Editorial Abril 2005: “El furbor es asín (dedicated to…)”

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Es cierto que de donde no hay no se puede sacar, pero la realidad demuestra que donde hay mucho sale también mucho, pero gran parte de ello es morralla. Algo así es lo que viene ocurriendo con la implantación de las nuevas tecnologías y el aumento del poder adquisitivo, el bienestar y, por consiguiente, el tiempo de ocio, y me estoy refiriendo al mundo de la música en particular.

Hace años eran solo los elegidos quienes podían acceder a instrumentos y a tiempo para utilizarlos, muy condicionado por la capacidad de compra, aunque no era el único factor. Alquilar un estudio de grabación costaba un riñón y al final había que tirar de cuatro pistas analógicas para grabar las maquetas. Los costes de grabación, duplicación y distribución (pasaré por alto la promoción…) hacían que los grupos se empeñaran hasta las cejas y no había más remedio que tocar donde fuera y por el precio que fuera para amortizar la inversión. No salían tantos grupos, y no siempre se garantizaba calidad, pero la ley del embudo hacía que los que conseguían llegar a la zona alta cubrieran el mínimo exigible, aunque hubiera deshonrosas excepciones. Eran tiempos de curro en el local, en muchos casos sin fruto.

En la actualidad, que cualquiera graba es un hecho objetivo. Los instrumentos están prácticamente al alcance de cualquiera, los estudios de grabación han pasado a la historia y desde casa se pueden hacer grabaciones que dejan a la altura del betún a las realizadas hace 20 años en estudios profesionales. Pero esto entraña sus riesgos, y es que hay quien se aprende tres acordes y hace canciones como quien asa castañas, luego las graba en casa (o tiene ‘posibles’ y se va a un estudio), las presenta en un envoltorio también casero y a tirar millas. Es frecuente, lógico y legítimo. Nada que objetar. El problema viene cuando se reparten copias para que alguien opine, se mete en el reproductor, empieza a sonar y te das cuenta de que la principal preocupación es el exterior (buen sonido, buena presentación, etc.) pero en la mayoría de los casos, la imaginación a la hora de componer o de perfilar el estilo tiene muchas menos horas de trabajo que las dedicadas al Cubase o al ProTools… y claro, así nos va.

Pues con todo lo dicho, éste no es el principal problema. Hay otros casos en los que las compañías se fijan en cuestiones más superficiales aún. Pillan por el pescuezo a tres cantamañanas de buen ver, a ser posible que alguno de ellos sea un juntaletras espabilaete (por aquello de ‘actualizar mensajes’) y que estén empapados de las nuevas tendencias para criaturas con acné. Luego, con la cara lavá y recien peiná se promocionan en emisoras de elevada audiencia durante un tiempo no demasiado largo para no cansar, se recupera N veces lo invertido, se les ofrece una salida ‘digna’ y a por otro. The great rock’n’roll swindle está servida, que dirían Rotten y cia. (Rosendo cantaría aquello de “se lava en agua caliente, no se le deja secar y se le ofrece al cliente…”). Unos engañan, otros se dejan engañar y otros se aprovechan de unos y otros. El fútbol es así y quien diga lo que piensa puede pasar perfectamente por ‘prepotente’ para todos esos. Ya se sabe, cuando la pelotita no quiere entrar… (son once contra once).

Tanto en los casos de modesta autoproducción como en los de amplio respaldo, lo que cuenta es lo de dentro. El nivel de las grabaciones y las presentaciones sigue subiendo gracias a las nuevas tecnologías, pero la parte humana del asunto, la imaginación, la inspiración y, sobre todo, el trabajo, siguen estando en segundo plano. Es mucho más fácil copiar a Iron Maiden o a Extremoduro que echarle horas al asunto en el local hasta que salga lo que se lleva dentro.

No es más amigo el que te dice a todo que sí, ni más ‘legal’ quien pone el cazo y dice lo que se quiere escuchar. Un buen amigo te echa un cable o una bronca cuando te los tiene que echar y la realidad se construye a base de sinceridad. Jóvenes valores y pringaos en oferta, bienvenidos también al mundo real. Esto es lo que hay.

Alvar de Flack