El hecho de que un medio de comunicación dedicado al Rock cumpla 22 años de existencia es algo digno de elogio. Si, además, ese medio es amateur, cuyo único fin es satisfacer la demanda de sus seguidores por el amor a la música y el placer de ser útil a sus oyentes, la satisfacción es doble. Este es el caso de “La Cabaña del Tío Rock”, un espacio radiofónico que lleva en antena la friolera de 22 años, siempre de la mano de su conductor, José Mora, quien ha llevado a cabo la difícil tarea de sobrevivir en este medio, poco agradecido en muchas ocasiones, durante más de dos décadas.
Para celebrar esta efemérides, se organizó este concierto triple en la madrileña sala Ritmo & Compás. La cercanía de la fecha con el inesperado fallecimiento de Javier Gálvez, añadió al evento el sentimiento de homenaje del público madrileño a la memoria del histórico manager, algo que tanto José Mora en sus largas presentaciones, como los grupos en sus conciertos, nos recordaron constantemente.
Llegué pronto a la sala, donde tuve la oportunidad de saludar a compañeros de otros medios (José-NuestroRock80, Raúl “Akira”, Jevimético…), músicos de otros grupos que se habían acercado como público y a otros amigos y conocidos de los que nos vemos de sarao en sarao. Después de haber estado 2 días antes en el multitudinario concierto de AC/DC en Madrid, volvía a tener el sentimiento “familiar” que suelen tener los conciertos de grupos españoles. Ambas opciones tienen su encanto, y en sólo 2 días iba a tener la oportunidad de disfrutar de ambas dos caras de la moneda.

Los valencianos Piel de Serpiente fueron los encargados de abrir la velada. Yo tenía bastante interés en verles, después de las buenas críticas que recibió su último disco “El veneno se extiende” en los medios, incluido el nuestro.
Tras una larga bienvenida y presentación del evento a cargo de José Mora, el grupo tomó posiciones en el escenario mientras sonaba una Intro grabada. Era la primera vez que tenía la oportunidad de ver al grupo, y me sorprendió el heterogéneo look de sus miembros, sobre todo el musculado cuerpo de Javi Pimentel (guitarra), recordando a Manowar o la aparente fragilidad de la batería Emma López. El resto del grupo lo componen el fundador Fernando Rudilla “Fher” (guitarra), Lutfi Salah Al-Kharbutli (voz) y Francesc Vera “Romariet” (bajo).
Empezaron el set con “Viuda Negra”, enlazada con “Jardín de Espinas”, ambas de su segundo y último disco “El veneno se extiende”. Al grupo se le veía con muchas ganas de agradar, aunque algo agarrotados, quizás por la responsabilidad de tocar en Madrid ante una sala que se iba llenando por momentos.
Siguieron el concierto con la primera versión de la noche, el tema que utilizaron para llamar al grupo, “Piel de serpiente” de los añorados Sangre Azul, que sonó mucho más cañera en manos de los valencianos, para volver a su último disco con “Vuelve a mi”, un gran tema que sonó melódico y con fuerza. En este punto yo ya pude hacerme una idea bastante aproximada de la calidad del grupo, al que creo que aún le falta dar un salto cualitativo y pulir su directo.
En “Marioneta”, Lutfi Salah Al-Kharbutli demostró tener gran potencia de voz, aunque con ciertos problemas para entonar. Con esta “materia prima”, si trabaja y estudia cómo modular su voz, se puede convertir en un gran cantante, algo en lo que aún está a medio camino. El grupo aprovechó este tema para buscar la complicidad con el público que seguía entrando en la sala, conformando ya una entrada más que aceptable.
Siguieron desgranando su último disco, y “Lágrimas sobre el cristal” sonó muy bien, con ese punto melódico que el grupo le da a sus temas sin perder su dureza, y con el que definitivamente descubrí a Emma López como el elemento más valioso del grupo. Es inhabitual encontrarnos con una chica a los tambores, un instrumento que requiere más poderío físico que los demás. Quizás por ello, Emma no tiene una gran pegada, pero su depurada técnica le hace ser el músico más sobresaliente del grupo, como se demostraría también en el siguiente tema, “El Beso del Sol”, que abría su disco debut “Encenderé tu fuego” y en el que Emma dio una verdadera exhibición a la batería.
“Antinuclear” fue la segunda versión de la noche. Este tema, de los más cañeros de la discografía
de Miguel Ríos, sonó aún más duro en manos de Piel de Serpiente, pero no me gustó demasiado. La labor de los dos guitarristas Fernando Rudilla “Fher” y Javi Pimentel no es mala, con algunos momentos destacables, pero estoy convencido de que pueden dar mucho más de sí. Mención aparte merece el bajista Francesc Vera “Romariet”, muy metido en su papel y viviendo el show al 100%. Instrumentalmente no destaca mucho, pero se nota que el Rock le circula por las venas, con poses y movimientos muy heavies, contagiando con su entusiasmo al público.
Siguieron repasando su último disco con “Muérdeme” y su tema estrella, “Leyendas del Rock”, cuya letra es un homenaje a los grandes grupos de los ’80. Piel de Serpiente se lo dedicó a la memoria de Javier Gálvez, homenajeado toda la noche, algo que agradeció todo el público presente.
Para despedirse, nos presentaron una canción nueva que irá en su futuro tercer disco. El tema en cuestión se llamó “La marca del Diablo”, y con ella se despidieron agradeciendo al público el apoyo que les habían prestado.
En mi opinión, Piel de Serpiente es un grupo con mucho potencial pero que aún está un poco verde. Están en el buen camino, y si siguen trabajando darán mucho que hablar en el futuro.

Nacidos de la mano de Manuel Manrique (ex Sobredosis), Mr. Rock se fundó como grupo de versiones adaptadas al castellano. Ahora, la banda ha dado un paso adelante, comenzando a facturar canciones propias, algo que se echaba en falta, dada la calidad que atesoran los miembros que componen el grupo, que además de Manrique está compuesto por Julio Dávila (voz), compañero de Manuel Manrique desde el grupo que formó tras la ruptura de Sobredosis, y que casualmente se llamó Atlas. La otra guitarra del grupo corre a cargo de Nacho Ruiz, gran guitarrista que comparte su tiempo con su otra banda, Casablanca. La base rítmica está compuesta por Víctor Castellanos (batería) y la última incorporación de la banda, el bajista Santi Hernández, a quien ya conocíamos por su paso por grupos como Dr. Jekyll y Posesión.
A estas alturas de la noche, la sala ya se había llenado hasta los topes, algo que me sorprendió muy gratamente. Sinceramente, no me esperaba tanta afluencia de público, y volví a sentir, en un concierto de grupos españoles, el extraño y casi masoquista placer de no poderte mover libremente por la sala.
Tras la presentación de rigor a cargo de José Mora, con el recuerdo de nuevo a Javier Gálvez, Mr. Rock salió a escena comenzando el set con “Yo soy el Rock & Roll”, al que siguió “Preparado”. Los dos primeros temas bastaron para mostrarnos de lo que son capaces. Mr. Rock es un grupo ya hecho, con un alto nivel en todos sus miembros, y una contundencia y cohesión que pedía a gritos dejar de ser una banda de versiones. La pareja de guitarristas se combina a la perfección, con el estilo clásico de Manuel Manrique que combina con el más técnico de Nacho Ruiz. Víctor Castellanos le daba de lo lindo a los parches, perfectamente compenetrado con Santi Hernández, quien se mostraba totalmente integrado en el grupo. Y al frente de todos, Julio Dávila, a quien vimos hace poco en el mismo escenario al frente de Dr. Snake, manteniendo con Mr. Rock las mismas poses y movimientos a lo David Coverdale.
No tardaron mucho en recuperar la historia de Manu Manrique, porque el tercer tema fue “Sangre joven”, perteneciente al segundo y último disco de los añorados Sobredosis. A pesar de que la canción en sí nunca me gustó, debo reconocer que funcionó perfectamente entre el público que asistíamos al show, quizás por el estribillo facilón que repetimos junto al grupo una y otra vez.
Continuaron con “Loco por ti”, que no es sino la versión adaptada al cristiano de “Fool For Your Loving” (Whitesnake), la idea inicial con la que empezó a funcionar Mr. Rock. Nunca fueron de mi agrado las versiones a las que se les cambia el idioma de la letra, y apenas podía contenerme al cantar la canción en inglés mientras, eso sí, disfrutaba con el gran nivel instrumental con que el grupo tocaba el tema.
Tras un tema llamado “A cara de perro”, desconocido para mi (y para la mayoría de los asistentes), llegó una agradable sorpresa, con la intensa balada “Rescátame”, recuperada de aquel grupo llamado Atlas que formaron Manuel Manrique y Julio Dávila después de la desaparición de Sobredosis. Sin duda este tema, desconocido para casi todos los presentes (excepto para mi colega José, webmaster de nuestra web hermana NuestroRock80, que me chivó el detalle), merece la pena “rescatarle” definitivamente y quedarse fijo en su repertorio.
Tras él, otro tema inédito, que no nuevo: “Larga vida al Rey”, que gracias de nuevo al apunte de José, me enteré que pertenecía a la hornada de lo que iba a ser el tercer disco de Sobredosis, que nunca se llegó a grabar. Otro tema que nos causó buena impresión, y que nos recordó que Sobredosis fue un grupo que mereció mucho más.
Tras otro par de temas (“Revolución” y “Dulce o salvaje”), llegó uno de los momentos más álgidos del set de Mr.Rock, cuando el que fuera cantante de Sobredosis, Santi Alonso (Sasa), se unió al grupo para cantar junto a Julio el himno que todos recordamos: “Alíate”, que sonó realmente atronador. Sasa estuvo bien, aunque algo cohibido. Son muchos años fuera de los escenarios, y se le notaba agarrotado, aunque cumplió con la voz. La respuesta del público fue muy entusiasta, y es que es un tema de los que dejaron huella en su época.
Este entusiasmo lo llevaron hasta el final del concierto con “Esconde a tu mamá”, o lo que es lo mismo el mítico “Tie Your Mother Down” de Queen pasado al español. El tema quedó muy bien, cañero y contundente, aunque sigo pensando lo mismo de los temas cambiados de idioma.
Con este cover de Queen llegaron al final del concierto, pero las peticiones (sinceras) del público para que hicieran un tema más, y una rápida consulta a los responsables del evento del tiempo disponible, les hicieron añadir una propina que nos supo a gloria: “Radar Love” (Golden Earring), con mucho ímpetu tanto por parte del grupo como de los músicos, en especial Víctor Castellanos, muy bien con la batería toda la noche, y Nacho Ruiz, que demostró muy buenas maneras (algo que ya conocíamos de las veces que le hemos visto con Casablanca).
Mr. Rock nos dejó muy buena impresión. Un grupo a tener en cuenta, desde luego, y a los que merece la pena acercarse a ver si se tiene la oportunidad.

Atlas se tomó esta celebración del 22º Aniversario de “La Cabaña del Tío Rock” como la presentación oficial de su disco de debut. Ninguno de los escasos conciertos ofrecidos por la banda anteriormente cumplían los requerimientos necesarios para ello, bien por no haber editado aún el disco (caso de la presentación del grupo en la sala Caracol) o porque estaban incluidos en un cartel en los que no eran la cabeza visible (caso de los conciertos compartidos con Saxon o Saratoga, por ejemplo). Así las cosas, este día fue elegido como presentación en sociedad de su impresionante disco de debut, que tantas alabanzas (merecidas) ha recogido en todos los medios de comunicación, incluido The Sentinel.
En los minutos empleados para hacer los cambios necesarios en el backline se bajó un telón-pantalla, donde se dejó fija una proyección con una de las últimas fotos que se hicieron en vida Javier Gálvez, como demostración del homenaje que organización y grupos quisieron hacer en este día. La sala, abarrotada ya hasta los topes, aclamó las palabras de José Mota en su intervención recordando la figura de Gálvez.
La misma Intro con la que se abre el disco sirvió para que el grupo entrara en escena. La calidad, experiencia y solvencia de los músicos que componen Atlas está fuera de toda duda, y si a ello sumamos la ilusión renovada en este nuevo proyecto, después de años tocando en bandas ajenas, ha convertido a Atlas en el mejor grupo nacional que podemos ver en estos momentos. Así lo demostró en una salida en tromba con “Unidos”, donde estos veteranos músicos demostraron tener todo el empuje necesario para una banda de Hard Rock.
El concierto estaba siguiendo el mismo orden que el disco, ya que el segundo tema fue “Generación sin miedo a vivir”, confirmando los mejores augurios, ya que la banda se mostró siempre en un estado de forma óptimo. Desde el impresionante José Martos, con un poderío físico tremendo y compenetrándose a la perfección con Ángel Arias, quien toca con mucha más libertad que en sus tiempos en Barón Rojo, demostrando ser un instrumentista más que solvente. En el otro extremo del escenario, Manolo Arias tuvo una de las mejores actuaciones que le recuerdo (y ya van unas cuantas), y la cara de felicidad que tuvo en toda la actuación muestra que la ilusión con la que afronta este proyecto es la causa de su buen rendimiento.
Al frente, uno de los mejores descubrimientos del Rock nacional en los últimos años. Ignacio Prieto ha sido un semidesconocido hasta su inclusión en Atlas, ya que ni su efímera colaboración en los estertores de Niágara, ni su pertenencia a Eden Lost y Reina de Corazones le habían hecho ser demasiado conocido más allá de los círculos más cercanos. Pero con Atlas se ha destapado como un gran cantante y un excelente frontman. “Una nueva oportunidad” fue el siguiente tema, y en él Ignacio demostró sus buenas facultades, mejorando aún más las sensaciones que nos produce escuchándole en el disco.
Una complicada parte de bajo (a mi me recordó a los Talas de Billy Sheehan) fue el arranque de “Nosotros somos la revolución”, mostrando constantemente que la solvencia de estos músicos tienen mucho que decir en cada tema. Todo el disco va desgranándose paso a paso: “Condenado loco” y la alegre “Sin descanso hasta el amanecer” muestran que, además, Atlas cuida mucho los coros y segundas voces, en especial Ángel Arias, quien se ocupa de doblar la voz de Ignacio en las ocasiones en que los temas lo requieren.
“No necesito a nadie” contó con una segunda guitarra, en manos de Ignacio Prieto, quien es un guitarrista más que competente, además de bordar su interpretación vocal en un tema que quedó especialmente bien, apoyado en el brillante solo de Manolo Arias.
El momento tierno de la noche llegó con “Quien no ha sido un perdedor”, una bella balada que habla del desamor. Para ello, el grupo salió de escena para dejar únicamente a Ignacio Prieto, con guitarra acústica, y Manolo Arias con la eléctrica, dando el punto sentimental a la actuación.
Al término, una sorpresa. José Martos entra en escena y, en lugar de dirigirse a la batería, se queda en medio del escenario, saca una harmónica, y empieza a tocar un blues, siendo acompañado por el grupo, con solo de Ignacio Prieto, que aún tenía la guitarra colgada. De lujo. Cuando terminó, y mientras se dirigía a la batería, Manolo Arias soltó un “¡ya sabe hacer otra cosa!” muerto de risa.
Tras esta sorpresa, otra: “Goodbye Dusty Road”, rescatado de lo que fue el tercer disco de Niágara, llamado simplemente “III”. Hacía muchos años que no oía esta canción, y me trajo a la memoria aquel gran grupo que no llegó a alcanzar el estatus que por calidad merecía.
“Demasiado bueno para durar” fue el regreso a la actualidad. Este medio tiempo es un tema muy destacado del disco de Atlas, y su funcionamiento en directo es igualmente atractivo. Con las pilas cargadas, siguieron con “Siempre hasta el final”, comenzado con un solo de guitarra doble a cargo de Manolo Arias e Ignacio Prieto. La intensidad del tema fue creciendo, culminando con un final increíble.
“El Imperio de la ley”, con ese inicio calcado al viejo tema de Nightranger “Touch Of Madness”, fue de los momentos más aclamados del concierto. Si aún existieran los singles, esta canción habría sido claramente el tema elegido para ello. En el siglo XXI, se ha cambiado esta función por ser el primer tema que adelantaron en el MySpace. Y es que los tiempos cambian, pero los temas con este tirón siempre son necesarios en un disco. Atlas aprovechó el calado del tema entre el público para alargar la interpretación con un más extenso desarrollo instrumental, además de un intervalo para hacer cantar a los asistentes.
La acelerada “Adicto a la carretera” llevaba el concierto hacia el final, con el grupo pletórico de energía pese a la hora y media larga que llevaban sobre los hombros. Para terminar, al menos de forma teórica, Ignacio Prieto (muy simpático y dicharachero toda la noche) agradeció nuestra asistencia, y comentó que habían tocado todas las canciones del disco, pero que faltaba una. Y, en efecto, “2040” sirvió para llevar el concierto hasta el final. En ella no puedo dejar de reseñar la pletórica y contundente intervención de José Martos, realmente impresionante, amén del excelente solo de Manolo Arias.
El grupo se despidió, pero todos sabíamos que volvería. A pesar de lo avanzado de la hora, el estado de excitación que habían conseguido en el público merecía una propina en forma de bises, que resultaron ser sorprendentemente interesantes.
El primer tema elegido para ello fue el consabido “Nada que hablar”, recuperado del “Ultimasmentes” de Barón Rojo, cantado por Ángel Arias. Después de haber escuchado el precario estado vocal de Ángel en la entrevista que unos días antes le había hecho nuestro amigo y compañero Txema para “Concierto para ell@s”, nunca hubiera imaginado que Ángel pudiera cantar este tema en directo. Pero lo hizo, y con muy buenas maneras.
En este momento, Atlas invitó al escenario a un músico muy especial. El teclista Ricky Casteñeda. Hacía muchos años que yo no tenía oportunidad de verle, desde los tiempos de Niágara, y a fe que si me lo encuentro por la calle nunca hubiera sabido que es él. El pelo corto y canoso que lleva ahora le confieren una apariencia diametralmente diferente al recuerdo que yo tenía de él. Tras unos minutos para conectar el teclado, y con Ricky Castañeda listo para intervenir, se imponía tocar un par de temas de Niágara. Los elegidos fueron “I Will Be There”, el tema que presentó a Niágara en sociedad allá por los ’80, perteneciente a su disco debut “Now Or Never”, y “Backstage Girls”, de su segundo disco, del mismo título. Ambas canciones nos hicieron rememorar aquellos viejos y buenos tiempos a todos los que tuvimos la oportunidad de vivirlos.
Tras la despedida de Ricky Castañeda, y cuando yo creía que todo había acabado ya, Atlas fue capaz de sorprenderme por enésima vez, con un medley de temas sacados del baúl de Richie Blackmore, con retazos de “Long Live Rock & Roll” (Rainbow), “Black Night” (Deep Purple), “Space Truckin’” (Deep Purple), y “Since You’ve Been Gone” (Rainbow), este último tocado por completo. La solvencia de Atlas y este puñado de temas míticos nos dejaron un sentimiento imborrable, y fueron el perfecto punto y final para una actuación de más de dos horas, tras la que, por si había alguna duda, Atlas demostró que es el mejor grupo nacional que existe ahora mismo. Si la situación del Rock nacional fuera mínimamente justo, Atlas serían aclamados sin duda como la punta de lanza del Hard Rock en nuestro país. Pero todos sabemos cómo están las cosas, y debemos conformarnos con esporádicos conciertos en los que dejan pequeño a cualquier otro grupo que se mida con ellos.
Tras la despedida, José Mora volvió al escenario para agradecer a los grupos la participación en su fiesta de aniversario, así como al público que llenaba Ritmo & Compás, invitándonos a seguir la fiesta. Personalmente, después de 5 horas de pie disfrutando de la actuación de las bandas, decidí poner punto final, totalmente satisfecho con lo que viví esa noche inolvidable de Rock and Roll.
Texto y fotos: Shan Tee
