Editorial Junio 2005: “The Last Review (I will remember)”

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Bueno, pues aquí estoy porque he venido, porque he venido aquí estoy…

No sabía cómo comenzar este escrito, porque en mí siempre fue habitual contar las cosas tal cual salen, y como en mí, valga la rebuznancia y dicho sea de paso, no suelen salir, pues aquí me hallo contándolas ebrio, que dicho sea de paso también es mi otro estado natural. Sea como fuere (o quisiere) aquí está, tal como va (take it as it comes, como dirían los que ya se fueron).

Hay tantas cosas que decir en este espacio tan corto que me agobia el hecho de tan solo seguir tecleando -otrora escribiendo-, pero como que lo resumiremos en cuatro frases, tampoco es cuestión de agobiar. Y para empezar, cómo no, gracias. A todos y a todas. ¿Por qué? Por estar aquí, of course, leyendo y escribiendo, criticando y apoyando, pero sobre todo por estar al margen de sectas, modas, panfletos y subestilos, por tener el corazón más grande que esta mierda de editorial y los huevos y/u ovarios más anchos que los del caballo del gral. Espartero (a los testículos en particular me refiero). Por estar, simple y llanamente.

Diría que hace años que empezamos en esta misma habitación con todo esto, pero en mi castigado motor parecen siglos, imagino que es porque ha pasado una vida entera y verdadera, todo un episodio vital desde que abrimos puertas, fructífero como pocos y agotador como todos. A lo largo de él, como de costumbre, encuentros y encontronazos ha habido (a hartarse), pero sin duda me quedo con los primeros, amistades que forjadas a jierro no se irán así porque así. Lo sé.

Pero bueno venga, vamos a ir resumiendo, que veo que me voy a empezar a alargar y reseña larga es reseña plasma (moríos, eruditos). Y me voy a ir despidiendo, cómo no, primeramente de los lectores, esos que nos han acompañado (y ahora acompañan a mis compadres, claro) durante todos estos días, meses, años, especialmente a esos incondicionales que empezaron casi a la vez que nosotros y que a día de hoy siguen por aquí, la paciencia es un arte como otro cualquiera –y en el rock dulce castigo-. Si tuviera que elaborar una lista aquí y ahora me sería imposible, por que ni veo ni quiero (tecleo de memoria, cursos ceac –cero al canto-), pero vosotros sabéis quiénes sois como también sabéis que os quiero (mariconadas out, y no me refiero a Robert Halford, que también lo amo pero en otro sentido).

De entremeses, cómo no, a mi dream-team favorito, a esos que han estado batallando contra la mediocridad (Rock Jarl), la publicidad onerosa (Abrasa-Rock), el oligopolio de toda la vida (Heavy Roc-Kerrán) y la frialdad (Martillo Pilón), y sobre todo por haberlo hecho con conocimiento de causa y con toda la gratuidad del mundo (la sinceridad manda, aunque alguno lo pusiera en duda). A Perical, por su pasión desenfrenada, que aunque fuera el último en llegar entró como un toro en la plaza, con toda la ingenuidad y el buen hacer asido/as de la mano, y por supuesto con las dos orejas y el rabo. A Santi, que fue el penúltimo, cabezón como él sólo y que hizo de la Anarkía una democracia parlamentaria, aunque me siga corrigiendo faltas donde no las hay (Bunbury no lleva acento, aunque sea esdrújula –lo sabrá él mejor que nosotros…-). Te quiero tron (pero me debes un libro). A Rubén, por saber más que nadie sobre la faz de la tierra de Rock Duro (de lo demás-quisieras), y sobre todo por ser tan grande como persona, lo cual es bastante más importante –al menos para mí-. Nos vemos en Toledo, tócate el bolo. Ah, sí, a Fernando, Starbreaker, Tetrando-Quejando alias Palomeque, mi ídolo. Vive y deja vivir, y sobre todo disfruta la música como él solito. Por entenderme, por entendernos (y dale con el mal sentido), por ser tan auténtico y tan falso a la vez y por apreciar el Gañán y las juergas a medias conmigo. Te amo tío (ahora empezaré a llorar, seré maricón…). Y bueno, que llego…

Sí a ti, Aguskilo (Aguuu!), por todo y por nada (o sea, que no hace falta decirlo), por ser simplemente amigo. Hay que abrirlo. Al Peto, que renunció antes que yo, porque ahora sí te entiendo (en el buen sentido), y una reseña sin final no es una crítica (es un ladrillo). Eres Dios –sin apellido-. A Javi, porque sin él y sin el otro me quedé manco en el camino, The Sentinel se hizo grande y ya rueda a su libre albedrío –ahí va solo, que ya es mayorcito-. Esperemos que a Pablo le pique algún día y recoja el testigo. At last (but not at least), a Antonio, por dejar la vida un puto día de agosto que no olvidaré en la misma. Nos vemos en el puto infierno, maricón. Os quiero a todos, tíos (¿me repito? Ahí va un eructo, coño).

Y de postre flan de huevo. ¿Que por qué adiós? Porque sí, y punto, pero si hace falta coma decir que uno empezó esto por el amor a la música, y si lo deja es por no prostituirlo. La vida no es una eterna crítica, y hasta en los defectos hay virtudes, así que mejor dejar las cosas como están y ver en la escucha un fin último en sí mismo, no en la reseña del concierto que acabas de ver o en la crítica de un disco que te vas a meter con forceps, enhorabuena a las mujeres (Elena, Carol… por vuestros zagales y sus bríos).

Y ya voy acabando, que llevo (borracho, you know) escribiendo un buen ratillo, y las luces del domingo mañanero ya me dicen que es de día. Sólo una cosa, a los lectores: seguid por aquí, hacedme caso, jamás se hizo nada en el periodismo Jebi (de barrio) nacional con tanto desinterés, amor y esmero, creo que son suficientes razones para ticar por aquí de vez en cuando (publicidad y peloteo a un lateral, en la puerta izquierda). Aún queda un sitio. Písale…

… y aquí estoy porque he venido, porque he venido aquí estoy, si no les gusta mi canto… como he venido me voy.

Un placer.

Bubba

P.D.: Domingo, 15 de mayo de 2005 a las 8:20. Basta ya de juerga, cojones 😉