Pit”, seguida de la rescatada para esta gira “Apocalyptic City”, acompañada por las palmas en su comienzo y Billy señalando con una gran sonrisa el pogo que se había formado bajo sus pies. Esos tres primeros temas sirvieron de golpe directo y certero, como diciendo: ¡ahí lleváis eso! Comienzo devastador. 

Antes de seguir con la reseña hay que hacer mención del típico personaje espabilado al que te puedes topar en cualquier concierto. Ya he comentado donde estaba situado, un poco por delante de la mesa de mezclas, casi encajado con la gente de alrededor. Pero ahí que llegan dos tipos y se colocan como pueden tras de mi, y cuando empezaban las primeras notas del “Over The Wall” uno de ellos ya crecidito salta apoyándose sobre mis hombros para tomar impulso. Me volví rápidamente, porque hay que tener morro, y me pide perdón. Vale, perdonado, será la emoción del momento, pienso. Pero poco tiempo transcurrido el tipo se puso a moverse pegado a mi dándome empujones, a los que respondí, cortándolos de golpe, soltando mi codo hacia atrás. En las condiciones de sardinas en lata en las que nos encontrábamos no era el sitio propicio para saltar como si estuviéramos en las primeras filas y así se lo hice ver y dije, a lo que el tipo me dice que tranquilo y que me fuera yo a las primeras filas, ¡juas! Al poco tiempo, el “listo” se fue a restregar su cuerpo entre la marabunta a pie de escenario, cosa más que lógica y que tenía que haber hecho desde el principio. Hay que disfrutar de los conciertos, pero sin fastidiar al de alrededor. 

Después de presentar el vocalista a sus compañeros tocaban “Practice What You Preach” con la peña cantando aún más fuerte cuando el grandote dirigía el micrófono hacia la audiencia. Seguida sin respiro con “The New Order”, con el de sangre de nativos norteamericanos haciendo molinos con su cabellera (¡hay que ver lo que le ha crecido el pelo desde que lo vi pelón, por efectos de la quimioterapia, en el festival “Thrash Of The Titans” de San Francisco!). Y más sin dejarnos respirar, subiendo de esa manera la intensidad con “Electric Crown”, aunque no obteniendo la misma respuesta que con otros temas. Pero tras el único repaso a “The Ritual” (Atlantic, 1992) la peña empezó a decir el nombre de la banda una y otra vez. 

Presentaban la primera canción esa noche del último álbum, “More Than Meets The Eye”, sucediéndose los solos, y Billy entre los dos guitarristas. Los coros de Peterson poquísimo se escuchaban, cediéndole el micrófono Billy. 

Más alabanzas hacia el grupo repitiendo con ahínco el nombre. Peterson y Christian cambiaban guitarra y bajo, respectivamente, para pasar a hacer “Low”, cantando durante una parte Chuck en el lado izquierdo de las tablas, al lado de Skolnick. 

Volvía a cambiar de guitarra Peterson para la tranquila “Trail Of Tears” seguida del batir de palmas. Tras la calma la caña con “Henchman Ride”, con el cantante poniendo sus puños como si agarrara un manillar de moto, volviendo a deleitarnos el trabajo de Skolnick y Peterson en el centro sacando melodías de sus guitarras. El trabajo de Bostaph tras su kit de batería bestial. 

Nombrando a Greg Christian éste pasaba a introducir con sus notas de bajo “Souls Of Black”, seguida por la grandiosa “The Preacher”, con el público siguiendo con sus voces la melodía de guitarra, soltando la risotada Peterson en el micro de Billy. 

Presentaba a cada componente y la peña con el típico canto metiendo jaleo para que volvieran y siguieran. Y claro que regresaron y siguieron, tras una intro, con “D.N.R. (Do Not Resuscitate)” empleándose el vocalista en guturales.

Otra más del penúltimo disco en estudio “The Gathering” (Spitfire, 1999), “Three Days In Darkness”, con ese ritmo cadencioso escuela Sabbath hacia el final. Era un gozo ver a Skolnick sacar con esa calidad y limpieza notas de su guitarra, poniéndola más de una vez en vertical y pegado al borde del escenario. 

El final fue de órdago, como años atrás, con “Alone In The Dark”, alargando el tema para que la peña participara tarareando la melodía, y con la tremenda “Disciples Of The Watch”, tardando un poco en saber cual era por el batiburrillo de sonido, y durante la cual el bajista se golpeó su cabeza con el micrófono, pensando yo al principio que alguien le había arrojado algo. 

Mientras sonaba el grandísimo Frank Sinatra con “I Left My Heart In San Francisco” (¡y tanto!) la banda se despedían juntos, gritando con orgullo Chuck Billy Heavy Metal Forever! cuando eran las 23 h. 

Lo habían vuelto a hacer, Testament me habían dejado exhausto con su descarga. Repasaron todos sus discos en estudio, incluyendo temas de álbumes donde ni Skolnick ni Christian tocaban, a excepción del brutal y death metalero “Demonic” (Burnt Offerings, 1997). Uno de los estandartes más grandes en cuanto al Thrash Metal genuino se refiere, lo demuestran en disco, y lo que es mejor, en directo igual o mejor. Lo malo, no haber gozado de un mejor sonido, pero es lo que tiene esa horrible sala.

Al día siguiente a madrugar y coger el autobús de vuelta a casa a trabajar, con la satisfacción de poder decir que nos quedan Testament por muchos años.

Texto y fotos: Starbreaker