Editorial Octubre 2006: “Arte y Música”

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Hace ya quince años que murió Miles Davis. Menudo personaje, menudo músico estaba hecho. Era un trompetista excepcional pero no virtuoso, como sí eran Dizzy Gillespie o Charlie Parker, lo que le hacía más grande aún. Suplía su falta de virtuosismo, con la que estaba tremendamente obsesionado, con tesón, imaginación, obsesión, experimentación, egoísmo y, sobretodo, de rodearse de los mejores, sólo de músicos, eso sí, que Davis era muy suyo. Sabía quién debía estar a su lado para conseguir sacar lo mejor de él, exprimirlo a fondo, y vaya si lo conseguía. Igual que las drogas le absorbieron a él durante una etapa de su vida, él absorbió con innata y acertadísima puntería todo aquello que le rodeaba, la música, lo mejor de la música. Era un ladrón prodigioso, lo que vulgarmente llamamos: un artista, aquel que respira y bombea arte, aquel que de todo absorbe de manera asombrosa, para quedarse con lo que le interesa de forma completamente natural. Un buen músico pienso que tiene que ser un artista, no sólo aquellos que estudian Bellas Artes me merecen tal categoría. Y Davis lo era.

Para aquellos que dicen llamarse músicos, sirva el mini-homenaje al maestro como una especie de queja, llámalo berrido, de servidor, que está un pelo asqueado de la poca imaginación que se le echa últimamente a la música, y especialmente y con más conocimiento de causa, en el mundo rockeril. Tenemos tropocientos estilos/etiquetas ya establecidos y de ahí no salimos, que si Metal Melódico, quinientos grupos tocando todos el mismo tema, los mismos discos, las mismas ropas, las mismas voces, eso sí, con arreglos, que Mengano le pone la voz “como más de ultratumba”; que si el Metal Gótico (melódico, claro), todos a hacerse con una chica, a poder ser, jamona y con talento para la Zarzuela; que si el Rock Garaje, pues eso, vamos todos a hacer el capullo y divertirnos rockeándole al viento; que si yo soy Heavy, yo soy Gótico, yo soy Punky, yo soy Gore, yo soy todo, menos músico. Porque el músico crea, roba y crea, añade y crea, quita y crea. No se estanca en un estilo, es músico. Tú crea, ya te pondremos las etiquetas nosotros, no me seas tan gilipollas de cerrarte las puertas tú mismo, porque te jodes tú y nos jodes a nosotros, los afamados degustadores de arte. Me jodes a mí, capicci?

Que no es para tanto, es cierto, que la música es para divertirse y tal, que tampoco es imprescindible tener que innovar para ser un buen músico, que ni siquiera hace falta ser un buen músico para hacer buena música, cierto, que sí, pero de verdad, que se echa en falta un poco de arte, faltan artistas. Afortunadamente todavía los hay, pero qué pocos son, tú.

Por la parte que nos toca, pues a seguir disfrutando de lo que hay, que hay mucho y variado, aunque como intento expresar, estancado. Aquí seguiremos contando lo que nos parecen según qué discos, según qué grupos, según qué conciertos, libros, y lo que se nos pase por la cabeza. Como ya viene siendo habitual dedicaremos un especial a aquellos que pensamos lo merecen y os daremos a conocer los puntos de vista de los músicos gracias a las entrevistas que están en el horno. Esperamos que os guste.

Didac Bello «Crucificado»