Muchos recordaréis la fiesta del VII aniversario de The Sentinel. En aquella ocasión, 3 grupos participaron en aquel evento que con tanta ilusión preparamos y que tan buen recuerdo nos dejó a todos. Y aquel día fue también el comienzo de una buena amistad, surgida entre los miembros de Patente de Corso y Cover Band. Esa amistad, mantenida desde entonces, y el buen sabor de boca que les causó compartir escenario en aquella ocasión, les ha llevado a mantener el contacto en estos meses, y a organizar de nuevo un concierto en la misma sala, meses después.
En un principio este concierto iba a celebrarse en el mes de enero, pero un cambio en los responsables de la sala generó un caos de fechas en las que varios grupos se quedaron sin el día que habían reservado con meses de antelación. Esta situación no sólo afectó a este concierto, sino al de Kiss Killer, entre otros, y que desembocó en el cese de la nueva responsable de la sala. El caso es que finalmente, la fecha se retrasó hasta el pasado viernes 13 de marzo.
En los tiempos que corren, cualquier concierto es una aventura en la cual sólo el hecho de cubrir el coste del alquiler de la sala ya es un objetivo a cumplir. Al fin y al cabo, ninguna de las dos bandas participantes tiene disco en la calle, y la promoción se limitó al boca a boca y a los medios digitales que, de forma altruista, quisimos informar del concierto a nuestros lectores. Por todo ello, el éxito de convocatoria que se consiguió llenó de orgullo tanto a los propios grupos como a los que en mayor o menor medida echamos una mano en la organización del evento. En total, 150 personas pasaron por taquilla, a los que hay que sumar los invitados (mujeres y novias de los músicos, básicamente), completando un aforo que hacía mucho tiempo que no se veía en Silikona, y superando el conseguido en nuestra fiesta de Aniversario.

Las cosas pintaban mal para Cover Band desde un par de días antes. Su bajista, Rubén “Alvar de Flack” Martín arrastraba una faringitis que le tenía hecho un cascajo, con la garganta en carne viva y bastante fiebre. Su situación la tarde del concierto no había mejorado, y los casi 40º de fiebre y el malestar general le hacían llegar a la sala casi arrastrándose. La responsabilidad ante el concierto, más aún siendo en Madrid ante tanta gente, le hizo sobrellevar la situación con mucha dignidad, como después tuvimos ocasión de comprobar.
Cover Band tenía previsto comenzar su actuación a las 21:15, dando 15 minutos de cortesía a aquellos que aún no habían llegado a la sala. Pero, llegada la hora, Antonio Flores (cantante) no aparecía por ninguna parte. El grupo al completo estaba en la sala desde las 6 de la tarde, y habían efectuado la prueba de sonido, pero después Antonio estuvo en paradero desconocido. Algunos nervios, llamadas compulsivas al móvil… y un rato después, Antonio llegó, y el grupo por fin se subió al escenario a las 21:30.
Aún así, la sala aún no había completado su aforo, ya que aún había gente por llegar. La media entrada escasa que había en la sala en el momento del inicio, más los temas elegidos para abrir el set de Cover Band, desconocidos para la mayoría de los asistentes, hicieron que estos primeros minutos fueran algo fríos. El concierto comenzó con “Highway Of Love” de Ten Years After, y aunque “Don’t Break My Heart Again” (Whitesnake) hizo animarse a la gente, el tercer tema, “Eyes Wide Open” (Whisbone Ash) volvió a dejar a la mayoría con cara de haba.
A partir de este momento, el grupo no hizo más concesiones a canciones poco conocidas, y hasta el final estuvo tocando hits del Hard Rock más clásico. El público ya completaba el aforo de la sala y la banda ya se había soltado tras unos primeros momentos algo irregulares. Los teclados de Ricardo Olivares atronaron en “Perfect Strangers” (Deep Purple), y la banda ya sonaba compacta, sensación apoyada por el buen sonido que llegaba hasta el público. Luego nos enteraríamos que los músicos no se oían tan bien, pero eso es otro cantar…
Uno de los mejores momentos de su concierto, o al menos de los más aclamados, fue con un dúo de temas muy alejados entre sí, pero que la banda los enlaza con gran resultado: el blues sentimental de “Lovin’ Touchin’, Squeezin’” (Journey) y el Rock & Roll vacilón de “Rock & Roll Over The World” (Status Quo), bailado y cantado por el público.
Otro momento mágico tuvo lugar a continuación, con la instrumental “Into The Arena” (MSG). Cover Band siempre ha bordado esta versión, y esta vez no fue menos, con gran aportación de Rubén Martín, olvidando la fiebre que le traía por la calle de la amargura.
De ahí al final, otro puñado de temas clásicos que disfrutamos en manos de Cover Band, y que además sirvió para que corrieran los elogios en la sala a favor de Gustavo Martín, que demostró ser un grandísimo guitarrista, sorprendiendo a aquellos que no le conocían. Gustavo bordó la interpretación de un par de temas de UFO, “Love To Love” y la cañera “Only You Can Rock Me”, separadas por un “Hooks In You” (Marillion), con una gran aportación de Antonio Flores, bien a la voz en todo el concierto.
Un amago de irse, y vuelta para una despedida a lo grande, con “The Boys Are Back In Town” (Thin Lizzy), muy coreada por todo el público, y punto y final con “Highway Star”, cuyo mítico solo de guitarra fue duplicado con mucha solvencia por Gustavo.
A pesar de que los músicos afirmaban que no había sido su mejor concierto, doy fe que desde el público disfrutamos con su actuación. Un grupo de versiones sólo debe tener como objetivo divertir al personal, y a fe que lo consiguieron.

En nuestra fiesta de aniversario del año pasado, invitamos a Patente de Corso casi a ciegas, por la amistad que nos unía con algún miembro del grupo. Aquel día cumplieron sobradamente nuestras expectativas, y ahora les esperábamos con más interés aún. El grupo lo forman unos músicos excelentes, muy preocupados tanto por demostrar su potencial personal como por hacer de este grupo algo grande, algo que espero consigan pronto. Méritos no les faltan.
La mayoría de sus temas son propios, y no están editados de ninguna forma, por lo que eran desconocidos para la mayoría de los asistentes, excepto sus fans más incondicionales (sobre todo su pipa de confianza, Santi, que se dejó la piel en la primera fila).
Comenzaron con “Empezar de cero”, y desde el principio aquello sonaba como un tiro. Únicamente la voz de Juamma se escuchaba con problemas, aunque fue algo transitorio que el técnico de sonido se encargó de solventar rápidamente. Con “Aún estando muerto” la banda ya había cogido la velocidad de crucero. Paco Benítez y Carlos Gago alternaban guitarras rítmicas y solos, demostrando cada uno con su estilo que son excelentes guitarristas, a los que se une la gran labor de Fran Montero, excelente bajista que da, además, un punto jovial y alegre a la banda, sin parar de bailar por el escenario. Y tras todos ellos, la Máquina. Menudo batería tiene la banda en la persona de Javi “Cozy”, que hace honor a su apodo con una técnica y una pegada extraordinaria.
Los temas iban cayendo: “El guerrero de la paz”, “Quiero alejarme” o “La llama de tu amor” nos mostraban a un grupo maduro, preparado para dar el salto que les lleve a ser uno de los grupos nacionales a tener en cuenta. Caña, energía, buen gusto y preocupación por no hacer los temas iguales, con arreglos imaginativos y originales. Qué ganas tenemos de que el disco que tienen a medio grabar vea la luz.
Uno de sus mejores momentos lo tuvieron en la versión del “Superstition” de Stevie Wonder, una versión sorprendente en un grupo de Hard Rock, pero que queda de lujo en manos de Patente de Corso, quienes convierten este clásico de la Motown en un cañonazo de Rock, que fue coreado y bailado por los asistentes, contentos de disfrutar con un tema conocido dentro del set de la banda.
Unas palabras de agradecimiento de Juanma, quien quiso dedicar el concierto, entre otras personas, a su madre, fallecida 3 días después de su concierto en nuestra fiesta de Aniversario, en aquella misma sala, y vuelta al tajo con “Cansado de ti” y “La taberna del turco”, antes de atacar con su tema más emblemático, “Corsario”, en el que el grupo demostró su poderío.
El concierto acabó con “Donde quiera que estés”, pero para los previsibles bises nos tenían preparada una sorpresa, en forma de Jam Session, para lo cual invitaron al escenario a Gustavo Martín y Antonio Flores, de Cover Band, para hacer un par de temas improvisados. El primero fue “Black Night” (Deep Purple), cantada por Antonio Flores. Doy fe que no hubo ningún ensayo preparativo, lo que convirtió en este final de fiesta en una jam algo caótica, pero cuyo buen rollo desprendido desde el escenario superó la falta de coordinación en los temas. Gustavo enchufó su guitarra en el monitor de Paco Benítez, lo que hizo que Paco no se oyera y tocara de memoria. La parte central, a 3 guitarras, quedó muy bien, aunque cada cual entraba cuando creía conveniente. En fin, muchas risas entre los músicos y entre los asistentes. El último tema fue “Tush” (ZZ Top), cantada esta vez por Juanma, también con la aportación de Gustavo en un final de fiesta que nos dejó a todos más que satisfechos.
Por las opiniones que pude recabar tras el concierto, todo el mundo quedó muy satisfecho, tanto los que formamos parte del público como los propios músicos. Y como mi opinión está plasmada como espectador, queremos ofreceros también el punto de vista de los músicos que participaron en el concierto.
Texto y fotos: Shan Tee



COVER BAND opina:
No sé yo si este invento de auto-reseñarse va a ser positivo o contraproducente. Soy el tío más crítico conmigo mismo, así es que voy a cortarme lo que pueda para no dar sensación de autoflagelación ni tampoco de autocomplacencia o justificación. Vamos, que esto es complicao…
No era el día más adecuado para tocar, al menos por lo que a mí respecta. Tenía un cuerpo serrano que me pedía a gritos meterme en la cama y sudarla bien sudada, pero a veces las inoportunidades se convierten en ocasiones de esas que la pintan calva así es que me mentalicé de que estaba en perfectas condiciones y tiré palante.
Llegué un poco tarde y ya estaba todo montado, y este es el momento justo de agradecer una vez más a los compañeros de Patente de Corso que pusieran la mayor parte del backline, (¡¡¡gracias!!!, os debemos otra) lo que le dio al asunto un punto extra de agilidad.
Tras la prueba de sonido de Patente de Corso, nos subimos a ecualizar y a familiarizarnos con el equipo y las dimensiones del escenario. Destrozamos un par de temas, súbeme esto / bájame lo otro / no me oigo / sácame por este monitor… y en un ratejo empezamos, pero mientras tanto estuvimos charlando con los amigos que habían ido a vernos y con músicos de reconocido prestigio que andaban por allí.
A eso de las 21:25 de la noche, más o menos, empezamos a hacer ruido con “Highway Of Love”, un tema de Ten Years After al que hemos añadido una intro y otra parte final, pero que no es de lo más conocido de su discografía. Es un tema perfecto para ir calentando, aunque se resienta un poco la respuesta del público. Aún así fue muy buena. Con los temas más conocidos el ambiente se fue caldeando y eso se notó sobre el escenario. Las caras del personal, los movimientos y los aplausos no dejaban lugar a dudas, lo que supuso una retro-alimentación necesaria para superar los inconvenientes del directo. Detalles que desde medio metro de altura por encima de las cabezas del respetable se convierten en necesarios para eso que llaman “comunión” entre público y grupo y que es lo que determina si un concierto va a ser bueno, regular o de ahí para abajo.
A pesar de que estaban echando el partido en las pantallas de la sala, justo enfrente del escenario (en otras nos veíamos a nosotros mismos), y que de vez en cuando seguía las evoluciones de los equipos (ni idea de quienes eran, por cierto), intentaba mantener la concentración, pero en esas condiciones, sudando ya la gota gorda por los focos y la fiebre, era realmente difícil. A eso hay que añadir que tenía que hacer coros y que mi micro estaba anormalmente bajo de volumen, pero el público estaba por la labor de echarnos un cable, y así ocurrió.
El sonido de monitores no terminaba de estar en su sitio. En esos momentos se agradece que el escenario sea pequeño porque así te puedes escuchar directamente por el amplificador pero, por ejemplo, a las teclas apenas las escuchaba y de vez en cuando tenía que asomar la cabeza fuera del escenario para oirlas por el sonido del P.A. y saber por dónde andábamos. Antonio cantaba junto a mi oreja derecha, así es que lo tenía controlado, pero la guitarra la escuchaba allí, en lontananza…
Es igual, la cosa iba bien. Llegó el turno de “Lovin’ Touchin’ Squeezin’” de Journey, y en décimas de segundo decidí el ritmo (empezaba yo a marcarlo), así es que creí conveniente acelerarla una pizca, que tampoco queda mal. Luego empalmamos con “Rockin’ All Over The World” de Status Quo (en realidad es de John Fogerty, pero se la conoce más por la versión de los reyes del rasca-rasca), con una respuesta que no me esperaba de buena. Cuando decidimos meterla en el set-list pensé que iba a ser una canción demasiado “obvia”, pero la verdad es que cayó muy bien, ya digo.
En los bises hubo algún pequeño desajuste en la afinación del bajo que tuve que corregir hasta en tres ocasiones, debido a la humedad y lo sensible de la madera de mi instrumento, y que hizo que desluciera un poco. Por cierto, aquí tengo que decir que Antonio se encargó de presentar al resto del grupo y yo tenía que presentarle a él, pero se me pasó, cosas del directo y de la falta de concentración. Terminamos la actuación empalmando la anterior con el clásico de Deep Purple “Highway Star” y con el público, al menos las primeras filas, pasándoselo bien de verdad, pero justo al final se me volvieron a destensar un par de cuerdas. Ya daba igual, estaba todo hecho.
Recogimos los trastos y, empapados, bajamos del escenario y hablamos un poco con la gente. En general se veían caras de satisfacción y eso es lo más importante. Conseguimos que durante poco más de una hora, las personas que nos estuvieron viendo y escuchando pasaran un rato agradable y, sinceramente, eso puede con cualquier adversidad, del tipo que sea. No fue nuestra mejor actuación, tampoco la peor, pero quedamos satisfechos por haber cumplido el objetivo de entretener, y ¡¡con la sala llena!!, cosa realmente complicada hoy en día.
Yo me fui inmediatamente, no pude quedarme a ver a Patente de Corso. Todavía me quedaban 120 kms por delante que fueron cayendo mientras recordaba cada momento de la actuación, fallo aquí, improvisación allá, descuadre por este lado… pero con balance más que positivo. Me metí en la cama a la misma hora que estaba acabando todo, más o menos, así es que todo coordinado, como debe ser y, por supuesto, gracias a todos/as los que estuvisteis por allí y los que animasteis desde la distancia.
Texto: Alvar de Flack
Fotos: Shan Tee
PATENTE DE CORSO opina:
Bueno…, pues por mi parte, y creo que mis compañeros de “Patente de Corso” compartirán mi opinión, fue una experiencia muy positiva. No vamos a entrar en temas internos de grupo, ya que si me sincero demasiado, y digo que fallamos aquí o allí, que improvisamos esto o lo otro, o que nos inventamos una parte de un tema porque nos estábamos viendo en las pantallas y se nos fue la pinza, corro el riesgo de que en la próxima ocasión estéis todos muy atentos a esos determinados puntos, por si volvemos a “cagarla” (es un suponer…)
Cuando llegué a la prueba de sonido, me encontré con que la batería estaba casi montada y cada uno buscaba su hueco. Yo estuve compartiendo lado con el equipo de Gustavo, ya que nuestros Marshall son modelos de 1 ó 2 luces en el frontal a lo sumo; y dejamos el lado opuesto del escenario al otro equipo de guitarra y el del bajo, que si los miras de frente, y guiñas un poco los ojos (como cuando se veía el plus codificado), puede parecer que estás viendo un par de edificios de la zona business de Tokio. Cada uno llevará 200 ó 300 leds indicadores (así, a ojo… sin exagerar), así que Gustavo y yo decidimos quedarnos en la zona “oscura”.
Los dos técnicos de la sala comenzaban a microfonear los equipos. El rider técnico solicitado por nosotros no se parecía en nada al que al final nos propusieron pero cumplía perfectamente con las condiciones acústicas del recinto.
Para los músicos es muy importante sentirse cómodos en el escenario, pero también fuera de él. En la fiesta aniversario de The Sentinel nos dejaron un almacén a modo de camerino que hay cerca del futbolín, de unos 6 metros cuadrados. En esa ocasión sólo había una silla, con lo que en el momento de máximo aforo nos reunimos dentro los cinco del grupo más Santi, nuestro querido pipa… es decir, uno sentado con las bolsas del compañero encima, y el resto haciendo equilibrios a una pierna para poder calzarnos el pantalón (con sus botes correspondientes, que ayudan mucho a no caerse). Un espectáculo soberbio. En esta ocasión, al menos no hubo problemas de desconfianza; es decir, era imposible que cuando te estás agachando a coger las zapatillas alguien te echara mano a la rabadilla para la bromita de turno, ya que nos tuvimos que cambiar de uno en uno.
Nos dejaron un cuartito que había en el lateral de escenario, al lado de la entrada a la barra. Sus dimensiones eran 1 metro y medio de ancho por 3 de largo, decorado con una pequeña mesa lateral, donde pude comprobar que cenaban por turnos las dos chicas de la barra. Enfrente a esta mesita, un pequeño lavabo con un espejo, que no se podía usar porque tenías que quitar a la chica que estaba cenando para pasar. Y al fondo un tabicado de cajas de bebidas donde pudimos apoyar un par de estuches de guitarra y dejar las bolsas con la ropa. Por allí no vi ningún maletín con medicinas, termómetros o máscaras de oxígeno, con lo que imaginé que a Rubén y compañía les iban a ubicar en otro camerino diferente. Por cierto, con fiebre y todo hizo la prueba de sonido perfecta (Shan Tee lo puede corroborar).
Media hora antes de abrir puertas mis compañeros se marcharon a picar algo. Yo preferí quedarme ya que me apetecía estar allí para recibir a la gente según fuese llegando (pasé un hambre… joder…), y por supuesto, poder disfrutar del show de los “Cover Band” desde su principio.
Lo que vi allí fue grande. Disfruté como hacía tiempo, viendo a mis compañeros de Cover dándolo todo, tomándome mis cervecitas con mi mujer, mi hijo Sergio y mis amigos (gracias otra vez). Compartí un buen rato con Antonio Sánchez (ex-batería de Los Trípodes… éste sí que es lo mejor de lo mejor) y mientras, transcurrían por nuestros oídos, “Perfect Strangers”, “Into The Arena”, “Highway Star”… trasladándonos a esos buenos tiempos en los que cada vez que nos reuníamos en un local de ensayo calentábamos motores con nuestros clásicos de siempre.
Nada más que acabaron estos maestros del Rock, nos juntamos (seguía con hambre…) en nuestro “camerino” para salir juntos al escenario y hacer los comentarios de última hora (“esto… ¿cómo empezábamos… éste tema es en Si bemol?…” vamos lo normal) pero eso sí, nos reunimos en formación militar, en fila de a uno, y no nos dimos el abrazo que siempre nos damos antes de empezar porque aunque lo intentamos no había manera. No cabíamos.
Desde el control nos pusieron la sintonía de comienzo y dimos las primeras notas con “Empezar de cero”, si no recuerdo mal (me corrijan ustedes..)
El resto ya lo conocéis y vosotros sois los que debéis juzgarnos. Destacaré que dentro del escenario el sonido de mezcla era horroroso. Nos aconsejaron que los amplis no estuvieran muy altos, con lo que no sólo corrimos el riesgo de que el equipo no rindiese (los amplis de válvulas, para los que no lo sepan, cumplen mejor su función a mayor volumen), si no que no podíamos refugiarnos en ellos dando un paso hacia atrás cuando por los monitores no se escuchaba lo suficientemente claro. Al movernos por el escenario perdíamos la señal considerablemente, y eso nos obligaba a estar un poco más en nuestro sitio.
Debo decir también que cantáis muy bien, y lo demostrasteis en la particular versión que hacemos de “Superstitious”. Estuvisteis en todo momento muy participativos y muy agradecidos por lo que queremos haceros llegar nuestro más sincero “Gracias por todo”. Vosotros, el público, sois los que realmente hacéis grande el Rock.
Para finalizar, no creo que la Silikona viese semejante cantidad de gente llenando su sala desde hace bastante tiempo. Una noche para recordar.
¡Ah!, y al llegar a casa no cené, porque me tenía que levantar a las 7 y sabía que me alimentaría más un sueñecito que un bocata de panceta con pimientos… (así es la vida del músico)
Nos vemos en otra, ¿no?
¡Un abrazo a todos!
Texto: Paco Benítez
Fotos: Shan Tee
