FESTIVAL NOS VA LA MARCHA: OBÚS + ASFALTO + SHERPA + CASABLANCA + COZ + MOTOCICLÓN + BOLETUS – Sábado 27 de septiembre de 2008, Auditorio Villa de Vallecas (Madrid)

¡ Comparte esta noticia !

Septiembre de 1978. Con Franco criando malvas en el Valle de los Caídos, España estaba sufriendo cambios a un ritmo vertiginoso. Liberados por fin del yugo de la dictadura, las libertades se abrían paso en la sociedad española a pasos agigantados. La juventud de la época estaba ávida de expresar sus sentimientos sin miedo, y las manifestaciones artísticas reflejaban el espíritu de esa época. Una de las consecuencias fue la eclosión de numerosos grupos de Rock, que con pocos medios y una destreza en algunos casos limitada, suplían sus defectos con una ilusión desbordante. Es muy difícil que aquellos que no hayáis vivido aquellos años os podáis hacer una idea de lo que se palpaba en el ambiente.

En septiembre de 1978 yo sólo tenía 12 años, y mis recuerdos sobre aquella situación están sorprendentemente frescos, aunque limitados por mi bisoñez. El 22 de septiembre de aquel año se organizó un festival en la plaza de toros de Vistalegre (Madrid) al que se llamó “Rocktiembre”, y en el que participaron algunos de los grupos que más sonaban en aquella época, en las incipientes emisoras de radio y en el comediscos que siempre tenía algún amigo. De aquel festival, donde actuaron grupos como Topo, Teddy Bautista, Cucharada, Leño, Coz, etc., se editó una banda sonora con bastante mala calidad, y un documental en el que se mostraban tanto los preparativos como un resumen de las actuaciones de aquel día. Hoy en día ese documental es objeto de búsqueda por parte de los que amamos los primeros pasos del Rock en España. Yo sólo he conseguido visionar una copia en bastante mala calidad, pero como documento histórico es imprescindible para conocer un poco más aquellos años.

30 años después, muchos de los músicos que fueron protagonistas en aquellos históricos momentos siguen hoy en activo. Y en sorprendente buena forma, visto desde el punto de vista de aquella época, en el que un sentimiento de provisionalidad embargaba a todos aquellos héroes. Y para conmemorar aquel acontecimiento, y en una mezcla de nostalgia y reivindicación personal, se ha montado este festival “Nos va la marcha”, con vocación de festival itinerante, y en el que se han incluido algunos de los grupos de aquella época que aún están en activo, evidentemente con sólo una parte de sus componentes originales. Y es que los años no pasan en balde. Ha sido necesario (e imprescindible) el empeño personal de dos de estos eternos músicos, Julio Castejón (Asfalto) y Carlos “Nano” Hervás (Casablanca), quienes no solo han conseguido dar forma a este festival, sino que han convencido al Ayuntamiento de Madrid para que costeara en su totalidad este concierto en el Auditorio Municipal Villa de Vallecas, un recinto muy adecuado que, cosas de la gestión pública, está infrautilizado.

Si queréis conocer más detalles sobre el festival, en la sección de Entrevistas de esta web está publicada una charla que tuvimos con Julio Castejón en la cual muchas de vuestras dudas es posible que queden resueltas.

Para este festival se eligieron 5 grupos, todos ellos sobradamente conocidos: Coz, Casablanca, Sherpa, Asfalto y Obús. El Ayuntamiento de Madrid, ya que costeaba el proyecto, impuso que también tocaran dos grupos locales que habían ganado un concurso de maquetas en Vallecas, lo que apretaba aún más el horario y obligaba a empezar a las 5 de la tarde, ya que el concierto debía terminar a las 12 de la noche, como en el cuento de la Cenicienta. Esta circunstancia dificultaba aún más la labor de la organización, por si fuera poco problemático montar un evento de estas características.

Yo desconocía el Auditorio Villa de Vallecas. Nunca había estado allí y tenía mis dudas sobre la idoneidad de la ubicación. Nada más llegar, me sorprendí gratamente: un escenario muy amplio, techado, a una buena altura para facilitar la visión, y una amplia explanada de cemento para el público, con unas filas de gradas al fondo. Desconozco el aforo del Auditorio, pero debe estar entre 3.000 y 5.000 personas, algo que me hizo temer por el éxito de convocatoria. Aún siendo gratis, hoy en día no es fácil movilizar a tanto público.

BOLETUS

La tarea de abrir un festival siempre es ingrata. Sin embargo, para un grupo novel es una estupenda oportunidad de tocar con un despliegue de medios que no se podrían permitir de otra manera, y ante un público mayor que el suyo habitual. Yo no conocía a Boletus, nunca había oído su nombre hasta que me enteré, unos días antes, de que era uno de los grupos elegidos para abrir el festival por haber ganado el mencionado concurso de maquetas en Vallecas. Sin embargo, en cuanto les vi sobre las tablas reconocí a su bajista, David Mecha, por ser también el bajista de Damablanca. El resto de componentes eran desconocidos para mi.

Ante un público escaso, y con una puntualidad exquisita (algo que se mantuvo en todo el festival), a las 5 de la tarde comenzaron su actuación. Como cabe esperarse de un grupo novel, Boletus denotan una falta de rodaje evidente, lo que hizo que el poco público congregado a esa hora les ignorara en gran medida. Además, el Pop-Rock que practican desentonaba con la línea del resto del festival, lo que tampoco ayudaba a despertar el interés de la mayoría de los asistentes.

Lo mejor del grupo es la buena voz de su cantante, Elena, quien a pesar de los nervios que mostraba, dejó constancia de su buen hacer. El resto del grupo andaba bastante descompensado. La actitud más rockera de David Mecha (que llevaba sólo 3 días en la banda) contrastaba con Juanma, el guitarra, bastante más flojo. Boletus tocaron 6 canciones de factura propia, entre las que destacó “Eterna”, el tema más trabajado de los mostrados en la media hora de que dispusieron.

Quizás un concierto más íntimo en un local más pequeño nos permita apreciar en mayor medida de lo que son capaces.

MOTOCICLÓN

Si Boletus habían carecido de garra y energía, Motociclón hacen de ello sus señas de identidad. De hecho, son sus únicas armas. El grupo gira en torno a su cantante, Robertez, quien se dejó la piel (y la garganta) en la media hora que dispusieron. Es todo un show-man que salta, grita, se revuelca por el suelo y se desgañita en cada tema. Había que verle, colorado como un tomate y con la vena del cuello a punto de estallar. Eso sí, musicalmente, poco que ofrecer. Punk-Rock agresivo con proclamas políticas, retazos de Motorhead, Ramones, los Barricada del inicio y toques de Punk y Hardcore confieren la propuesta de estos chicos.

En medio de su actuación quisieron recordar a un amigo suyo (el “Tuti”), supongo que conocido en el barrio, recientemente fallecido. Sacaron al escenario una pancarta, un invitado-amigo del grupo salió a cantar y le dedicaron completamente la actuación. Consiguieron hacer emotivo el recuerdo al “Tuti” incluso a quien nunca oímos hablar de él en vida.

Tras el aperitivo servido por Boletus y Motociclón, el festival en sí comenzó con la actuación de Coz. En sus filas, el incombustible Juan Márquez, único músico de la noche que había participado también en el “Nos va la marcha” del ’78, aunque no formando parte de Coz, sino de un grupo llamado Mad.

Como estaba previsto, a las 6 en punto Coz tomó el escenario. La formación que presentó en el festival es la habitual en los últimos conciertos de la banda: Al histórico Juan Márquez (bajo y voz) le acompaña el experimentado Enrique Ballesteros a la batería. El dúo de guitarristas formado por Miguel Ángel López “Cachorro” y Antonio G. Tejada “Napi” confieren a la banda el sonido más heavy de su historia, tanto en lo musical como en imagen. Además, para este concierto la formación estuvo enriquecida con la presencia de Irene y Marina, dos preciosas coristas que ponían la guinda al grupo, tanto en lo visual como con sus femeninas voces. Al menos a partir de la mitad de su concierto, que fue cuando las empezamos a oír, ya que hasta entonces su voz no llegaba hasta nosotros.

De hecho, el excelente sonido que disfrutaron Boletus y Motociclón se fue al garete en la actuación de Coz. Quizás fuera la caña de los dos guitarras o que desde la mesa quisieron aumentar la señal con respecto a los grupos noveles, el caso es que el sonido durante el concierto de Coz fue el peor del festival.

Arrancaron con “Te persigue un cow-boy” y “Llévame contigo”, un par de temas de aquel “Legítima defensa” que hicieron moverse al cada vez más concurrido público que se dio cita en el auditorio. Las condiciones vocales de Juan Márquez eran mejores que en otras ocasiones, y su voz era lo único que llegaba nítido y claro a la zona de la grada. El resto sonó algo apelotonado, aunque fue mejorando a medida que transcurría su concierto. “Más sexy” fue aclamada como lo que es, uno de los temas más míticos de la historia del Rock español, y en la que tanto Miguel Ángel López “Cachorro” como Antonio G. Tejada “Napi” asumieron mucho protagonismo. En concreto, “Cachorro” asumía la mayoría de la atención, con sus poses y sus solos.

Siguieron con “Bate de beisbol”, donde por fin el técnico de la mesa encontró el botoncito del volumen de las coristas, y las pudimos escuchar adornando la voz más áspera de Juan Márquez. El resto del sonido también fue mejorando, encontrando la definición que había faltado en los primeros minutos, sin llegar nunca a ser correcto.

El siguiente tema fue el autobiográfico “De mal en peor”, una canción que siempre me gustó especialmente. Como dándole la razón al título del tema, hacia el final se soltó la caja de la batería, teniendo que terminar Enrique Ballesteros llevando el ritmo con un timbal. Y sonó de muerte, deberían pensar en introducir ese arreglo como habitual…

Mientras se arreglaba el estropicio de la batería, Juan Márquez presentó a un artista invitado en su show: Juan Olmos, productor y colaborador habitual de Coz, que cantó junto con Márquez “Adiós delgadita” y “Capitán Araña”, los dos temas que han publicado en su web como adelanto de su próximo disco. Juan Olmos demostró, como siempre, tener una gran voz y unas dotes de front-man innegables, sin parar de moverse por el escenario en todo momento.

Tras despedir a Olmos, el concierto terminó con el homenaje a John Lennon de “Imagínate por qué”, “Abran fuego, hagan juego” (otro tema del “Legítima defensa”) y el final por todos esperados con el himno “Las chicas son guerreras”, mucho más duro que la versión que la mayoría tiene en la memoria, gracias sobre todo a la caña de los dos guitarristas.

A pesar del lastre que supuso el problema con el sonido, Coz dieron un buen concierto. Todos aquellos que les habían perdido la pista en todos estos años se vieron sorprendidos por un grupo mucho más duro y rockero que el que estaba instalado en su memoria.

Carlos “Nano” Hervás, uno de los artífices del festival junto a Julio Castejón, presentaba la nueva formación de Casablanca, al menos para mi y para la mayoría de los asistentes, quienes no habíamos tenido la oportunidad de ver en directo este nuevo line-up, que dicen los guiris. De hecho, desde la última vez que tuve ocasión de disfrutar del directo de Casablanca, sólo se mantienen en el grupo “Nano” Hervás y el batería José M. Fernández. El cantante ahora es Juanjo Temiño, que también apoya en algunos temas a la guitarra. Y hablando de guitarristas, el hueco dejado por el histórico Pachi Escolano (presente entre el público) ahora está ocupado por Nacho Ruíz y Marisa de la Plaza, que confieren un sonido mucho más duro al grupo, además de una imagen más jovial. De hecho, las largas melenas de Nacho Ruiz, su pose a lo Blackmore y su Stratocaster blanca hicieron las delicias de un buen grupo de jovencitas que se apostaron en las primeras filas.

Bastaron las primeras notas de “El Rey del siglo XX” para comprobar que estos Casablanca son los más duros de su carrera. Siguen teniendo ese feeling que siempre les ha acompañado, pero Nacho y Marisa, los dos guitarristas, les confieren un sonido mucho más Hard Rock de lo que nos esperábamos de este grupo. Este tema, que abría aquel “Rock’n’Roll en el bar de Rick” hace más de 20 años, servía para reencontrarnos con este gran grupo que nunca llegó a disfrutar en plenitud de las mieles del éxito masivo.

Este concierto también sirvió para presentar en sociedad algunas de las canciones del próximo disco de Casablanca, que verá la luz cuando se den todas las circunstancias adecuadas, ya que esta edición lleva retrasándose desde hace tiempo, algo que comentó Nano Hervás desde el escenario. En este disco aparecerán temas como “Cabeza y corazón”, que en directo me gustó mucho, y que no se aparta del estilo clásico de Casablanca. Siguieron con más temas nuevos: “Caras de cera”, “Da tú primero” y “U2 y Aleluya”, que demuestran que Casablanca están más vivos que nunca, y que las nuevas incorporaciones le han dado un aire nuevo al grupo.

Y hablando de incorporaciones, el fichaje de Juanjo Temiño se ha desvelado como un acierto total. Su voz se acopla perfectamente al sonido de Casablanca, por su forma de modular y su timbre muy similar al del desaparecido Terry Barrios, lo que permitía trasladarnos al pasado con gran facilidad, y disfrutar de temas como “Vallecas 1996”, el histórico tema que cantaba Terry en Topo, grupo con el que compartía su estancia conjuntamente con Casablanca, como se encargó Nano de recordárnoslo, al tiempo que dedicaba al bonachón Terry todo el concierto. El histórico tema sonó realmente emotivo, y todo el público lo coreó (lo coreamos) con pasión.

Tras un “Lecciones” (otro tema nuevo) que pasó un tanto desapercibido tras la apoteosis de “Vallecas 1996”, nos presentaron una versión del mítico tema “God Gave Rock And Roll To You” que hiciera Russ Ballard para sus Argent, y del cual Kiss hicieron la versión más reconocida, adaptada en esta ocasión al español y renombrada a “Hay Rock & Roll en ti”. Los riesgos de hacer una versión de un tema tan conocido son evidentes: la comparación con el original es inevitable, y si además la adaptación incluye cambio de idioma, normalmente el resultado queda un poco frío, como fue este caso.

Afortunadamente, nos quedaba un final de concierto pletórico por parte de Casablanca, con sus dos temas más representativos: “Me liaste niña” y “Corta la sesión”, dos vacilones temas que hicieron las delicias de todos nosotros, e hicieron que el concierto de Casablanca nos dejara con muy buen sabor de boca. Para este final, Casablanca contaron con la colaboración de dos voces femeninas, Natalia (cantante de Casa de Fieras) y Mar Cabello, que dieron aún más calidad y colorido a estos míticos temas.

Para muchos, Casablanca eran el grupo menos conocido de los 5 que componían el festival. Seguro que a partir de este concierto, aquellos que los han descubierto ahora se interesarán en la carrera de este combo madrileño. Se lo merecen.

Sherpa se presentaba en el festival con la convicción de que la mayoría del público presente eramos “de la vieja guardia”, y preparó un set basado en su mayoría en los grandes clásicos que compuso en su estancia en Barón Rojo. La banda que le acompaña es la habitual: Raúl Garrido y Luis Cruz a las guitarras y Hermes Calabria a la batería, más la presencia del teclista Jordi, que se une a la formación en aquellos bolos en los que le es posible, y que enriquece con sus teclados los temas de forma sobresaliente. Siempre que se le oiga, claro, porque hasta la mitad del concierto estuvieron desaparecidos. De hecho, Sherpa tuvo que luchar contra los elementos durante toda su actuación, ya que excepto que se le cayera el techo encima, le pasó de todo. La batería de Hermes, la guitarra de Raúl, el micro, la guitarra de Luis… en cada tema pasaba algo, y los pipas (o roadies, que queda más fino) se ganaron el sueldo a base de bien.

Como es habitual, Sherpa empezó con “Guerrero en el desierto”, para dar paso seguidamente a un par de clásicos de Barón, “El malo” y “Son como hormigas”, coreados por un público que ya llenaba por completo el aforo. Sherpa se mostraba muy bien de voz, algo que no siempre es así y que le ha valido muchas críticas en otras ocasiones. Pero esta vez, nada que objetarle en este aspecto, modulando con solvencia cada tema.

Otro recuerdo a su primer disco en solitario con “Flor de invernadero” para volver con más clásicos de su etapa en Barón Rojo, como la instrumental “El Barón vuela sobre Inglaterra” y una muy aclamada “Campo de concentración”, donde por fin se empiezan a escuchar los teclados de Jordi, lo que nos permitió disfrutar, ya hasta el final del concierto, de la aportación de este gran músico barcelonés.

Una última referencia a su primer disco en solitario, “Con pies de plomo”, llevada a buen puerto a pesar de un nuevo problema en la guitarra de Luís Cruz, le condujo al final del concierto, marcada por un trío de temas míticos: Un coreado hasta la extenuación por parte del público “Concierto para ellos”, la siempre emocionante “Hijos de Caín” y una canción que Sherpa ha incluido recientemente en su set: “Tierra de nadie”, un tema muy complicado de llevar al directo y que, con la crucial aportación de Jordi y la extraordinaria interpretación de toda la banda, se convirtió en el momento cumbre de todo el concierto.

Hasta aquí llegó su actuación, y en el set se echaban en falta clásicos como “Resistiré” o algún tema de su último disco, el cual no tuvo ninguna representación en el concierto. Después me enteré que tanto “Ajedrez Mortal” como el propio “Resistiré” estaban previstos, pero no pudieron sonar debido a la premura de tiempo. Y es que, como ya he comentado antes, los horarios se cumplieron a rajatabla, algo que es de agradecer.

Antes del concierto estuve hablando con Julio Castejón, quien me expresaba su preocupación porque, fatalidades del destino, tanto él como Raúl Santana se habían presentado esa tarde con una inoportuna gripe que iba a limitar sus capacidades vocales. El peso de la responsabilidad ante el concierto, que iban a afrontar sin estar en plenitud de facultades, le tenía descorazonado. De hecho, luego en el escenario bromeó con que el grupo debería llamarse “La Gripe”.

Al final de su actuación yo sólo pensaba: “¡Pues menos mal que no estaban en plenas facultades!” Porque el concierto fue memorable. En todos los sentidos. Se ha convertido en algo habitual en todos los festivales por los que pasan: Asfalto siempre es el grupo que mejor suena. La cantidad de matices de su música, la menor distorsión que emplean y, por supuesto, la competencia de su técnico de sonido, hacen que la calidad del sonido que sale por los altavoces siempre es sobresaliente. Si a eso le unimos un elenco de músicos extraordinarios y unas canciones míticas, el resultado sólo puede ser el de siempre: Concierto impresionante.

Una intro instrumental en la que introdujeron retazos de, por ejemplo, “Todos los días”, sirvió para que entraran en faena. En seguida, con el público expectante, empezaron con “Espera en el cielo”, esa preciosa canción del nunca suficientemente valorado “El planeta de los locos”. La gripe de Julio parecía darle un respiro, y el público recibía intacto el feeling de su voz. Sin solución de continuidad, empezaron los pesos pesados de su repertorio, con Raúl Santana bordando la interpretación de “La paz es verde”, uno de los temas más emblemáticos de la carrera de Asfalto, cantada por un público que estaba ya entregado desde el principio.

La banda sonaba compacta como una máquina bien engrasada. Dice el rico refranero español que “con buena polla bien se jode”, y es que con estos mimbres es fácil construir un canasto de lujo, como el que estábamos contemplando. Para este concierto el puesto de bajista estaba ocupado por Alejandro “el Pollo”, y el resto de la banda no ha variado desde que pudimos ver en la presentación en sociedad de la nueva etapa de Asfalto, en La Sala Live! allá por el mes de febrero: Raúl Santana (guitarra y voz), Viti Ilarraza (batería y voz) y Carlos Parra (teclados y voz), unos músicos que unen a su excelencia instrumental la posibilidad (¡bien explotada, vive Dios!) de combinar sus voces para dotar a cada tema de una riqueza vocal y musical que hoy en día sólo Asfalto puede ofrecer.

Julio quiso rescatar un tema de su etapa en solitario, y eligió la preciosa “Vidas paralelas”, de aquel maravilloso “El corazón de la manzana”, acogido con expectación, antes de la explosión de júbilo que acompañó a “Más que una atención” desde el inconfundible inicio con el teclado de Carlos Parra. En ese momento, mientras en el público todos cantábamos a voz en grito (y quizás por eso), un gran aguacero empezó a caer sobre todos nosotros. El escenario y las primeras filas estaban guarecidas de la lluvia, pero el resto del auditorio era descubierto, lo que provocó un cierto apelotonamiento hacia delante. Al acabar el tema, Julio bromeó diciendo que “la lluvia es lo que tiene: que moja”. Fueron sólo 5 minutos, pero mucha gente ya quedó mojada hasta el final. Mojada, pero no fría, porque al cañonazo de “Más que una intención” siguió “Desaparecido”, cantado de nuevo por Raúl Santana, a quien no se le vio desfallecer en ningún momento a pesar de su gripe.

Sólo un tema representó a “Utopía”, el disco que ha devuelto a Asfalto a la actualidad. Y es que este festival se prestaba al recuerdo, a la nostalgia, y todos los grupos lo entendieron así. El tema en cuestión fue “Gente como tú”, el más conocido por el público, y que preparó al público para los momentos más emotivos de todo el festival. Sí, porque la interpretación de “Días de Escuela” y “Rocinante”, los dos temas más legendarios de Asfalto, y símbolos de aquella generación, arrancó más de una lágrima en algunos de los asistentes. Doy fe de ello. Más allá de los que habitualmente seguimos a los grupos españoles por los escenarios, en este festival se dieron cita no pocos asistentes que se “desengancharon” de esto hace tiempo, a los que las obligaciones familiares y el peso de los años hicieron alejarse de la música que marcó su juventud. Este festival sirvió para muchos de ellos experimentaran una vuelta atrás de 30 años, y “Días de Escuela” simboliza como ninguna otra canción la lucha juvenil por la libertad que marcó aquellos convulsos años. Y esta explosión de sentimientos, unida al feeling que mostró la banda, hizo que esos minutos de concierto se convirtieran en inolvidables.

Para finalizar el concierto, “Buffalo Vil”, cantado por Raúl, y “No es nuestro momento”, pusieron el colofón a una actuación memorable. Sólo había que escuchar los comentarios de los asistentes aquí y allí. El auditorio, lleno a rebosar, comentaba lo que acababa de ver, y era habitual oír comentarios en la misma línea: “¿Asfalto? Lo mejor del festival”

Salir a tocar después del concierto de Asfalto no debe ser fácil para ningún grupo. La elegancia, el feeling y la calidad instrumental del grupo de Julio Castejón ponían el listón muy alto para Obús, los encargados de cerrar la noche.

Pero Obús es consciente de sus armas, y las explotó al máximo. Fortu y los suyos salieron a comerse el escenario desde el primer tema, “Necesito más”. Una explosión de pirotecnia, la entrada como un ciclón en el escenario de Nacho y la rabia con la que Paco y Fortu, únicos miembros históricos de la banda que permanecen en la formación, nos convencieron que esta iba a ser una de las buenas noches de Obús. Además del telón que cada grupo colocaba tras la batería en su actuación, Obús puso dos pantallas de tela tapando los amplificadores, y fue el único grupo que dispuso de pirotecnia y, en otro momento, cañones de confeti, apoyando su ya de por sí impactante actuación.

“La raya” fue la siguiente en sonar, con toda la energía y contundencia de la que es capaz el grupo. Obús, y sobre todo Fortu, tiene días muy buenos y días muy malos. En este festival pudimos disfrutar de uno de los mejores. El repertorio estuvo lleno de sus canciones más representativas, interpretadas a todo tren. “Autopista” demostró que Fortu anda bien de voz, y que todo el público estaba contagiado de ese poderío, cantando uno tras otro estos temas tan esperados. “Pesadilla nuclear”, “El que más”, “Estúpido acusador”… con Paco pletórico junto a Fortu, quien sacó de su repertorio su imagen más provocativa y transgresora, con una actitud macarra y barriobajera que conecta con su público, demostrando que la rebeldía sigue instalada en este grupo, nacido hace tantos años en el seno de este barrio, Vallecas, que ahora les aclamaba como sus héroes.

Incluso temas tan limitados y simplones como “Te visitará la muerte” o “Yo sólo lo hago en mi moto” quedaron muy bien, por la energía desplegada. Nacho (el bajista que desde hace ya un tiempo sustituyó a Juan Luis), se muestra cada día más entregado, demostrando haber sido todo un acierto en su fichaje por la banda. La última incorporación del grupo, el batería Carlos, se mostró más en segundo plano, aunque su aportación al sonido de la banda no desmerece, aunque todos seguimos echando de menos al gran Fernando.

Fortu estaba desatado. Hacía muecas, saltaba y brincaba por el escenario… incluso sacó al escenario a un fan en silla de ruedas al que permitió cantar algún estribillo. En ocasiones, Fortu se excedió en su actitud, con algunas frases xenófobas antes de “Que te jodan”. Un grupo de sudamericanos cercano a mi posición se miraban con los ojos como platos cuando Fortu soltó aquello de “¡los extranjeros, que se vayan a tomar por culo!”

De ahí hasta el final, ni un respiro. “Dinero, dinero”, la fiesta que siempre supone “Vamos muy bien”, tras la cual el grupo hizo un amago de despedirse, hasta que la guitarra de Paco empezó el inconfundible solo inicial de “Va a estallar el Obús”, alargado en exceso para presentar uno a uno a los componentes de la banda, algo que se hizo bastante pesado. Para finalizar, un fin de fiesta tremendo, con “Esta ronda la paga Obús”, en la que empezaron a invitar a subir al escenario a algunos miembros del backstage, para terminar siendo invadidos con todo el público que quiso subirse a las tablas, a cantar junto al grupo el tema que dio fin a su actuación.

A pesar de mi reticencia a acudir a festivales, reconozco que disfruté mucho de las horas que estuvimos en el auditorio. El grupo que más me gustó fue Asfalto, aunque reconozco que terminé noqueado por la caña que dio Obús, en uno de los mejores días que les recuerdo. La organización fue casi perfecta, con unos horarios cumplidos al milímetro, y unas esperas mínimas entre grupo y grupo. En el debe, demasiados “duendes” se encargaron de dar quebraderos de cabeza a músicos y pipas, por guitarras y micros que se desconectaban, cables que se soltaban o piezas de la batería que se desmontaban. Todo ello era rápidamente solucionado, pero es algo que descentra bastante a músicos y público.

Agradecer también al Ayuntamiento de Madrid que, después de tantos años, haya vuelto a apoyar una iniciativa como esta. Es una lástima que recintos tan apropiados como este Auditorio Villa de Vallecas esté infrautilizado. También, recordar que en un festival de tantas horas, el público tiene ciertas necesidades que cubrir, y no hubiera venido mal la instalación de unas cabinas WC que hubieran librado a los bares de los alrededores (en el mejor de los casos) o a los árboles cercanos (la mayoría de las veces) de ríos de orín que dejaron un hedor desagradable.

En definitiva, el festival “Nos va la marcha 2008” de Madrid fue un éxito absoluto. La estructura está preparada para montar este festival en las localidades que estén interesadas. Sería una lástima que los ayuntamientos de otras ciudades dejaran pasar esta oportunidad. Ojalá no sea así.

Texto y fotos: Shan Tee